sábado, 24 de septiembre de 2016

La Batalla Imposible

A mediodía del 24 de septiembre, día de la Patrona de Tucumán: La Virgen de la Merced, los patriotas esperaron en formación en las puertas mismas de la ciudad el ingreso del Ejército del Rey.
El Campo de las Carreras era un sector despejado hacia el oeste de San Miguel, de unos cuatrocientos metros de largo, por unos treinta de ancho. Allí se corrían carreras cuadreras, la gran diversión de los tucumanos de entonces. Hacia el suroeste, estaba la Cancha de las Carreras, que era un descampado aún mayor. Allí fue donde las acciones se hicieron más cruentas . Lo rodeaban espesos bosques de árboles y arbustos, flora típica de la zona que impedían la visión, lo que fue aprovechado por Belgrano para esconder el grueso de su caballería gaucha.

Virgen de la Merced
Mientras, la infantería Patria se encolumnaba en perfecta formación con las baterías del Barón Von Holmberg que había construido su prestigio en Europa, secundado por un jovencito José María Paz, que dejó en sus Memorias un excelente relato de la batalla, por ser testigo y partícipe de los hechos.

Gral. Manuel Belgrano
Los otros capitanes del ejército patriota eran muchachos jóvenes. Valerosos como voluntariosos, por ahora rescato entre tantos los nombres de los tucumanos: Alejandro y Felipe Heredia, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Diego Aráoz y un hijo de tucumana (también de sangre de los Aráoz) Eustaquio Díaz Vélez.

Ese grupo heterogéneo vio ingresar en la mañana una compacta columna de soldados, seguramente polvorientos, pero en perfecta sincronía con el deber ser de una tropa en marcha. Con los cañones aún sobre las mulas y las armas descargadas, fueron virtualmente sorprendidos en un callejón de tiro al blanco por los patriotas.
Tiempo de Morir

De reacción rápida, Belgrano decidido a aprovechar el factor sorpresa, ordenó al ala derecha de su caballería (compuesta por más de cuatrocientos hombres de los “Decididos” de Tucumán), y de Dragones comandada por Balcarce, atacar de inmediato.

La atropellada de los gauchos, quienes salían sorpresivamente por imperceptibles senderos del monte circundante dando de alaridos y haciendo sonar los guardamontes, fue mortal. El ímpetu de la carga puso en fuga la caballería de Tarija y desbarató la de Arequipa, que custodiaba los bagajes. Batallones enteros se perdieron en la confusión, siendo lanceados sin piedad por esa turba enloquecida que penetró hasta las cercanías mismas del Estado Mayor de Pío Tristán.

Los realistas huyeron dejando atrás una enorme cantidad de bastimentos, cañones, armas y municiones. Incluso el tesoro del ejército y hasta el coche personal del general.

Crnl. Bernabé Aráoz
De inmediato los milicianos gauchos se obstinaron a saquear metódicamente todo lo que pudieron, por lo cual esta tropa terminó perdiéndose para el resto de la acción, aunque desde los montes cercanos se dedicaron a cazar todo grupo disperso de realistas, como lo relata José María Paz en su mencionado libro .
Mientras, avanzaban disparando los cuadros de infantería de Belgrano, a tiempo que el barón de Holmberg hacía tronar los cañones. Unida esta acción a la eficacia de la artillería derecha y a la de la infantería de Carlos Forest, habían logrado desarmar y hacer retirar a toda el ala izquierda enemiga, en total desorden hacia el puente de El Manantial.

En el centro, las cosas también se mostraban felices en un primer momento para los patriotas. El único peligro estaba en que parte de la infantería realista, al avanzar resueltamente, puso en apuros a Ignacio Warnes, quién capitaneaba las milicias de infantes, pero pronto la reserva, a cargo del intrépido Manuel Dorrego, acudió en su auxilio. La hueste de Tristán comenzó entonces a ceder terreno, desamparada como estaba por la derrota de la caballería del ala derecha.

Impensadamente, aquella columna que el general Pío Tristán había desprendido para bloquear por el sur, volvió para participar en el combate: cómodamente desplegada, acudió en apoyo del ala izquierda realista, que había logrado desorganizar a la caballería patriota de José Bernaldes Palledo, que tenía a su frente.

