viernes, 20 de octubre de 2017

Hallaron dientes de 9,7 millones de años que pueden obligar a reescribir la historia de la humanidad

Fueron encontrados cerca del antiguo cauce del río Rin, en el oeste de Alemania. Es el hallazgo más antiguo de un fósil semejante en territorio europeo


Un grupo de dientes hallados en el antiguo cauce del río Rin, cerca de la ciudad alemana de Eppelsheim podría obligar a reescribir la historia de la humanidad.

Los arqueólogos descubrieron en el terreno de grava y arena del suroeste alemán unos dientes fosilizados que tendrían 9,7 millones de años, que se asemejan a los del esqueletos de "Lucy", el ancestro humano más antiguo encontrado en Etiopía, cuya antigüedad se calculó en 3,2 millones de años.



El dato central es que estos dientes no se parecen a los de ningún otro fósil de los encontrados antes en Europa, lo que obligaría a repensar la teoría de que la especie humana comenzó en el África, como se viene creyendo desde el hallazgo de Lucy en el año 1974.

"Es un tremendo golpe de suerte pero también un gran misterio", reconoció Hebert Lutz, director del Museo de Historia Natural de Mainz y líder del grupo de investigación. "Son claramente dientes de simio, cuyas características se asemejan a los hallazgos africanos, que tienen entre 4 y 5 millones de años menos".

"No quiero sobredramatizar, pero puedo hipotetizar que tenemos que empezar a reescribir la historia de la humanidad", dijo el alcalde de Mainz, en la conferencia de prensa en la que se anunció el hallazgo.

Hasta ahora, existe un consenso científico acerca de que los seres humanos evolucionaron en el este de África entre 200 y 400 mil años atrás, antes de dispersarse por el mundo hace unos 70 mil años.

El hallazgo en la región de Mainz, que acaba de ser publicado, puede obligar a repensar todo de nuevo.

Fuente: Infobae

jueves, 19 de octubre de 2017

La última bruja asesinada en Euskal Herria

Un domingo de luna llena, cuatro disparos resonaron en la noche a dos kilómetros de Gaztelu


Desde que en 1986 la asociación Altafaylla Kultur Taldea publicase su enciclopedia monumental De la esperanza al terror ―el acta definitiva sobre la represión en Navarra durante la Guerra Civil―, la violación colectiva, el asesinato y el cuerpo arrojado a los perros de la niña Maravillas Lamberto, vecina de Larraga, ha ocupado un lugar singular en la infamia. Es una de esas historias de familia jornalera y ugetista en un territorio, la Ribera, donde la disputa por la propiedad de la tierra y la lucha de clases desencadenó el baño de sangre.

Las atrocidades del caso, delicada y conmovedoramente recreadas por el cantautor Fermin Balentzia, eran tan perturbadoras que difícilmente cabía imaginar sucesos similares.

Y, sin embargo, otra historia espeluznante, acaecida aquel fatídico mes de agosto de 1936, ha ido abriéndose paso en el imaginario colectivo. Un crimen relatado por Joxe Mari Espartza en La Sima, con formato de investigación y que le ha ocupado, intermitentemente, tres décadas.

Es verano en Gaztelu, barrio de Donamaria, pequeño núcleo con menos de 700 habitantes de la comarca de Malerreka. Pendientes empinadas, regatas angostas, paisajes lluviosos, colinas de verdes fluorescentes, agricultura y ganadería de subsistencia, tradición, temor a Dios...

El pasado mes de febrero no votó nadie al Frente Popular. El frente de guerra se encuentra a pocos kilómetros y las consignas para llevar a cabo limpiezas de indeseables en la retaguardia son constantes. El clima social es convulso, hay mucha gente armada. Juana Josefa Goñi, embarazada, y seis de sus siete hijos e hijas de 16, 12, 9, 6, 3 y 2 años (el primogénito está trabajando en Lekaroz, otro pueblo de la zona) son acusados de pequeños hurtos y de inadaptación social.

El batzarre, consejo comunitario, condena a esa familia empobrecida. Pedro Sagardia, el marido carbonero que trabaja en los bosques, vuelve, pero una suerte de consejo de notables le impide entrar al pueblo y ver a su mujer.

Es detenido por la Guardia Civil, pasa ocho días en el calabozo ―vagamente acusado de espía― y es puesto en libertad sin cargos con la orden de volver a su tajo, que está a 40 kilómetros.

Entre tanto, la familia es expulsada de su hogar y se refugia en una choza abandonada que acondicionan con ramajes a un par de kilómetros de Gaztelu, en medio del monte. Juana Josefa hace llegar una carta a Pedro pidiéndole dinero, y éste hace un envío que no encuentra destinatario y es devuelto: ya no hay nadie habitando la casa. Más tarde, y tras varios intentos infructuosos para ponerse en contacto con su mujer, se alista como voluntario requeté. Puede que, en una situación desesperada, tratara de mostrar fidelidad al Alzamiento.

