martes, 21 de julio de 2015

El Gobernador Bernabé Aráoz y la invasión de los caudillos de Santiago del Estero y Salta


 
D. Bernabé Aráoz
Es sabido que la "República de Tucumán" instalada por el coronel mayor Bernabé Aráoz (como consecuencia de la disgregación de las antiguas provincias del virreynato en 1821), se vio jaqueada desde el vamos por grandes problemas, tanto internos como externos. El principal de estos últimos fue la inquina de dos caudillos vecinos: Martín Miguel de Güemes, de Salta, y Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero. El santiagueño buscaba independizar su provincia de Tucumán para gobernarla a su manera, libre de ataduras legales. El salteño por su parte pretendía que Tucumán volviera a la órbita de su jurisdicción, pues la caja del Cabildo tucumano había dado, antes de 1814, jugosos dividendos a la Intendencia de Salta. El comercio tucumano, aunque muy menguado por las guerras era de gran atractivo para cualquier gobernante. Güemes acusaba a Bernabé Aráoz de no entregarle mayor ayuda financiera para la guerra que llevaba en la frontera, mientras que el tucumano contestaba que el comercio de su ciudad estaba en la más completa ruina en virtud de los gastos enormes que la guerra le ocasionaba. El mantenimiento del Ejército de Norte había desbastado la frágil economía tucumana, muy menguada por la imposibilidad de comerciar con el alto Perú. Cada tucumano había contribuido de diferentes maneras y los “empréstitos forzosos” habían empobrecido el giro comercial, por ende la recaudación había caído a límites impensados.

Quisiera hacer un alto en éste tema: nótese que el comercio salteño no sufrió la exacción brutal que toleraron los tucumanos. Aquellos “empréstitos” para el sostenimiento de la guerra eran absolutamente confiscatorios y los titulares de aquellos créditos sabían muy bien que nunca podría cobrar sus acreencias. Ilustrativo acerca de la actitud oficial hacia sus acreedores resulta un episodio de 1815. Cuando el comerciante gallego don Manuel Posse solicita ese año al gobernador que le devuelvan 3.000 pesos facilitados en “préstamo” al gobierno, el ministro fiscal, don Cayetano Aráoz indignado dictamina:"...Escandaliza, Sr. Gobernador, que un individuo de la clase enemiga de nuestro sistema, al sexto(sic) año de la libertad de América, ataque impunemente sus derechos". Sostenía que Posse era "el más rico de esta capital" y que intentaba cobrar fondos que "no le hacen falta para vivir opulentamente". En realidad, opinaba que “los debía simplemente donar”.
Pero ello no terminaba de convencer al salteño quién pedía más y más una ayuda que Tucumán realmente no podía brindar.

En ese clima de tensión permanente, Ibarra pactó con Güemes un entendimiento para quitarse de encima al molesto e independiente Aráoz, lo que propició el rompimiento diplomático de ambas provincias con Tucumán.

Lo cierto es que la elección de delegados al Congreso convocado por Bustos fue utilizada como excusa por Ibarra, lo que desató un conflicto institucional que terminó con la declaración de autonomía santiagueña (27 de abril) y la llegada de Juan Felipe Ibarra al gobierno, que desempeñará por 31 años desde entonces.

En el conflicto estaba claro que en el Norte convivían tres caudillos fuertes que pugnaban cada uno por sus intereses locales y personales; la guerra se avecinaba, inexorable.



En 1821 finalmente se produjo el rompimiento de hostilidades. Aráoz quería lógicamente reincorporar a Santiago. Una fuerza punitiva ingresó a la vecina provincia a efectos de castigar la ofensa, pero Juan Felipe Ibarra los sorprendió ocasionándoles una amarga derrota en “Los Palmares”. Antes, el santiagueño había pedido auxilio a Martín Miguel de Güemes, quien esperaba una excusa para romper con Aráoz. La “invasión” de los tucumanos justificó la declaración de guerra contra Tucumán.

D. Juan Felipe Ibarra
A esas alturas claramente ya no importaba el resultado de Los Palmares: Güemes en combinación de fuerzas con Ibarra invadieron con un importante ejército el territorio tucumano. Los de Ibarra ingresaron por Burruyacu y se unieron a los salteños que los esperaban al límite norte cerca de la localidad de Trancas.



