domingo, 19 de noviembre de 2017

Los Candidatos a Rey de Belgrano

por: Luis Horacio Yanicelli

Un tema que se nos informa pero que casi nunca se nos explica en detalle, es precisamente, el proyecto de monarquía incaica sostenido por Manuel Belgrano en el Congreso de Tucumán. Como a simple vista suena casi extravagante, por el respeto que se le tiene a Belgrano, se soslaya ahondar en el mismo. ¡Un indio como rey! Si ya una monarquía suena a algo estrafalario, cuanto más que el rey sea un inca. Y por otra parte, ¿de donde iba a sacar su rey Don Manuel? Todos imaginan un señor inculto, de ojotas y con vestimenta exótica. ¡¿ Y un sujeto así­ sería el rey?!


En primer término debemos aclarar que si existieron candidatos a ser reyes y estos, eran serios y muy distantes de la imagen de un sujeto menor casi salvaje como señalaban los detractores del proyecto. 
Ellos eran  dos descendientes de la casa de los incas, cuyos currículos van a sorprenderlo. 

La propuesta de Belgrano era el pensamiento estratégico de la Logia Lautaro, que luego de la derrota de Napoleón en Waterloo, advertía que el camino del modelo republicano se hací­a hostil e inviable en una Europa en la que se habían restaurado las monarquías. En esto estaban San Martín, Güemes, O´Higgins y Monteagudo.

Creían en una monarquía “temperada”, denominación esta útima que se daba a lo que hoy conocemos como monarquía parlamentaria, (por ej. Inglaterra, Holanda, España, etc.). La propuesta del Rey Inca implicaba el anhelo de la nación-continental, que en Mayo de 1810 había alumbrado en el pensamiento de los jacobinos, (Belgrano, Castelli, Moreno, Vieytes, etc.) y se habí­a opacado durante la gestión del 1er. Triunvirato. Reflotado luego, por la Logia Lautaro en la revolución de octubre de 1812 -San Martín, Tomás Guido, Carlos Marí­a de Alvear, Manuel Moreno, Bernardo de Monteagudo- que depuso al contrarrevolucionario Primer Triunvirato, levantando las banderas independentistas que este había perdido en su timorata y cuando no, claudicante gestión. 

El Plan Continental fue la piedra angular de la estrategia integracionista de los pueblos sudamericanos.

Debemos tener presente, que el Congreso reunido en 1816 en San Miguel de Tucumán, declaró el 9 de julio,  la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América, cuestión que evidencia la vocación continental de los Padres Fundadores de nuestra nacionalidad. Fue en ese Congreso, donde el 6 de julio el Gral. Manuel Belgrano, en cesión secreta del cuerpo, propuso su proyecto monárquico con un rey de la casa de los Inca

La propuesta lejos estaba de ser una quimera. Dos candidatos descendientes de la casa incaica estaban en vista para ocupar el trono en caso de prosperar el proyecto.
Uno era Dionisio Inca Yupanqui, que llegó luego de la invasión de Napoleón a España, a integrar las Cortes de Cádiz, como diputado en representación del Perú. Yupanqui expresó en las mencionadas cortes, su posición de defensa de los naturales,  a los cuales el pertenecía racialmente y además a los negros, que en muchos lugares de las Américas españolas, eran incluso la población mayoritaria. 

Un interesante episodio en los debates gaditanos nos recuerda la personalidad y el pensamiento de Yupanqui. En la Sesión del 16 de diciembre de 1810, expresó en relación a la opresión de los indígenas: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre.”

En las cortes expresó: “La mayor parte de sus diputados y de la Nación apenas tienen noticias de este dilatado continente, (América). Los gobiernos anteriores le han considerado poco, y solo han procurado asegurar las remesas del precioso metal, origen de tanta inhumanidad, de que no han sabido aprovecharse. Le han abandonado a manos de hombres codiciosos e inmorales; y la indiferencia absoluta con que han mirado sus más sagradas relaciones con este país de delicias ha llenado la medida de la paciencia del padre de las misericordias, y forzándole a que derrame parte de la amargura con que se alimentan aquellos naturales sobre nuestras provincias europeas.” Luego agregó: “Si en la península se luchaba por la libertad, contra el tirano de Europa, ¿Cómo justificar entonces que la península haga sobre América lo mismo que Napoleón, y además, por espacio de tres siglos? Digo esto como inca, indio y americano

Como se aprecia del pensamiento transcripto, el “candidato a rey”, tenía interesantes posiciones políticas, coincidentes con el pensamiento de los independentistas y en particular con los análisis que hacía Belgrano de la realidad del imperio cuya cabeza era España. 