La sentencia, sin embargo, ya ha sido ejecutada. Un domingo de luna llena, cuatro disparos resuenan en la noche, arde la cabaña y Juana Josefa y su prole son ejecutados y arrojados (¿algunos vivos?) a la sima de Legarrea, situada a escasos 500 metros de la txabola. La subida de los condenados hasta la cavidad (cuya profundidad equivale a 16 pisos), se antoja macabra.

El sumario posterior, en plena posguerra, incluye declaraciones difamatorias de curas que califican de despreciables a criaturas que apenas saben andar, mentiras de guardias civiles, suicidios, muertes accidentales... y un pacto de silencio que durante ocho décadas ha echado tierra sobre el asesinato de esta familia desapegada de la moralidad y de la religiosidad cristiana, hasta que, por fin, los cuerpos fueron finalmente exhumados el pasado 2 de septiembre.

Porque, ¿qué llevó a Juan Josefa Goñi a convertirse en el chivo expiatorio de un ecosistema compuesto, de manera abrumadoramente mayoritaria, por católicos practicantes de moral intachable y costumbres apacibles?

Al parecer, su madre pagana creía en los dioses antiguos de la mitología vasca, tenía conocimientos de herboristería, era curandera, de condición humilde y no pisaba la iglesia. Es probable que algo de eso transmitiera a sus dos hijas ―que se casaron embarazadas― y quizás también por ello,  la pequeña, Juana Josefa, fue castigada de un modo tan atroz.

Algo que, por otra parte, no sería nuevo porque ya en 1610 dos vecinas del pueblo acabaron en las mazmorras de la Inquisición, como parte del proceso seguido contra las brujas de Zugarramurdi.

Fuente: elsaltodiario.com

martes, 17 de octubre de 2017

Descubren 400 "puertas" misteriosas en un campo de volcanes de Arabia Saudita

Un equipo de científicos realizó el hallazgo a través de imágenes satelitales. Especulan que tendrían 7 mil años de antigüedad y desconocen cuáles fueron las razones de su construcción

Las “puertas” fueron encontradas gracias a los satélites
Los petroglifos más famosos del mundo se encuentran en Nasca, Perú. Creaciones como el Colibrí o el Extraterrestre son imágenes icónicas y reconocibles para los amantes de los viajes y, principalmente, de los misterios, aunque los investigadores pudieron develar cómo y para qué el pueblo que habitó en el Perú talló estos dibujos en la piedra.

Los arqueólogos e historiadores tendrán ahora un nuevo desafío, ya que se acaban de descubrir, gracias a imágenes satelitales, casi 400 misteriosas estructuras en la región de Harrat Khaybar, Arabia Saudita.

Los investigadores las denominaron "puertas" debido a sus formas que simulan una entrada y descansan, en general, sobre las laderas de una cúpula volcánica que alguna vez arrojó lava basáltica. La más pequeña de estas formaciones se extiende por 13 metros, mientras que la más larga llega a los 518 metros de largo.

Hasta ahora, los científicos pudieron diferenciar dos tipos de "puertas": las que poseen múltiples paredes de piedra que forman un diseño rectangular, y las llamadas puertas de tipo "I", que solo poseen un muro de piedra con montones de piedras en cada extremo.



También develaron que hallaron otros tipos de estructuras de piedra, como las "cometas", que se utilizaron para cazar animales y las "ruedas", todas denominadas por su forma.

Las puertas "están construidas en piedra, las paredes son más o menos escasas", escribió David Kennedy, profesor de la Universidad de Australia Occidental, en un documento que se publicará en la edición de noviembre de la revista Arqueología Arábiga y Epigrafía. Y agregó: "Parecen ser las estructuras artificiales más antiguas del paisaje y no se puede discernir ninguna explicación obvia de su propósito".

"Las puertas se encuentran casi exclusivamente en campos de lava sombríos e inhóspitos con escasa agua o vegetación, lugares aparentemente entre los más inhóspitos para nuestra especie", escribió Kennedy. Sin embargo, los arqueólogos explicaron que hace miles de años el paisaje de la zona era mucho más hospitalario para vivir.



Además, los investigadores aseguraron que las figuras de las "cometas" y las "ruedas" son posteriores, ya que estas estructuras de piedra se construyeron sobre las "puertas". Los restos de flujos de lava también se encuentran a veces en la parte superior de las puertas, lo que indica que las puertas también son más antiguas que algunos de los flujos, dijo Kennedy.

El vulcanólogo Vic Camp fue uno de los precursores de la investigación. Durante la década de 1980, descubrió -junto a John Roobol- una de las "puertas" en una cúpula de lava y otras estructuras de piedra, en un área del Harrat Khaybar.