No debemos olvidar que los partidarios del rey eran profesionales y con los refuerzos, pronto rearmaron sus cuadros, quienes acudían al toque de los clarines y a la voz de mando de sus jefes, en formación a cada regimiento al que pertenecían. La sorpresa había pasado. La hora de la verdad se acercaba, ya que sincronizadamente comenzaron a encolumnarse en una formación conocida como “martillo” para rodear y neutralizar la infantería patriota.

El ímpetu inicial se paró en seco y las tropas de Belgrano, -comenzando por los bisoños-, retrocedieron desordenadamente en medio de aquel escenario humeante, regado por la sangre de griegos y troyanos.


Esto creó un desbande general, lo que motivó que Belgrano, poniendo en riesgo de su vida se corriera él mismo para tratar de reordenar el caos circundante, lo que en parte consiguió. Desde la derecha, galopó hacia esa crítica izquierda para mandar que cargaran, pero cuando llegó, los soldados ya estaban en tumultuosa retirada. No pudo contenerlos y el ímpetu arrastró al general hacia el sur, sacándolo del campo de batalla, la que creyó perdida.

Autor : José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". 2012

Historiador afirma que Perú "no fue una colonia sino un reino más en el imperio español"

Rafael Sánchez, docente e historiador de la universidad Católica de San Pablo, realiza afirmación referente a la historia peruana.



 "Perú no fue una colonia, sino un reino más dentro del imperio Español", afirmó el historiador Rafael Sánchez - Concha, docente de la  maestría en Historia de la Universidad Católica San Pablo.

Añade además que nuestro país era "prácticamente la mitad del imperio español y tenía un papel sumamente protagónico por ser abastecedor de minerales, como la plata que se extraía de Potosí, Huancavelica y Hualgayoc". 

Las declaraciones de la ponencia del historiador fueron recogidas por la web de la universidad. Asimismo, Sánchez-Concha habla también de la población indígena en la época virreynal y afirma que sí tuvieron protección pese a que algunos recibieron abusos. 

"No se puede tapar el sol con un dedo, es cierto que hubo excesos, pero a diferencia de lo ocurrido en el poblamiento de la América del Norte por parte de los ingleses, los conquistadores españoles integraron a los nativos a su sistema social, político y religioso, a través de la evangelización y la hispanización. No hubo un plan de exterminio sistemático como en Norteamérica, por eso tampoco se puede decir que el Perú fue una colonia", comentó.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Simón Bolívar habría tenido un hijo en Bolivia

El Libertador Simón Bolívar, de quien no se conoce oficialmente descendencia, habría tenido un hijo en Bolivia con una ciudadana española establecida en la ciudad de Potosí, según documentos que datan del siglo XIX divulgados en una investigación.


Se trata de una partida matrimonial del 5 de octubre de 1895, que se encuentra en la parroquia del pequeño poblado de Caiza, cercano a la ciudad andina de Potosí, al suroeste de Bolivia. En ella, Bolívar es mencionado, con nombre y apellido, como padre del novio.

El documento identifica al contrayente, José Costas, como “hijo natural de María Juaquina Costas y del finado señor Simón Bolívar, españoles de Potosí”, relató el periodista Juan José Toro, que accedió a copias del documento en poder de los descendientes de Costas.

Pese a que Bolívar era natural de Caracas, Toro detalla que en aquella época, a todos los ciudadanos de tez blanca se les denominaba españoles. Por ello se consignó así en el documento.

“A Simón Bolívar se le atribuyen 41 amantes conocidas y 29 hijos, aproximadamente, de todas esas versiones las más reconocidas son de unos cinco hijos, pero ningún caso documentado, y éste sería el primer caso documentado”, señaló.

El documento, que estuvo guardado durante más de un siglo y del cual recién se permitió una copia fotográfica a la descendencia, “demostraría que legalmente Simón Bolívar tuvo un hijo en Potosí que se llamó José Costas, porque eso dicen los documentos”.