El otro candidato era don Juan Bautista Condorcanqui, que después cambió su nombre por Juan Bautista Tupac Amarú Inca, ya que era medio hermano del rebelde Tupac Amarú II. Don Juan Bautista era un revolucionario de familia y por su participación en los levantamientos contra las autoridades coloniales, fue hecho prisionero, enviado a España donde estuvo preso hasta el año 1813 cuando retornó a Buenos Aires para sumarse a la guerra independentista.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Los investigadores creen que el origen genético de los españoles podría estar en dos yacimientos de Murcia

Es la hipótesis que manejan los arqueólogos de la Autónoma de Barcelona y que está a punto de ser confirmada por los genetistas que analizan las muestras de ADN de La Bastida y La Almoloya


Los yacimientos arqueológicos murcianos de La Bastida (Totana) y La Almoloya (Pliego), de origen argárico, podrían tener las claves del origen genético de toda la población española.

Es la hipótesis de trabajo que manejan los investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona y que está a punto de ser confirmada por los genetistas que analizan las muestras de ADN nuclear de ambos yacimientos, según informa la cadena Ser.

En la Almoloya se produjo, en el marco de la cultura del Argar, en la Edad del Bronce, el mestizaje que constituye la base genética actual de toda la población de la Península Ibérica, según los investigadores.

Según el equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona, los hombres que llegaron de fuera procedían del sur de la actual Rusia. El cambio no fue sólo genético, pues todo apunta, según las investigaciones arqueológicas, a que la importancia de la mujer en aquella sociedad de la cultura del Argar era mucho más relevante social y políticamente de lo que fue después.

Los arqueólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) que llevan nueve años desenterrando los secretos del yacimiento arqueológico de La Bastida (Totana), el mayor de Europa de la cultura argárica y conocido como 'La Troya de Occidente', se plantean abandonar su trabajo por falta de apoyo económico por parte del Gobierno regional de Murcia. La Bastida fue una ciudad amurallada de unos mil habitantes, la más grande de esa época en Europa occidental, que solo se ha excavado en un 10 por ciento.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Primeros americanos habrían llegado por mar y no por tierra

Según el estudio, un grupo de hombres habría llegado antes que los Clovis, siendo la primera civilización en llegar a América




Un equipo de arqueólogos de diversas instituciones de Estados Unidos ha publicado un artículo en la revista Science reuniendo a las teorías actuales sobre el poblamiento de América. El trabajo desestima la teoría convencional, el cual señala que los primeros pobladores de América llegaron caminando por el puente de tierra Beringia. Variada evidencia ha sugerido que otros llegaron mucho antes por mar, bordeando las costas del continente.

Durante la mayor parte del siglo pasado, la teoría más aceptada de la llegada de los humanos a este rincón del planeta fue la que postulaba al puente de tierra bajo lo que es hoy el Estrecho de Bering. En escuelas y universidades se enseñaba que los primeros humanos llegaron a América gracias a que aproximadamente hace 13.500 años, los niveles del mar bajaron tanto que hubo un paso transitable.

Un poco más tarde, aquellos primeros humanos formarían el pueblo Clovis, considerada la cultura indígena más antigua del continente. Pero los autores apuntaron que desde los años 80 las evidencias indican la presencia de personas viviendo en distintas partes de América mucho antes de la inmigración Clovis.

Esta nueva evidencia arqueológica demostró qué personas habitaron islas lejanas al Asia y tanto en costas de Norteamérica y Sudamérica en períodos entre los 14.000 y 18.000 años atrás. Algunos ejemplos hallados incluyen las Cuevas Paisley (Oregon, EEUU), Huaca Prieta (La Libertad, Perú), Monte Verde (Región de los Lagos, Chile), Taima Taima (Falcón, Venezuela), entre otros.


La vía de las algas

Toda esta nueva información, de acuerdo al trabajo, ocasionó que la mayoría de los científicos de campo abandonaran la idea de que los Clovis fueron los primeros en llegar. La mayoría ahora cree que las primeras personas lo hicieron navegando antes que caminando, y que vinieron siguiendo las costas desde el mar, y no penetrando al interior del continente. Esto habría sido posible, notan los autores de este análisis, gracias a lo que se conoce actualmente como la hipótesis de la vía de las algas.