Las cúpulas de lava ya no están activas, dijo Camp, y agregó que en el pasado, la lava basáltica cubría algunas de las estructuras de piedra, incluidas las puertas. "Vemos varias áreas donde la lava más joven carece de tales estructuras (de piedra), aunque otras están rodeadas por varias estructuras", comentó Camp a Live Science. De acuerdo al especialista, algunas de las puertas alrededor de la cúpula de lava fueron construidas hace unos 7.000 años. Aunque esto todavía no está confirmado, ya que el trabajo de campo está por comenzar en los próximos meses.

lunes, 16 de octubre de 2017

"El teatro perdido de Jerusalén": el inesperado hallazgo arqueológico debajo del Muro de los Lamentos

El descubrimiento fue hecho en uno de los lugares más sagrados para los judíos


Los arqueólogos que descubrieron el lugar lo llamaron "el misterioso teatro perdido de Jerusalén". Y su estado es (casi) perfecto. Se trata de uno de los mayores hallazgos en la histórica capital del pueblo israelí de los últimos años y que arrojará mayor luz sobre los tesoros ocultos de la urbe.

El teatro se trata de un reducto con capacidad para unas 200 personas y que data del tiempo en que el Imperio Romano regía el destino de la ciudad, descubierto hace unos días y anunciado hoy por la Autoridad de Antigüedades de Israel.

Las excavaciones comenzaron en el Arco de Wilson (en honor al arqueólogo inglés Charles William Wilson quien lo descubrió en 1864) y luego de observar los hallazgos bajo tierra continuaron con los trabajos que condujeron hasta debajo mismo del Muro de los Lamentos.

Los trabajos fueron conducidos por Joe Uziel, Tehillah Liberman y Avi Solomon. "Desde una perspectiva de la investigación, este es un descubrimiento sensacional. El hallazgo fue una verdadera sorpresa. No imaginamos que esa ventana podría abrirnos al misterio del teatro de Jerusalén", indicó Uziel al diario Jerusalem Post.

Al parecer, según los primeros estudios realizados por los historiadores y arqueólogos, este teatro -más pequeños que otros encontrados tiempo atrás- habría sido utilizado para conciertos acústicos. "También ha sido conocido como el bouleuterion, donde el concejo de la ciudad se reúna. En este caso, el concejo de la colonia romana de Aelia Capitolina", explicó Liberman.

Nuevos detalles sobre el fascinante descubrimiento -compuesto por otras ruinas que aún no han sido detalladas por los investigadores- serán expuestos en la Universidad Hebrea de Jerusalén en los próximos días, mientras la ciudad no sale de su asombro por los que sus entrañas tenían escondido.

El hallazgo del "teatro perdido" fue inesperado. Cuando los especialistas comenzaron con las excavaciones no pretendían toparse con este hemiciclo enterrado bajo el lugar más sagrado para el judaísmo. Sin embargo, continuaron con los trabajos y no pudieron creer estar frente a un hallazgo semejante y que permitirá conocer más de la vida en la ciudad más fascinante de Israel.

domingo, 15 de octubre de 2017

Olaudah Equiano, el esclavo africano que escribió su cautiverio

Bautizado como Gustavus Vassa por un capitán de la Marina Real que lo compró, pagó por su libertad y logró viajar por todo el mundo para combatir la esclavitud


Olaudah Equiano nunca tuvo clara la fecha de su nacimiento en una región africana que hoy corresponde a Nigeria ni contó cómo transcurrieron sus primeros años de vida junto a su familia en la aldea africana. Su vida cambió cuando a los 11 años lo secuestraron junto a sus hermanos para pasar a convertirse en esclavos. De ahí en adelante, primero por obligación, tras ser comprado por diversos europeos, y después por convicción, para unirse a movimientos abolicionistas y luchar contra la esclavitud, viajó por numerosos países, aunque la clave de todo fue la formación que adquirió y que le permitió ser el primer africano esclavo en escribir sus memorias y contar en primera persona las penurias y humillaciones que sufrían a manos de sus dueños.

A Olaudah Equiano se le conoce por ser un escritor africano del siglo XVIII, pero también marinero y activista del movimiento abolicionista. Él mismo afirmaba haber nacido en 1745 en un pueblo lejano de cualquier sitio llamado Essaka, en lo que es hoy la región de habla Igbo en Nigeria. A los 11 años de edad fue tomado como esclavo junto a sus hermanos y llevado América para ser vendido allí. Pasó por diversas manos, desde comerciantes de esclavos europeos, hasta viajar después a Barbados y acabar en las plantaciones de la colonia británica de Virginia.

De aquellos años escribiría después que estaba tan impresionado por su experiencia que trató de lavarse el color de su rostro en un intento de escapar de su posición como esclavo.

