martes, 2 de diciembre de 2014

La Actividad Azucarera en Tucumán

Hacia mediados de la década de 1850, pocas innovaciones se hicieron al rudimentario método industrial inaugurado por Colombres. De a poco la madera de los trapiches empezó a ser reemplazada por hierro. El primer ingenio que tuvo esta innovación fue La Reducción en Lules.


Pero algunos ya comenzaban a alucinar con las innovaciones que venían de Europa en esas tardías gacetillas que llegaban meses o años atrasadas. En ellas los tucumanos se enteraban de la Revolución Industrial y del milagro de las máquinas a vapor que transformaban al mundo. 



Por entonces el proceso industrial se circunscribía a lo siguiente: Se transportaba la caña en carretas tiradas por bueyes, desde la finca de cultivo, hasta la fábrica donde se deshojaba y pasaba por un trapiche, accionado por una enorme rueda hidráulica. La mezcla caía en una cuba, y de allí era trasladada, por una operación de bombeo, a unas tinas o tanques y pasaba luego por unos tubos que la depositaban en una caldera donde era reducida por cocción. La madera se utilizaba como combustible.



Anteriormente se blanqueaba o clarificaba el azúcar en tinajas de barro en forma cónica perforadas en la base, sobre la cual se colocaba una delgada capa de paja. Estas tinajas se llenaban casi hasta arriba, en el espacio restante había barro, luego se las colocaba en posición vertical para que la mezcla cayera a través de la perforación. La operación podía durar entre sesenta y ochenta días, hasta que se secaba la capa de barro y se obtenía un azúcar lo bastante seco y blando como para su comercialización.



Este sistema requería un espacio bastante grande destinado a viviendas y aparatos, y un capital considerable que permitiera al fabricante esperar a la terminación del proceso y la venta del producto.
Por entonces, década de 1860, existían una veintena de fábricas entre las que podemos destacar el Ingenio Mercedes de Miguel Padilla, el San Pablo de Nougués, el Lastenia de los hermanos Etchecopar, el Cruz Alta de Don Fidel García, El Trinidad de los Hermanos Méndez, el San Juan de Juan Posse, el Paraíso de Vicente García, el San José de Justiniano Frías, el San Felipe de Felipe Posse, el Luján de los hermanos Gallo y por supuesto, los dos más grandes: el Concepción de Juan Manuel y Juan Crisóstomo Méndez y el Esperanza de Wenceslao Posse.


En la búsqueda por modernizar la industria, se destaca la figura del tucumano Baltasar Aguirre, propietario de una pequeña chancaquería en la zona de Floresta. Este hombre osado, interesó al presidente Urquiza para realizar una fuerte inversión y logró traer una primitiva máquina a vapor. Sin embargo la experiencia no funcionó y sólo pudo fabricar una pequeña cantidad de producto. De esa manera cundió el desánimo en los pequeños industriales artesanos; pero entre todos ellos, hubo quién pudo llevar a buen término la experiencia en la que había fracasado Aguirre.

En la foto, don Vicente Posse Tejerina, el fundador del Ingenio La Reducción, el primero en introducir el trapiche hidráulico.

Autor: José María Posse

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