En palabras del antropólogo Torben C. Rick, coautor del trabajo, “en un notable giro intelectual, la mayoría de arqueólogos y otros académicos hoy creen que los primeros americanos siguieron el litoral del Pacífico desde el noreste de Asia hacia Beringia y las Américas”.

Hace 17.000 años, los humanos se habrían desplazado tanto en botes como excursiones a pie desde las costas del Noroeste del Pacífico, “creando un corredor disperso rico en recursos acuáticos y terrestres”.

Todo esto gracias a bosques de algas en aquel camino que atraían peces, crustáceos y más recursos para alimentar a los viajeros.Los autores concluyen que aún se ha hecho poca investigación a las rutas de inmigración por mar. Los primeros viajeros podrían haber residido en tierras hoy cubiertas por el mar, debido al aumento de los niveles del mismo. Más pesquisas serán necesarias para saber con precisión cómo los humanos llegaron a América.
¿Quiénes fueron los pre-Clovis?

No se discute el hecho de que los Clovis llegaron por Beringia. Pero ellos, de acuerdo a las nuevas conclusiones, son una segunda ola de inmigrantes.

Pese a toda la evidencia de presencia humana, desde herramientas hasta huesos de animales descuartizados en los restos en sus fogatas, aún no sabemos quiénes fueron realmente los pre-Clovis. Estos últimos tienen tecnología con formas características, con puntas de proyectiles hechos de piedras y huesos. Pero no hemos descubierto, hasta el momento, parafernalia reconocible de los pre-Clovis.

Esto estaría cerca de cambiar gracias a las nuevas técnicas en arqueología marina que incluyen desde vehículos remotamente operados hasta láseres bajo el agua. De ellos se sirvió un equipo que desveló restos de un campamento de hace 14.500 años en Florida en un pozo de aguas negras el año pasado.

La siguiente gran pregunta a resolver es, cuándo los pre-Clovis llegaron a las Américas. El equipo cree que lo habrían hecho hace unos 20.000 años, aprovechando la vía de las algas. Aunque otros teorizadores del poblamiento temprano hablan incluso de 130.000 años, gracias a restos de mastodontes aparentemente despedazados con piedras afiladas. Acabó un debate, pero empieza uno nuevo e igual de fascinante.

viernes, 10 de noviembre de 2017

La fascinante teoría de un arqueólogo que reescribe la leyenda del caballo de Troya

El investigador Francesco Tiboni aportó pruebas para demostrar que el artefacto construido por los griegos para conquistar la ciudad podría haber sido otra cosa 


Es uno de los mitos más célebres de la historia de humanidad. Después de haber sitiado sin éxito durante 10 años la ciudad de Troya, los griegos ponen en práctica un engaño ideado por el astuto Ulises: simulan regresar a su patria y dejan en la playa un enorme caballo de madera, que esconde en su interior a los guerreros griegos más valientes. Un joven griego, fingiendo ser un desertor, explica a Príamo, rey de Troya, que el caballo fue dejado para aplacar la ira de la diosa Atenas, ofendida por la profanación de su templo, y para proteger el viaje de regreso de los griegos. Era un caballo gigante, para que los troyanos no pudieran ingresarlo en la ciudad sin tener que romper parte de sus altos muros. A pesar de las advertencias del sacerdote Laocoonte, quien es devorado por serpientes marinas, los troyanos deciden ingresarlo. Es su condena a muerte: durante la noche los griegos salen del caballo y conquistan la ciudad.

Esta fascinante historia podría ahora tener que reescribirse: según un arqueólogo italiano, el artefacto que los griegos usaron para engañar a los troyanos no era un caballo, sino un barco.

De acuerdo con la teoría de Francesco Tiboni, un investigador de la Universidad de Marsella experto en embarcaciones de la antigua Grecia, el error se debería a una interpretación equivocada de los escritores posteriores a Homero, el autor de la Odisea, el texto más antiguo en el que se hace referencia al "caballo de Troya".

Tiboni explicó su hipótesis en dos artículos publicados en dos revistas especializadas y en un libro titulado La conquista de Troya: un engaño llegado desde el mar.