Un capitán de la Marina Real fue su primer dueño y quien le dio el nombre de Gustavus Vassa en honor al rey sueco del mismo nombre. Posteriormente fue comprado por Michael Pascal, un marinero en la Royal Navy, por lo que Equiano perfeccionó el arte de la marinería y tuvo que seguir a su maestro en la batalla durante la Guerra de los Siete Años de Gran Bretaña con Francia. El trabajo que tuvo encomendado Equiano durante las batallas fue la de suministrador de pólvora para los disparos.

El joven Olaudah Equiano supo ganarse el respeto de su maestro y después de viajar extensamente, Pascal lo envío a Inglaterra para recibir una educación básica. Pascal escribió más tarde que Equiano era “un niño muy merecedor”. Durante este tiempo, en 1759, también se convirtió al cristianismo, algo que adquirió gran protagonismo en su vida, hasta el punto de utilizar como su regla de oro el mensaje cristiano de “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.
La libertad que Pascal le había prometido al joven Olaudah alguna vez no acaba de llegar y, por el contrario, fue vendido a Robert King, un marinero de Filadelfia, y de nuevo al capitán James Doran en el Caribe, que le continuó inculcando la lectura y la escritura a la vez que lo educó en la fe cristiana.

Gracias a su poder de ahorro en las actividades comerciales que le encomendaba Doran, Equiano logró comprar su libertad ayudado por el propio Doran que lo asesoró, y empezó una nueva vida que él mismo definió como “el día más feliz del mundo; por la mañana era esclavo y por la tarde mi propio maestro”.

Inicialmente Equiano se quedó en Estados Unidos para ayudar a Doran como socio comercial pero en numerosas ocasiones intentaron secuestrarlo y devolverlo a la esclavitud. Sin embargo, siempre fue capaz de escapar al poder demostrar su educación y bagaje cultural, aunque no tardó en regresar a Gran Bretaña por su inseguridad. Más tarde, escribiría que “la posición de los esclavos libres era poco mejor que los esclavos debido al terrible trato que recibían los hombres negros”.

En Inglaterra conoció a muchas personas que apoyaban la abolición del comercio de esclavos y el movimiento abolicionista crecía en esos años sin parar. Animado en parte por ellos, Equiano dio testimonio en primera persona sobre la vida como esclavo con ‘La interesante narrativa de la vida de Olaudah Equiano o Gustavus Vassa, el africano’. Publicado en 1789, la obra fue recibida con entusiasmo y no sólo se vendió bien, sino que además tuvo muchas ediciones.

Ese libro autobiográfico de Equiano sirvió para que mucha gente tuviera las primeras noticias sobre el sufrimiento de los esclavos y se animara a apoyar la causa abolicionista. Las buenas críticas que recibió hacían referencia no sólo a la dureza de los contenidos, sino a la calidad de la escritura, el estilo y la habilidad en las descripciones.

La fama por su libro le sirvió a Equiano para poder pedirle al rey en Inglaterra el fin de la esclavitud, a la vez que ayudó a desmitificar muchos de los mitos y prejuicios sobre los pueblos africanos. Los ingresos por las ventas de libros permitieron a Equiano vivir de manera desahogada y dedicar más tiempo a hacer campaña contra la esclavitud y a la causa de sus hermanos negros, ya que fue también líder de la comunidad negra pobre de Londres, descendientes de esclavos que luchaban por sobrevivir económicamente.

En 1792 Olaudah Equiano se casó con Susan Cullen, una chica británica, y el matrimonio tuvo dos hijas. Anna Maria en 1793 y Joanna en 1795. Equiano, con su matrimonio, sostuvo su teoría de que la unión entre blancos y negros podría servir para disminuir la segregación racial hacia los africanos y unificar a los seres humanos.

Susannah falleció en febrero de 1796 y Olaudah lo hizo al año siguiente, el 31 de marzo de 1797. Poco después, la hija mayor falleció a los cuatro años de edad, dejando a Joanna como única heredera de la fortuna de su padre.

Hoy Google rinde homenaje a Oulaudah Equiano por el 272 aniversario de su nacimiento con un doodle que muestra al escritor africano escribiendo entre dos barcos y con unas cadenas rotas que simbolizan su vida: esclavitud desde África a América, marinero, escritor e impulsor de la abolición de la esclavitud.

Fuente: Elpais.com

Mata Hari: hace cien años, ejecutaban por espía a la bailarina más sensual, exótica e intrigante

¿Fue una verdadera espía o sólo una casquivana ligera e inconsciente? Para el tribunal que la juzgó y condenó sumariamente, la sexy desnudista era culpable de alta traición



Muchos sostienen hoy que a Mata Hari la perdió su imprudencia, que no era realmente una agente doble y que sirvió de perfecto chivo emisario por hallarse en el momento y en el sitio equivocados.

Lo cierto es que, agente o no, réproba o inocente, Mata Hari, nacida como Margaretha Geertruida Zelle, en Holanda, en 1876, enfrentó el pelotón de fusilamiento con una calma y dignidad sorprendentes, según el testimonio del único reportero que lo presenció.