“El obispo de Potosí autorizó a la parroquia de Caiza acceder a una copia, sé que la familia está elaborado un libro”, relató Toro, quien confirmó que él también prepara una novela sobre el libertador y que a lo largo de la recopilación de datos halló esa versión.

Toro explicó que, durante más de un siglo, varios historiadores manejaron la versión de la existencia de un hijo con la señora Costas, pero que recién se pudo obtener una prueba fotográfica del documento original.

Mencionó que en 1905 el escritor Lucas Jaimes publicó un libro de anécdotas y tradiciones de Potosí, relatando el amorío. Otro historiador, Luis Subieta, dijo en 1925 haber accedido a la partida matrimonial y el periodista e historiador Wilson Mendieta Pacheco reflotó el hecho en 1975, cuando entrevistó a Elías Costas, un bisnieto de José Costas de 81 años.

“Simón Bolívar llegó a la ciudad de Potosí en octubre de 1825, después de la fundación de Bolivia, y acá conoce a María Joaquina Costas”, precisó.

Fuente: elnuevoherald

jueves, 22 de septiembre de 2016

¿Fue Roca el malo de la película de la historia argentina?

Dos veces presidente constitucional, fue uno de los protagonistas principales de la generación que edificó el Estado argentino y consolidó nuestras fronteras. ¿Genocida o estadista? En todo caso, mucho más que una cara en el billete de 100 pesos.


"Hace poco más de un siglo, el 12 de octubre de 1904, el general Roca entregó al doctor Manuel Quintana los atributos de la presidencia de la República. Había cumplido su segundo mandato, pero su influencia política desde 1880 había transformado el país. La Argentina era una potencia respetada. El general Mitre, ya anciano y verdadero patriarca de la argentinidad, fue a su casa ese mismo día para felicitarlo por su gestión: 'Ha cumplido', le dijo parcamente, porque el juramento de su asunción, en 1898 lo había hecho ante Mitre." (Juan José Cresto, presidente de la Academia Nacional de Historia, 2004)

Puede decirse que el malo de la película, en la Historia Argentina, hoy es Julio Roca. Por el momento, se le han concedido unas merecidas vacaciones a Don Juan Manuel de Rosas, que en sus tiempos realizó, junto a Facundo Quiroga y el fraile José Félix Aldao, una expedición punitiva a los indios pampas y ranqueles (1833), y ahora está de turno Julio Roca, también perseguidor de indios indefensos, a la vez que  aliado del Imperio Británico. Lo mismo que Rosas, quien tras su caída en Caseros vivió como "farmer" durante veinticinco años en Swaythling, cerca de Southampton y de su admirado Lord Palmerston, ex canciller inglés.

Algunos críticos de Roca, sus contemporáneos (1879-1880), exclamaron: "¡El general Roca ha descubierto que en la Patagonia no hay Indios!"(Sarmiento) o señalaron que la expedición al Río Negro había sido un mero paseo  en calesa, en el que no se registraron combates ni escaramuzas, ni siquiera una discusión acalorada. Nada. Un desfile de mascaritas. Algún autor ha señalado que, durante la campaña, Roca montó a caballo cuatro veces en total, una para la foto. Nos cuesta comprender cómo un hombre tan insignificante, del que no se sabe si fue guerrero feroz o farolero impar, logró figurar en el billete de 100 pesos y en miles de calles, avenidas, pueblos, ciudades y monumentos de la República Argentina. Y, a la vez, hacerse de la negra fama de genocida que hoy rodea al general tucumano.

Vale apuntar que, en 1810, año del inicio del proceso de independencia de Argentina y de muchas otras naciones, había comenzado ya lo que se conoce como "araucanización de la pampa". Grandes poblaciones aborígenes chilenas, perseguidas por haber apoyado a los españoles en la guerra de la emancipación, o bien buscando un espacio más amplio para su desempeño económico, basado en la caza y la recolección, cruzaron los Andes buscando en las llanuras de la falda oriental sus presas de caza (el venado, el guanaco, el peludo, la vizcacha, la misma yegua) y disputaron estos territorios a los pampas argentinos y a los propios cristianos, que instalaban sus estancias fronterizas y desarrollaban sus sangrientas vaquerías. Los araucanos, raza militar de fuerte carácter, dotada de un lenguaje práctico, dominaron paulatinamente a las indiadas argentinas (tehuelches, querandíes y puelches) cuyas lenguas se consideran hoy desaparecidas. En el crisol de las llanuras y serranías se formaron nuevas agrupaciones, habitualmente con predominio araucano (la palabra "mapuche" empezó a usarse mucho más tarde) y potenciadas por nuevos recursos, todos provenientes de la conquista española: el caballo, la vaca, la oveja, el hierro (la moharra metálica, el cuchillo) más tarde el rémington.