La premisa del arqueólogo es que en los poemas homéricos el episodio del caballo tiene una relevancia marginal, ya que aparece en pocas decenas de los 27 mil versos de la obra. El caballo es citado recién en el octavo libro de la Odisea, mientras la historia se convierte en la que conocemos hoy en día en el segundo libro de la "Eneida", un poema escrito por Virgilio durante la época imperial romana, 800 años después de los hechos narrados por Homero.

Tiboni dice que en la Odisea hay un "fragmento clave" para validar su hipótesis. Es cuando la esposa de Ulises, Penélope, al quejarse por el hecho de que su hijo partió a la búsqueda de su padre, dice:

Según el arqueólogo, la metáfora del barco y los caballos no es causal. Para Tiboni, Homero podría haber querido hacer referencia a un tipo de barco fenicio -una población que habitaba el actual Líbano- conocido con el nombre de hippos, una palabra que en griego significa 'caballo', y cuya característica era tener el mascarón de proa con la forma de un caballo. La presencia de este tipo de barco en el Mediterráneo durante la época de Homero está comprobada por varios bajorrelieves asirios, como el de la decoración del palacio de Sargon II, en Khorsabad, que se encuentra en el Louvre de París, del 700 a. C.

Según Tiboni, entonces, cuando Homero en la Odisea cita al "caballo" no estaría pensando en un verdadero caballo, sino en un barco como el de los fenicios. Hippos no sería otra cosa que el nombre con el que los griegos definían a los barcos comerciales que circulaban en esa época.

Pero además de las pruebas arqueológicas, Tiboni hace otros aportes. En la parte de la Odisea en la que se habla del caballo, los versos que describen la estructura del artefacto son muy genéricos y no mencionan ninguna parte de la anatomía del animal. Al contrario, muchas de esas expresiones tienen mucho más sentido si son referidas a un barco.

"Homero", explicó Tiboni al diario italiano La Stampa, "tenía un conocimiento tan perfecto del tema naval que nos dejó una gran cantidad de información sobre la tecnología constructiva  de las embarcaciones antiguas".

Esa precisión técnica, paradójicamente, pudo haber hecho que los poetas y traductores posteriores a Homero —como Virgilio— malentendieran algunas partes.

"Para Homero hablar de hippos significaba referirse al barco de los fenicios", dijo Tiboni. "Para los escritores posteriores, que desconocían los temas navales, se convirtió en un verdadero caballo".

Por otra parte, el propio Tiboni matiza su hipótesis afirmando que hay varias reliquias arqueológicas, cronológicamente cercanas al período de los hechos, que muestran el caballo de Troya, como una vajilla encontrada en la isla griega de Mykonos del año 670 antes de Cristo, apenas un siglo después de la transcripción de la Odisea.

Pero la hipótesis de Tiboni, sin embargo, fue considerada por la comunidad arqueológica lo suficientemente sólida como para abrir el debate.

Además, según Tiboni, cambiando el caballo por un barco, no cambiaría el sentido del episodio del engaño de Ulises; al contrario, según algunos, la haría incluso más creíble. El barco hippos era usado para llevar joyas y pagar tributos, y esto habría podido atraer a los troyanos.

También hubiera sido más fácil para los artesanos griegos construir un barco que ya conocían —y en el que hubiera sido más fácil esconder a los guerreros— antes que improvisarse como artistas y realizar un caballo.

La polémica y el debate quedan abiertos, y el propio Tiboni es consciente de que buscar indicios históricos en los poemas homéricos es una operación delicada. Certezas hay pocas: sabemos que existió de verdad una ciudad —ubicada en la actual Turquía— donde ocurrió la historia y que fue destruida por un incendio entre el 1210 y el 1180 antes de Cristo. Y que en Grecia había poblaciones que tenían intereses comerciales en esa zona. Pero más allá de eso, es difícil aventurarse.