Pero vayamos al comienzo de esta historia. Pese a ser holandesa, Mata Hari tenía una piel morena que llevaba a muchos a considerarla extranjera, exótica. La tomaban por euroasiática, lo que luego habilitó las fantasías que ella misma difundió y utilizó artísticamente sobre su verdadero origen.

Era hija de un comerciante de sombreros de la ciudad de Leeuwarden. En su Holanda natal, Margaretha hizo sus primeras y tempranas armas en el ejercicio de la seducción. Fue expulsada de la escuela normal de Lieden por enrollarse con el director, quien también pagó caro el pecado, ya que fue destituido del cargo.

Margaretha se casó muy joven con un capitán 19 años mayor que ella, y con quien se mudó a la isla de Java, Indonesia, por entonces colonia holandesa. Tuvio dos hijos, el varón murió prematuramente. Fue un matrimonio desgraciado, ya que Rudolph MacLeod era un alcohólico violento. Margaretha se refugia entonces en el estudio de la cultura javanesa y en especial del baile. 

De regreso a Holanda, se divorciaron en 1902 y él conservó la custodia de la única hija que les quedaba. Margaretha, que le había tomado el gusto a la vida exótica de las colonias, decidió instalarse en París.

Es allí donde nace de nuevo, reinventándose como Mata-Hari, el 13 de marzo de 1905, día de su debut con ese nombre como bailarina de cabaret. Actúa en una sala de espectáculos privada dentro del "Museo de Estudios Orientales", disfrazada de princesa de Java, cubierta de oro y jade y con medias color carne…¡y causa sensación!

Era una función para un público selecto, auspiciada por un mecenas, Émile Guimet, y consistía en escenas en las que el dios hindú Shiva -el de los seis brazos- recibía el homenaje de varias princesas, entre ellas, Mata Hari, nombre hindú que significa "sol" o "ojo de la aurora".

Ese fue el gran arte de Mata Hari: el strip tease muy osado, muy sensual -muy cuidado se suele decir hoy- y un look sexy-exótico que le daba misterio a su atractivo.

A fines de 1916, se enamora de un capitán ruso  que está al servicio de Francia, Vadim Maslov, de apenas 21 años. Ella ya ronda los 40…

El joven resulta herido y es internado en un hospital de campaña en Vittel, en la disputada región de Lorena, por entonces en manos alemanas. Ella quiere visitarlo y para que le faciliten el viaje acepta espiar al Príncipe heredero alemán, a quien como se dijo conoce, para brindar información a los franceses.

El oficial de contrainteligencia capitán Ladoux ofició de reclutador de la novel espía, cuyos servicios fueron retribuidos con una considerable suma.

Mata Hari debe hacer un gran rodeo para llegar a destino. Va primero a España, también neutra, donde tomará un barco hacia Holanda para desde allí ingresar a los territorios bajo dominio alemán.

En una escala en Falmouth, el servicio de inteligencia británico la interroga infructuosamente, ya que la encuentra sospechosa. Viendo que se complica la llegada a Alemania, Mata Hari vuelve a Madrid, donde seduce al agregado militar alemán, el mayor Arnold von Kalle. Aparentemente, los alemanes conocían la calidad de "espía francesa" de Mata-Hari y la intoxicaban con falsa información.

Pero en los cables que este oficial envía a Berlín informando sobre submarinos que van a Marruecos y otras informaciones sobre planes británicos, menciona a un "agente H-21" que "se habría vuelto útil". Interceptados estos mensajes por los aliados, concluyen que H-21 bien puede ser Mata Hari, y que quizá fue una agente alemana desde el comienzo.

Ella, enterada del regreso de su joven amante herido, pero ajena a las elucubraciones sobre su posible involucramiento con los alemanes más allá de lo aceptable, decide volver a Francia. Su tendencia a inventarse un pasado y un origen misterioso, útil para la aventura amorosa y la seducción, se le va a volver en contra.

Regresa a París el 4 de enero de 1917, y es arrestada en el hotel Elysée Palace por el capitán Bouchardon. La leyenda dice que salió desnuda de la bañadera y, luego de vestirse, ofreció a los policías que venían a arrestarla unos chocolates dentro de un casco alemán… 

Será inerrogadoa por Bouchardon en la cárcel Saint-Lazare, hoy desaparecida.

Ella admite haber recibido dinero de oficiales alemanes pero aclara que no fue por espionajes, sino por otro tipo de servicios… En su neceser, encuentran tinta simpática.

Su juicio tendrá lugar a puertas cerradas el 24 de julio de 1917 ante un consejo de guerra, en el Palacio de Justicia de París. Los jueces deben determinar si "la mujer Zelle MacLeod llamada Mata-Hari" es la agente H-21, culpable de "espionaje e inteligencia con el enemigo". Su defensor es uno de sus antiguos amantes, el abogado Clunet.