Conviene recordar que la Campaña al Desierto le valió a Roca un enorme prestigio en el campo argentino entre 1879 y 1880, gracias al cual llegó con facilidad a la presidencia de la nación. La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones indios. El problema de las indiadas se había acentuado desde 1820 en adelante: las ciudades cristianas (Buenos Aires, Córdoba, Salta, Carmen de Patagones) eran islas en medio de un mar de lanzas. Tras la muerte del ministro de guerra Adolfo Alsina, en 1877, Roca se presentó ante el Senado de la Nación y expuso su plan de batalla con gran simpleza: "Necesito un año para planearlo y otro para realizarlo, dos años en total, a cuyo término los indios habrán sido absorbidos y asimilados por la civilización, pero para ello es necesario salir de la actitud defensiva de Alsina e ir a buscarlos a sus tolderías, hasta someterlos".

Conviene recordar algunos hechos, aunque sea investigándolos en Google, para no aburrirnos con largos libros. ¿Por qué pensar hoy en Roca? Porque en 2014 se cumplieron 130 años de la sanción de la Ley 1420 (conocida como de enseñanza laica, gratuita y obligatoria) y el primer centenario de la muerte de Roca, al que nosotros consideramos, modestamente, el gran estadista de nuestra historia.

Pero la fecha no obtuvo el recuerdo que se merecía. Efectivamente, fue Roca quien promulgó la gran ley de enseñanza laica, junto a su ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Eduardo Wilde. Domingo F. Sarmiento militó, por así decirlo, como fogoso propagandista de la enseñanza pública. Algunos números: al comenzar el primer mandato de Roca, había 1214 escuelas públicas. Seis años después eran 1804. Las escuelas normales, en las que se formaban los maestros, pasaron de 10 a 17. Los alumnos, de 86.927 a 180.768. Docentes: de 1.915 a 5.348 en seis años. Con fuerte influencia de Sarmiento, en su segundo mandato propone un sesgo laboral en los estudios, al modo estadounidense: se crean escuelas de Artes y Oficios, de Agronomía y Veterinaria, de Ingenieros en Minería para San Juan, de Agricultura vinícola en Mendoza.

Roca fue el único presidente argentino que cumplió dos mandatos constitucionales (1880-1886 y 1898-1904) con doce años de intermedio. No intentó amañar la reelección mediante cadenas de amigos y socios para perdurar indefinidamente en el poder y los negocios.

Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales: la ciudad de Buenos Aires queda federalizada y las rentas de la Aduana del Puerto (que eran el principal ingreso de aquel tiempo) se convierten en propiedad nacional, terminando así un conflicto de 70 años entre Capital e Interior.

Roca defendió el orden constitucional, incluso con las armas, pero buscando siempre la pacificación y la amnistía.

Roca reconoció lo obvio: la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y superaría por largos años a los Estados Unidos, España, Francia y Rusia. Se considera que el Reino Unido empezó a perder su preeminencia recién al fin de la Primera Guerra Mundial, con la construcción del Canal de Panamá. Esta novedad dejó fuera de juego a Buenos Aires, aliada de Gran Bretaña, como puerto de paso obligado en el cruce del Atlántico al Pacífico y viceversa. Los Estados Unidos se adueñaron de los mares.

En el inolvidable 1880, Roca impulsó una útil asociación comercial con Londres, con una visión realista muy similar a la de Rosas en su tiempo. Por otra parte, el gobierno inglés había sido un discreto pero eficaz aliado de la Argentina, sobre todo desde enero de 1825, cuando Jorge IV reconoció nuestra independencia. El crecimiento logrado por el país en tiempos de Roca sólo puede compararse con el que hoy ostentan los Tigres asiáticos o la propia China.