¿Quién fue Eleno de Céspedes?: una historia poco conocida del primer matrimonio igualitario

En julio de este año se cumplieron 430 años desde el inicio del juicio a Eleno, esclava, tejedora, sastre y cirujano. Tantos años después, en gran parte del mundo aún se sigue juzgando a las personas transgénero y al matrimonio entre pares. Esta nota propone un recorrido por una biografía inquietante


Algunos suelen creer que las reivindicaciones de género empezaron en los 60 con la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y en Europa, pero lo cierto es que toda lucha tiene su antecedente histórico que puede remontarnos cien años, o incluso varios siglos atrás. Lo histórico es variable: la ley de matrimonio igualitario, decretada en 2010 en Argentina, fue un hito histórico y, para algunos, puede ser igualada al derecho al voto de las mujeres. El periodista Bruno Bimbi sabe de esto: fue uno de los responsables de la estrategia política de esa ley y ahora está haciendo lo mismo en Brasil, donde reside; además el próximo 15 de noviembre presenta su nuevo libro, El fin del armario: lesbianas, gays, bisexuales y trans en el siglo XXI; antes había hecho lo mismo sobre las intrigas, tensiones y secretos que llevaron a la promulgación del matrimonio igualitario. Pero a veces poner excesivamente el ojo en lo contemporáneo puede llevar a eludir ciertos hechos históricos. El pasado, como escribió el escritor y psicoanalista Germán García, es "énfasis"; énfasis sobre lo que queremos decir sobre el presente cuando lo citamos. Y la historia de Elena o Eleno de Céspedes, quizá el primer transgénero que protagonizó el primer matrimonio igualitario del que se tenga memoria, sirva para ello.

Tal como consigna el libro Vidas infames: herejes y criptojudíos ante la Inquisición, de los profesores universitarios expertos en cultura hispánica Richard L. Kagan y Abigail Dyer, entre el siglo XVI y el XVII el tribunal del Santo Oficio obligaba a los acusados a hacer una "confesión completa y exhaustiva" de sus vidas, cosa que no sólo dio inicio a la autobiografía moderna, sino también a que se conservaran historias que de otra manera se hubieran perdido. Una de ellas es la de Elena o Eleno. Pero antes, para dar una idea de cómo se llegaba a juicio, primero había una denuncia anónima, que podía ser hecha por un vecino o incluso un amigo, los inquisidores "comenzaban una investigación sobre las supuestas herejías del acusado. Se entrevistaban con testigos y personas cuya proximidad con el acusado fuera conocida, conduciendo las declaraciones con el máximo secreto". Era tanto el sigilo de estos procedimientos que los testigos juraban no revelar nunca sus testimonios y los investigadores tampoco informaban a los acusados, a no ser que estas declaraciones confirmasen la denuncia inicial, en tal caso se los detenía y eran interrogados con esta primera pregunta: "¿Por qué cree que usted ha sido arrestado?". Jamás se les imputaba un delito y en esta primera audiencia de tres en total "los inquisidores planteaban una serie de preguntas rutinarias a los acusados, entre las que figuraba la petición de un relato de sus vidas", con el fin de obtener esa "confesión completa y exhaustiva". De este modo los inquisidores a través de escribanos iban registrando las autobiografías de los acusados. Después de la tercera audiencia éstos tenían derecho a torturarlos. Gracias a este procedimiento inquisitorial a Elena de Céspedes, que duró entre julio de 1587 y diciembre de 1588, sabemos de su vida, que ha sido material para una novela histórica, Esclava de nadie (2010), del español Agustín Sánchez Vidal, una obra de teatro, una reciente biografía (Elena o Eleno de Céspedes: un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II, de Ignacio Luis Rodríguez) y una no tan amplia gama de estudios de género.

Hacia 1545, en un pueblo de España de cuyo nombre no me puedo acordar nació una esclava mulata. Su amo, Benito de Medina, pronto la liberó. A la edad de ocho o diez años la hija de Medina se casó y la esclava liberta, aún sin nombre, se fue a vivir con ella como sirvienta; luego de dos años regresó a vivir con Medina y su esposa llamada Elena de Céspedes, pero ella murió y debido a eso tomó su nombre. Decidió entonces ir a vivir con su madre, donde aprendió a tejer. A los quince años se casó con Cristóbal Lombardo. "Con él", como cuenta ella en las actas inquisitoriales, "hice vida [maridable] como tres meses, poco más o menos, y porque me llevaba mal con él, él se ausentó y se fue. Quedé sola, y preñada". Al poco tiempo murió su madre y se marchó a Granada, donde estuvo unos meses en casa del tesorero de la Capilla Real de esa ciudad. Como tejedora –oficio que por esa época estaba emparentada con la cirugía– se dedicó a la sastrería y la calcetería. Peregrinó por varios pueblos practicando estos oficios, en uno de ellos tuvo una riña con un proxeneta y estuvo en la cárcel por amenazas; al salir de ella decidió "andar en hábito de hombre, y dejé el de mujer, que hasta allí siempre traje", pero no está claro si el temor o la protección que imaginó que le daban la ropas de varón fueron las únicas razones para ello.