Un tucumano -y futuro gobernador-, Alejandro Heredia, mandaba la liga de salteños y santiagueños, mientras Abraham González conducía las fuerzas de Tucumán. Estas formaron con la caballería en los flancos (al mando de Carlos María Garretón y Javier López); al centro la infantería (mandada por Cornelio Olivencia, Celedonio Escalada y Juan Pablo Lagos). De la artillería era responsable Manuel Torrens. Mandaba la vanguardia Eduardo Arias y la retaguardia el coronel Gerónimo Zelarayán.
Luego de varios intentos de arreglo, las fuerzas en conflicto chocaron en El Rincón de Marlopa, el 3 de abril de 1821.

La "República de Tucumán" triunfó en el encuentro. Salteños y santiagueños se batieron en retirada, "dejando por trofeos -dice el parte- toda su tropa de infantería y oficialidad prisionera, y otros pasados, hasta el número de 400 cazadores de todos cuerpos, 300 de caballería de línea, 50 oficiales". El campo quedó "cubierto de cadáveres, teñido con su misma sangre, y mi corazón enlutado al frente de esta catástrofe", expresaba González en su minucioso informe sobre la acción, que se editó en hoja suelta.

D. Martín Miguel de Güemes
Un testigo de esos hechos fue el neoyorquino Anthony King, quién llegó a la ciudad en 1821 justo cuando el gobernador Bernabé Aráoz se preparaba para enfrentarse en combate con el gobernador salteño Martín Miguel de Güemes. Según el relato, el tucumano había fortificado el edificio de La Ciudadela, pero era preciso también prevenirse contra un saqueo, ya que el salteño se proponía dejar libres a sus tropas (tras el triunfo que descontaba) para que tomaran su botín. Así, “todo hombre y todo muchacho que podía sostener un fusil fue inmediatamente armado; cada casa llegó a ser una fortaleza y hasta los tejados de las casas se dispusieron de una manera que las mujeres pudiesen tirar piedras y otros objetos pesados sobre las cabezas de los enemigos”. En cada puerta había barricadas “y un terrible silencio, interrumpido sólo por el tránsito de las patrullas, se apoderó de toda la ciudad”. El propio King dice haber tomado su lugar en la casa de Aráoz (actual calle Congreso primera cuadra, junto al Museo Histórico Provincial), ya que el gobernador se hallaba con las tropas. El americano fue encomendado por Aráoz para proteger a su familia. Junto con miembros de ésta subió al tejado. Desde allí divisaron a Güemes que llegaba con su ejército, “seguido de un convoy como de 300 carros destinados para el transporte del botín”. Sabemos por los documentos que era el día 3 de abril de 1821 y que el combate comenzó a eso de las 4 de la tarde en la Ciudadela. En la versión de King (que difiere del parte militar) la guarnición del fuerte resultó arrasada “al primer esfuerzo”, y las fuerzas salteñas entraron a l ciudad. En las calles, tropa y milicias pasaron entonces tratar de disputarles el terreno palmo a palmo. Pronto comenzaron los degüellos y el saqueo de los domicilios. “Fue entonces cuando el gobernador Aráoz, con vigoroso esfuerzo, reunió a la dispersa soldadesca y cayó desesperadamente sobre el cuerpo principal del ejército de Güemes, sacándolo de su posición”. Esto, unido a las aclamaciones del vecindario cuyas mujeres agitaban pañuelo, dio nuevo entusiasmo las milicias, que no perdieron su ventaja hasta que arrojaron al enemigo de la ciudad y persiguieron al resto de su ejército hasta su misma provincia”. (“Veinticuatro años en la República Argentina”. J. Anthony King.”La Cultura Argentina” Bs. As. 1921).-

Como era de esperar, el bravo salteño Martín Miguel de Güemes buscó el desquite y volvió a entrar en territorio tucumano al mes siguiente; pero otra vez fue batido dos veces: en Trancas y en Acequiones. Se replegó entonces a Salta, donde semanas después fue sorprendido por un tiro nocturno que lo alcanzó en la parte baja de la espalda…murió a consecuencia de la gangrena días más tarde.


Autor: José María Posse

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