Obra de Roca: a partir de 1881, no se discutieron ya territorios con Chile, sino sólo líneas divisorias. Cabe recordar que habíamos librado una guerra con el Brasil, cincuenta años antes de Roca: éste promueve un acercamiento que diluye los conflictos.

En su segunda presidencia, Roca crea el servicio militar obligatorio, para unir en la civilización a todos los jóvenes, criollos, indios y gringos, pues estos últimos empezaban a llegar. En este período se incorpora al Congreso el primer diputado socialista de América, don Alfredo Palacios.

Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional: ocupar la Patagonia hasta la Tierra del Fuego anulando de raíz cualquier reclamo territorial de Chile, integrar el país mediante una red ferroviaria -hoy destartalada-, resolver todo conflicto de límites y modernizar a la Nación para insertarla en el mundo.

El ex ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, presenta al Congreso el primer Código de Trabajo, muchas  de cuyas iniciativas serían plasmadas recién en la década de 1940 por el General Perón. Lo mismo puede decirse de las políticas de protección  industrial que Roca esbozó, y continuó su antiguo aliado, el presidente Carlos Pellegrini.

Una aclaración: todos los hombres de la Generación del 80, que convierten a la Argentina en la décima potencia mundial, quinta exportadora del globo y más alfabetizada que la mayoría de las naciones de Europa, fueron aliados y adversarios en distintos tiempos. Esto incluye al propio Roca,  y a Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina, Pellegrini.

Sobre la derrota militar y cultural de los indios araucanos, cabe señalar que la debacle había comenzado en tiempos de la Zanja de Alsina. Este foso, que cruzaba la provincia de Buenos Aires, dificultaba los grandes malones ya en 1877, y en especial trababa la retirada de los indios con su inmenso arreo de cautivas, caballos, ovejas y sobre todo ganado vacuno. La carne de yegua era el alimento favorito para la gente de las tolderías, mientras que las vacas (robadas por cientos de miles) permitían un fabuloso comercio de carnes en Chile, cruzando la cordillera tras una prudente invernada en Neuquén o en Choele-Choel. Volviendo a la zanja: en ella los malones se atascaban, pugnando por arrear océanos de cabezas de ganado. Esto daba tiempo a las tropas argentinas para alcanzarlos y sablearlos, recuperando lo robado. En tiempos de la Zanja de Alsina, diseñada por el ingeniero francés Alfred Ebelot (autor de Adolfo Alsina y la Ocupación del Desierto), los indios tuvieron que desplazarse hacia el sur y el oeste. Los productores agrarios ganaron vastas extensiones.

La Zanja de Alsina fue un primer obstáculo al malón y al robo de ganado
Ya se había librado, el 8 de marzo de 1872, la batalla de San Carlos (hoy Bolívar) donde el Ggeneral Ignacio Rivas vence al chileno Calfucurá, considerado el Napoleón de las Pampas, que muere al año siguiente: 4 de junio de 1873, en Chilihué. El nombre de este asentamiento significa "Pequeño Chile" y recordaba la querencia originaria de Piedra Azul y su gente. Durante aquel combate se movilizaron 3.600 lanceros argentinos y chilenos encabezados por Calfucurá, Reuquecurá, Mariano Rosas, Catricurá y Pincén. La muy cuestionada zanja, de 300 kilómetros, cavada en 1877 (aún se hallan algunos tramos en nuestro campo) dificultó los malones y, a la larga, generó escasez y hambruna en las tolderías.

Pampas y araucanos consideraban que la riqueza y los alimentos debían adquirirse virilmente, mediante la guerra y el pillaje, despreciando todo trabajo "de a pie", por ejemplo, la siembra. En San Carlos chocaron 3.600 lanceros indios contra otros tantos soldados argentinos, reforzados por la indiada amiga de Catriel. En aquel entonces comenzaba a manifestarse claramente, entre los indios, la separación de  argentinos  y chilenos. Se disolvía la gran Confederación Indígena de Salinas Grandes encabezada por Calfucurá, con perfiles de auténtico imperio, de allí que Piedra (Curá) Azul (Calfú) fuera conocido como el Napoleón de las Pampas.