Las actas del juicio fueron desclasificadas en 2001, por lo que se conoce el expediente de unas 600 páginas.

Margaretha recibirá la humillación de escuchar a su ex amante, Vadim Maslov, declarar en calidad de testigo que ella era una "aventurera". Un testigo a favor, fue el diplomático Henri de Marguière que asegura que la conoce desde hace tiempo y que puede garantizar su probidad.

Pero el destino le juega en contra a la bella. O la razón de Estado. Hay motines en el frente por los reveses militares y una opinión pública descontenta clama por culpables. Mata-Hari es la culpable ideal. Es esa clase de mujeres que los hombres aman frecuentar pero no precisamente en público. Y que las mujeres suelen detestar. La candidata perfecta para un buen escarmiento.

"¿Ramera? Lo admito. ¡Pero espía jamás! Siempre viví para el amor y el placer", dice ella.

En tiempo récord -bastaron 40 minutos de deliberación- el tribunal la declara culpable y la envía ante el pelotón de fusilamiento.

En la madrugada del 15 de octubre de 2017, Margaretha fue despertada para recibir la notificación de que sería fusilada ese mismo día, porque su último recurso, un pedido de clemencia presidencial, había sido rechazado. Recibió la noticia con notable serenidad.

Se levantó despacio de la cama y preguntó si podía escribir dos cartas, lo que hizo con rapidez. En cambio, se tomó todo su tiempo para vestirse. Medias de seda negras, zapatos de taco con cordones y, sin quitarse el kimono de seda con el cual dormía, se echó encima una larga capa negra de abrigo con capucha de piel y en la cabeza un gran sombrero de fieltro negro con lazo.

"Lentamente y con indiferencia, aparentemente, se calzó un par de guantes negros -escribió en su despacho para la agencia International News Service el reportero británico Henry Wales que cubrió la ejecución-. Entonces, dijo con calma: 'Estoy lista'. Y la comitiva salió de la celda hacia el automóvil que esperaba".

La acompañaban en el trance un sacerdote y dos monjas de caridad, además de su abogado y de Bouchardon, que cumplía su tarea hasta el final.

Mata Hari fue llevada a las barracas del regimiento de Vincennes, en las afuera de París donde ya estaba formado el pelotón de fusilamiento, integrado por doce soldados, que no sabían de qué fusiles saldrían las balas mortales. Se negó a ser vendada. Derecho concedido. Cuando estuvo frente al pelotón, arrojó un beso hacia los soldados, como el saludo final del espectáculo que fue su vida.

"No se le movió un músculo", atestigua Wales, en el momento en que los oficiales se echaron el rifle al hombro esperando que el sable del comandante bajara dando la señal de disparar.

Apuntaron todos al pecho de la mujer; cuatro balas dieron en el blanco. "Ella pareció colapsar. Lentamente, inerte, se fue doblando sobre sus rodillas, la cabeza seguía erguida y sin el menor cambio de expresión en su rostro. (…) Entonces cayó, la cintura quebrada, las piernas dobladas (…) el rostro vuelto hacia el cielo".

Un oficial se acercó, le apoyó la pistola en la nuca y le dio el tiro de gracia.

Este trágico final, le dio a Mata-Hari una fama póstuma mundial que seguramente la infeliz nunca imaginó. Convertida en mito, su mismo nombre se volvió sinónimo de cortesana espía, intrigante, femme fatale… No es nuevo el estereotipo de la mujer que se sirve de sus encantos para arrancarles a los hombres confidencias y secretos en la cama, pero Mata-Hari, justificadamente o no, lo encarnó como ninguna.

Fuente: Infobae

sábado, 14 de octubre de 2017

El origen, la gloria, la colosal fortuna y el ocaso de los Vanderbilt, los primeros súper millonarios de la Gran Manzana

Su patriarca, Cornelius, un tosco y falso Comodoro, sólo fue a la escuela hasta los 11 años. Lo demás fue olfato, audacia y pasión por el dinero

El “Comodoro” Cornelius Vanderbilt (1794 – 1877). Fue uno de los más grandes
empresarios norteamericanos del siglo XIX y el primer súper millonario de N. York
La casi increíble historia que sigue trata de una familia de emigrantes holandeses afincados en Nueva York cuando todavía se llamaba Nueva Ámsterdam.

El primero, un oscuro sirviente.

Sus sucesores, granjeros en la ruina.

Y un hijo vagabundo y buscavidas: Cornelius. Quien desde Staten Island, y con una barcaza abandonada y derruida, construyó el primer y mayor imperio de la ciudad… y de todo Estados Unidos.

Cien barcos a vapor, dieciséis líneas de ferrocarril, y hasta una pujante compañía de papas fritas congeladas y crocantes.