En fin, no cabe duda de que aquello fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables. No se trata de exculpar a Roca por una matanza. Más bien, la victoria fue el tramo final de una guerra de 300 años,  facilitada  por el hecho de que los indios se encontraban ya  desmoralizados… y con hambre. Enfrentaron al Ejército Argentino en un combate frontal, que no era su fuerte. Fueron derrotados y comenzó su declinación. Puede decirse que, cuando Roca realizó su famosa expedición al Río Negro, ya los encontró dispersos.

Roca tuvo un lema: "Paz y Administración".  Válido para todos los tiempos, incluso el actual.


El autor es vicepresidente del Instituto de Estudios Históricos Julio Roca, que preside el Dr. Rosendo Fraga

Fuente:  Rolando Hanglin para Infobae.com

miércoles, 21 de septiembre de 2016

21 de setiembre de 1865 - Carta del Subteniente Grandioli a su madre



Cleto Mariano Grandoli era el Abanderado del 1er. Batallón de Sante Fe.
El día anterior a la Batalla de Curupaytí, durante la Guerra del Paraguay, del 22 de setiembre de 1865, escribe a su madre la siguiente carta:

"...El argentino de honor debe dejar de existir antes de ver humillada la bandera de la Patria. Yo no dudo que la vida militar es penosa, pero, ¿qué importa si uno padece defendiendo los derechos y la honra de su país? Mañana seremos diezmados, pero yo he de saber morir defendiendo la bandera que me dieron...".

Cleto morirá al día siguiente llevando la bandera que se le había encomendado. Luego de terminada la batalla, dicha bandera pudo ser recuperada. Estaba atravesada por catorce balazos, manchada con la sangre del glorioso Grandoli.
Su cuerpo no pudo ser recuperado y quedó para siempre frente a las trincheras paraguayas junto al de otros cientos de argentinos.
Hoy hace ciento cincuenta años que el Subteniente Cleto Mariano Grandoli escribía esa carta de despedida a su madre...
Cleto tenía 17 años.

Fuente: Granaderos Bicentenario

martes, 20 de septiembre de 2016

Polémica por genocidio: Aseguran que los mapuches exterminaron a los tehuelches

“Roca no enca­bezó una cam­paña pri­vada en 1879. Fue como coman­dante en jefe del Ejér­cito Nacio­nal a cum­plir la misión que Ave­lla­neda, pre­si­dente de la Nación Argen­tina, ele­gido por el pue­blo, le había asig­nado. Y esa cam­paña estuvo des­ti­nada a inte­grar, a incor­po­rar de hecho a la geo­gra­fía argen­tina prác­ti­ca­mente la mitad de los terri­to­rios his­tó­ri­ca­mente nues­tros y que esta­ban bajo el poder tirá­nico del malón arau­cano, cuyos fru­tos más nota­bles eran el robo de ganado, de muje­res y la pro­vo­ca­ción de incendios.



Los arau­ca­nos, hoy deno­mi­na­dos mapu­ches, lle­ga­ron a la Argen­tina allá por 1830, cuando la Nación Argen­tina era ya inde­pen­diente y sobe­rana. Por lo tanto, fue­ron inva­so­res. El pri­mer grupo de inva­so­res los cons­ti­tu­ye­ron apro­xi­ma­da­mente unos 100 indí­ge­nas capi­ta­nea­dos por Yan­que­truz. Se afin­ca­ron en Neu­quén y desde allí se fue­ron exten­diendo hacia el sur y el norte.

El ver­da­dero geno­ci­dio lo come­tie­ron los arau­ca­nos cuando ani­quila­ron a los Gue­na­ken, tam­bién lla­ma­dos Tehuel­ches, que eran lo autén­ti­cos abo­rí­ge­nes de la Pata­go­nia Norte.

Actual­mente como argen­ti­nos tie­nen todos los dere­chos al igual que los demás argen­ti­nos, pero no a inten­tar fal­sear la his­to­ria y pre­ten­der les devuel­van tie­rras que nunca les pertenecieron.

1.– En 1879 las tro­pas de Caful­curá eran pode­ro­sas, lo prueba el hecho de que gana­ron las pri­me­ras bata­llas con­tra el Ejér­cito Nacional.

2.- Ambos ban­dos con­taba con fusi­les Reming­ton. Los arau­ca­nos los traían de Chile, donde se los ven­dían los ingle­ses a cam­bio del ganado argen­tino robado en los malo­nes. Prueba de ello es que la columna del Ejér­cito Nacio­nal coman­dada por el general Ville­gas tenía como obje­tivo clau­su­rar y con­tro­lar los pasos andi­nos por donde les lle­ga­ban a los arau­ca­nos los Remington.

3.- Los indí­ge­nas arau­ca­nos eran tra­di­cio­nal­mente muy gue­rre­ros. Recor­de­mos que en los pri­me­ros tiem­pos de la con­quista espa­ñola aso­la­ron varias impor­tan­tes ciu­da­des en Chile que los chi­le­nos tar­da­ron siglos en reconquistar.

4.- Los arau­ca­nos, en el año 1250 subie­ron hacia el Norte y des­tru­ye­ron el Impe­rio de Tiahua­naco. Este Impe­rio era mayor y mucho más civi­li­zado que el pos­te­rior impe­rio de los Incas que comenzó luego en el año 1280.
5.- El uso actual del tér­mino “mapu­che” y las fal­sas reivin­di­ca­cio­nes de estos son manio­bras disol­ven­tes y dis­gre­gan­tes que prac­ti­can polí­ti­cos con minús­cula en las últi­mas déca­das con fina­li­da­des antinacionales, y para bene­fi­cio propio.

Arau­ca­nos y Tehuelches

Los mapu­ches son sólo originarios de la inven­tiva del Foreign Office británico.

Ni Rosas o Roca los men­cio­nan en la Cam­paña al Desierto, tam­poco los his­to­ria­do­res, ni la famosa expe­di­ción a los Indios Ran­que­les. Tam­poco los men­ciona la his­to­ria ofi­cial en las pro­vin­cias ni museos de His­to­ria del Neu­quén Santa Cruz, Chu­but, Río Negro, Men­doza, ni San Juan…

¿Desde cuándo han apa­re­cido estos mapu­ches en escena? Su pro­pia ban­dera es simi­lar a la nueva Sudafri­cana, luego del apart­heid uti­li­za­ron a Man­dela y ahora desean uti­li­zar a un pue­blo que no es ori­gi­na­rio de nada, sólo Tehuel­ches y Arau­ca­nos lo son.

Quede en claro que la expe­di­ción de Roca resultó la pri­mera gue­rra con­tra Chile y no una cam­paña con­tra el indio, como muchos pre­ten­den hacerlo notar. A las prue­bas me remito cuando sos­tengo que por enton­ces el 90% de la pobla­ción chi­lena era indí­gena, que no es cosa menor. En sín­te­sis, nues­tro país defen­día la sobe­ra­nía sobre una Pata­go­nia que los caci­ques desea­ban y ellos… eran chilenos.

Enci­clo­pe­dia Sal­vat — Dic­cio­na­rio — Edi­tado en Bar­ce­lona — 1972:

MAPU­CHE: Adj.- Natu­ral de Arauco — Per­te­ne­ciente a esta Pro­vin­cia de Chile.

Mas­cu­lino — Idioma de los araucanos.

TEHUEL­CHE: Adj. y sust. — Dícese de un indi­vi­duo de un pue­blo ame­rin­dio caza­dor, que, con otros gru­pos inte­gró la lla­mada “Cul­tura de las Pam­pas” en Argen­tina y Uru­guay. Exter­mi­na­dos en gran parte por los con­quis­ta­do­res espa­ño­les y los arau­ca­nos que­dan redu­ci­dos núcleos en Tie­rra del Fuego.