Hombre feroz, sin modales ni estudios, con más enemigos que amigos, crítico mortal del Estado y pionero de la libre competencia, fundó una saga inmortal, aunque hoy su apellido sea apenas una letra V en relojes, jeans y manteles…

Las cosas sucedieron así…

Corre mayo de 1810. Un adolescente (16 años) vaga por el puerto de Nueva York a la pesca de ganar algunas monedas. Nombre: Cornelius Vanderbilt. Cuarto de los nueve hijos de Cornelius y de Phebe Hand, granjeros casi en la ruina que recalaron en Port Richmond, Staten Island, cuando la tierra les falló.

Mal destino que escribió su primer capítulo en 1650, cuando la isla era todavía Nueva Ámsterdam y llegó allí otro granjero: Jan Aerston, holandés de la villa De Bilt, Utrecht, que apenas logró un trabajo como sirviente de ínfima categoría.

La villa y el "van" (que significa "de") deformaron el nombre, y en los registros de inmigrantes quedó, para siempre, "Vanderbilt". Como esperando al joven Cornelius…

El inútil de la familia

Su madre, Phebe, nunca creyó en él. Sin estudios y más vagabundo que empeñoso, parecía repetir, una vez más, el fracaso de sus ancestros. "Sólo le importa pasar largas horas mirando el río", escribió ella en una carta. Pero esa fascinación casi hipnótica por el Hudson le sugirió una solución práctica… que sería mágica.

Le compró, con sacrificio, una barcaza abandonada, y Cornelius empezó a llevar pasajeros –casi todos trabajadores–desde Staten Island hasta Manhattan, y vuelta, por medio dólar. Como los gondoleros de Venecia, pero con distinta suerte. Con toda la suerte, la imaginación y la ambición del mundo.

Un Comodoro sin rango

La barcaza fue el toque de Midas. Cornelius fatigó el río, compró una segunda barcaza y en pocos años fue dueño de un servicio de transbordadores.

Los pasajeros empezaron a llamarlo "el Comodoro", título falso que lo acompañó hasta el fin de sus días: 4 de enero de 1877, a los 82 años. Cuando las barcazas fueron empresa, las vendió a buen precio y se instaló como capitán en un barco de vapor: flamante tecnología que creó James Watt con una pequeña cuchara puesta sobre el pico de una pava con agua hirviente…

A ese barco sucedió otro, y otro más, y en 1829, cuando la Corte Suprema guillotinó el monopolio de Robert Fulton y Robert Livingston sobre el río, Cornelius, que cobraba mejores precios, odiaba al Estado ("la encarnación del Mal") y su única religión era la libre competencia, una de las raíces clave del poderío norteamericano y la cultura sajona, ¡ganó su primer millón! Y ¡piedra libre! para el centenar de barcos de enormes ruedas que comandaba en 1840, a sus 46 años.

Lluvia de millones

El 19 de diciembre de 1813, a los 19 años, el Comodoro –que abandonó la escuela a los 11–se casó con su prima y vecina Sophia Johnson (1795-1868), que le dio trece hijos. De ellos, doce llegaron a adultos y vivieron repartidos entre las cinco mansiones que Cornelius levantó en la luego mítica Quinta Avenida cuando era casi un páramo.

Por entonces, la high society de Manhattan lo despreciaba. No sólo por su incultura: también por sus toscos modales, que jamás abandonó y que defendía con un lema: "Si me hubiera educado en la escuela, no habría tenido tiempo para aprender nada más".

Dejó el negocio de los barcos, que ya marchaba solo bajo su nombre, y clavó su mirada de halcón hacia otro colosal negocio: el ferrocarril, que avanzaba, entre mil avatares, desde el Este hasta el Lejano Oeste, y con destino final California.

Creó la Accessory Transit Company, dirigió la línea Long Island (Boston-Nueva York), y llegó a controlar, como absoluto amo y señor, dieciséis líneas de vías. Una fortuna colosal, y la primera y monstruosa fortuna no sólo de la Gran Manzana: de todo el inmenso Estados Unidos.

A su muerte, era dueño de 100 millones de dólares. Hoy, comparada esa cifra con las arcas de Bill Gates o de Warren Buffett, casi cambio chico… Pero hace casi un siglo y medio, cuando un obrero ganaba –con suerte–10 dólares por semana, una cifra casi inimaginable.

Modales versus dólares

Era, en los negocios, implacable: "un elefante aplastando hormigas", como lo definió uno de sus biógrafos. Hizo más enemigos que amigos. La "buena" sociedad neoyorkina lo tenía por "un hombre vulgar, mezquino hasta con su familia, y miserable en el más amplio sentido de la palabra".