Hoy todos los naci­dos en el suelo patrio somos argentinos y ya no caben fal­sas reivin­di­ca­cio­nes indi­ge­nis­tas ni de pue­blos ori­gi­na­rios inexis­ten­tes. Desde comien­zos del siglo XVI está pre­sente la san­gre his­pana en todo el suelo argen­tino y los pue­blos ori­gi­na­rios de la Pata­go­nia ante­rio­res a esa fecha fue­ron las etnias tehuelches.

El invento “mapu­che” data sólo del siglo XIX, insisto que hoy todos somos argen­ti­nos y nadie tiene nin­gún dere­cho a reivin­di­car etnias ni pue­blos dife­ren­tes al argen­tino so pena de cola­bo­rar con los inten­tos ingle­ses, nor­te­ame­ri­ca­nos e israe­li­tas para des­mem­brar y des­po­ten­ciar a la patria argentina.

Este tema mapu­che y su pro­pa­ganda ins­ta­lada por mar­xis­tas que han hecho del indi­ge­nismo una cues­tión de stado, es pre­ciso comen­zar a des­ba­ra­tarla de raíz. Lamen­ta­ble­mente, no sólo los polí­ti­cos vena­les y perio­dis­tas paga­dos por el sis­tema sir­ven de difu­so­res de una men­tira infame, sino que han caído en ella y no siem­pre por ingenuidad.

Obis­pos y curas que fie­les a sus pos­tu­ras ter­cer­mun­dis­tas, impul­san como ver­dad de Pero­gru­llo, dando así por sen­ta­das todas y cada una de esas falacias.

Se llegó al extremo incon­ce­bi­ble de enga­ñar al Santo Padre Juan Pablo II y ahora al Papa Bene­dicto XVI cuando les hicie­ron decir que el gran santo Cefe­rino era mapu­che y no tehuel­che. Es difí­cil creer en la inocen­cia por des­co­no­ci­miento de los obis­pos pata­gó­ni­cos en esta manio­bra vil, por­que es dable supo­ner que si han lle­gado a esas ins­tan­cias de la jerar­quía, deben poseer una cul­tura gene­ral his­tó­rica de su patria com­pa­ti­ble con su rango.

Uti­li­ce­mos en toda su ple­ni­tud este medio fan­tás­tico que la tec­no­lo­gía nos brinda, para rever­tir la opi­nión errada de muchos argen­ti­nos sobre temas de tras­cen­den­cia como el que se trata”.

Fuente: Actualidad Río Negro

lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Que comían los soldados del Ejército de Los Andes durante el cruce?

Quizás muchos se preguntaron alguna vez que comían nuestros soldados durante el Cruce. Y la respuesta es que no había mucha variedad en lo que se podía preparar. Téngase en cuenta que en la Cordillera no hay leña para poder cocinar los alimentos, la cual tuvo que ser llevada en mulas.
Además, todo lo que se pudiese llevar tenía que ser no perecedero, ya que no había medios posibles de conservación de alimentos frescos.



Ciertamente se llevaron grandes cantidades de cebollas y ajos, los cuales, mas que alimentar, servían para combatir el "soroche" o mal de las alturas (también conocido como "apunamiento").
San Martín analizó varias recetas que se consumían habitualmente, en base al charqui.
El charqui es una carne, cortada en lonjas y secada al sol, tostada, y luego molida, que puede conservarse por largo tiempo. Así, cada hombre del Ejército de los Andes fue provisto de una ración de "charquicán", para ser llevada en su mochila.
El historiador Rafael Pizarro, lo describe de la siguiente manera:

"...A cada soldado se le entregó una ración de campaña individual para ser llevada en su mochila y compuesta de una pasta de carne tostada y molida, aliñada con grasa y ají, a la cual sólo bastaba con agregar agua caliente y harina de maíz tostado, para preparar el charquicán cuyano..."

Esta reseña da cuenta de la condición del charquicán como comida de campaña en la época, dado lo imperecedero de sus ingredientes, lo fácil de su preparación y su alto aporte nutricional.
Hoy día esa comida sigue siendo muy popular en algunas regiones de Chile y Argentina, a la cual se le han ido agregando otros ingredientes, como papas, zapallo y choclo.

Fuente: Granaderos Bicentenario