Pero, como poderoso caballero es Don Dinero (según Francisco de Quevedo y Villegas, acaso el más grande escritor del Siglo de Oro español), todos se rendían a sus pies, y era el invitado de honor a sus babilónicas fiestas. Con una excepción: la vizcondesa Nancy Witcher Langhorne Astor (Lady Astor), la más refinada de las damas Made in USA de su tiempo, lo borró eternamente de su lista, porque "pese a su fortuna, es tosco, ignorante, se viste mal, come peor, y no es digno de mi mesa".

El final de un pionero

Sorteó la muerte –paradoja- en un accidente de sus propios y, en kilómetros, infinitos ferrocarriles. El 11 de noviembre de 1833, viajando como pasajero en un tren de la Camdem & Amboy, una de sus compañías, la formación descarriló en Nueva Jersey, y el Comodoro terminó con un pulmón perforado y varias costillas rotas…

Cumplidos sus 82 años, se apagó lentamente, pero alcanzó a dictar su testamento: desheredó a todos sus hijos, excepto a William, "el único capaz de continuar mi imperio", que se adueñó el 95 por ciento del total. A duras penas aceptó fundar y financiar la Universidad Vanderbilt: aunque ignorante, aceptó el desafío y su costo para perpetuar su nombre.

En cuanto al resto (su segunda mujer, Miss Crawford, y sus ocho hijas, únicas sobrevivientes de los trece hermanos), apenas recibieron medio millón per cápita.

Sus huesos yacen en el cementerio Moravian, Staten Island: su cuna. Cuatro de sus hijas impugnaron el testamento alegando que estaba loco, pero fracasaron en el intento.

Los de su sangre, hijos y nietos del primer gran zar de los negocios norteamericanos y el primer híper millonario de Nueva York, inventor incluso (believe it or not) de las papas fritas congeladas, se dispersaron. Y como suele ocurrir, la inmensa fortuna se atomizó hasta ser historia, abriéndole paso a los Rockefeller y los que siguieron a la cabeza de la gran carrera del dinero.

De ellos, sólo dos Vanderbilt fueron famosos.

Gertrud (1875-1942), bisnieta de Cornelius, brillante escultora (alumna de Rodin), gran figura de la bohemia parisina, tapa de Vogue, reina del Geenwich Village de la Gran Manzana, mecenas de músicos jóvenes, creadora del Whitney Museum de NY, y autora, entre nueve esculturas célebres, de la mayor: el Monumento a la Fe Descubridora, dedicado a Cristóbal Colón, en la española Huelva, que la honró bautizando con su nombre una avenida.

La segunda y más notoria, la más famosa de las herederas del apellido, es Gloria Vanderbilt, nacida en 1924 y genial diseñadora. Muy lejos de barcos, ferrocarriles y papas fritas, se forjó como creadora de moda bajo el lema "hasta la prenda más modesta debe tener su toque de glamour".

En esa línea fue precursora de los blue jeans de diseño –hoy, prendas de alta gama–, y de relojes, sábanas, manteles y exclusivos accesorios firmados G.V.: el último aliento de la colosal fortuna urdida por el barquero de Staten Island…

Pero de vida nada fácil. Se casó cuatro veces: la segunda, con el célebre director de orquesta Leopold Stokowski, cuarenta años mayor que ella, y la tercera, con el gran director de cine Sidney Lumet.

Su padre, Reginald Claypole Vanderbilt, hijo de Cornelius II, diplomático por título pero vividor y libertino por vida real, y alcohólico por añadidura, quemó en menos que canta un gallo su herencia de 25 millones de papel verde cuando Gloria tenía apenas un año y medio, y dejó deudas que obligaron a vender una mansión en la Quinta Avenida, un castillo en Newport, cuadros, muebles, y hasta el cochecito de bebé de su hija, rematado… ¡por un dólar y medio!

Un hijo de Gloria, Anthony, se suicidó a los 23 años: salto mortal desde el piso 14 de su departamento de Manhattan.

Una de sus huellas quedó impresa en en el inmortal libro de Truman Capote Plegarias atendidas: ella, la princesa Radziwill y alguna de las Kennedy se encontraban –hábito irrenunciable- en el restaurante La Côte Basque (60 West, 55 Street, NY, versión EEUU de la casa madre de Bayona, Francia).

Se atiborraban de Martinis más Dry que el desierto de Arizona, despellejaban con sus chismes a media sociedad neoyorkina, y remataban esos interminables almuerzos con uno de los mayores manjares del planeta: el soufflé Radziwill, coronado por yemas crudas "que parecían largos ríos dorados", según Capote.

Aquellos insidiosos cotilleos le costaron al autor de A sangre fría, su obra maestra, el desprecio y el exilio social de la high que antes lo había amado.

Pero esa es otra historia… En todo caso, apenas un eco moribundo de la vida, la gloria y el ocaso de Cornelius Vanderbilt, el falso Comodoro que desde una miserable barcaza construyó el mayor imperio de su tiempo…, aunque Lady Astor no lo dejara sentarse a su mesa.

Fuente: Infobae.com