Elena, ahora sin nombre y con ropas de varón, volvió a su peregrinaje, esta vez trabajando en la labranza y el pastoreo. Fue en esta época cuando alguien sospechó que era homosexual y fue otra vez llevada a la cárcel, donde por suerte un vecino de su pueblo natal dijo que no era homosexual sino Elena de Céspedes. Nuevamente en libertad y como era costumbre entre los sacerdotes, uno de ellos la empleó en su casa, pero la obligó a vestirse con ropas de mujer. En esa casa Elena tuvo una relación con la hermana del sacerdote, relación que le valió la expulsión de ahí. Justo en ese momento los moros de Granada se levantaban y Elena volvió a adoptar las prendas de varón y se marchó a la guerra, haciéndose llamar simplemente Céspede y enrolándose como soldado "con el duque de Arcos en su compañía hasta que acabó la guerra [de Alpujarras, 1568-1670]", luego de lo cual volvió al pueblo de Arcos a practicar su oficio de sastre.

De vuelta en sus peregrinajes y siempre en el mismo oficio y con las mismas ropas de varón, llegó a la corte real que recién se había instalado en Madrid: "Tomé amistad con un valenciano, cirujano y él me llevó a su casa por huésped. Comenzó a darme lecciones de curar, y aprendí bien, dentro de pocos días curaba tan bien como el mismo cirujano". Tenía en esa época poco más de veinticinco años. Dejó el oficio de sastre y comenzó a practicar la cirugía en el hospital de la corte "asistiendo y practicando en él como tres años, al cabo de los cuales me fui al Escorial a curar a Obregón, que era un criado de Su Majestad, y comencé a curar públicamente y andaba por aquellos lugares de La Serranía curando más de dos años". Por esos años la cirugía y la medicina eran prácticas separadas y a la vez complementarias: la medicina se enseñaba en la universidad mientras que la cirugía se aprendía como oficio y tenía un estatus inferior, de este modo los cirujanos se encargaban de las heridas, purgaciones y extracción de muelas. Se fue a otro pueblo donde estuvo practicando la cirugía y donde por primera vez se enamoró de una mujer, de una viuda llamada Isabel Ortiz, a quien le propuso matrimonio, pero ella no aceptó.

Triste, fija su mirada en los soldados y se dedica a sanar sus heridas, como si en esas heridas estuvieran las suyas. Otra vez a la deriva recorre pueblo tras pueblo, hasta que estando en Campozuelos se enferma, y las casualidades del destino hicieron que fuera huésped de Francisco del Caño. La vida de Céspedes iba a cambiar drásticamente, porque allí conoció a la hija de Del Caño, María, de quien se enamoró y "la pedí por mujer a sus padres y ellos dijeron que sí". Como el derecho canónico regía las relaciones entre las personas fue a Madrid para pedir licencia al vicario y así poder casarse, además era muy importante "hacer las amonestaciones", que era el modo en que se avisaba públicamente en las parroquias vecinas del compromiso, con el fin de que si alguien conociera algún "impedimento canónico" para que no se llevara a cabo lo hicieran saber. Cuando se entrevistó con el vicario, éste le preguntó por qué era tan lampiño y si era capón. Eleno, a esa altura ya había asumido ese nombre, fue examinado por tres hombres, que determinaron que era varón y que no era eunuco. El vicario entonces autorizó su matrimonio, y se hicieron las amonestaciones. Transcurrido un tiempo apareció Isabel Ortiz diciendo que él ya le había ofrecido matrimonio. Pero el rumor de que era macho y hembra lo obligó a regresar a la corte, donde dos médicos quisieron examinarlo, pero como era conocido ahí decidió que tal examen ocurriera en Toledo.

Antes de llegar tomó una decisión algo extrema: cosió sus labios inferiores para ocultar su "propia natura de mujer", y así se expuso ante los médicos y autoridades de esa ciudad, y "ninguno de ellos pudo meter el dedo ni conocer que yo tuviese sexo de mujer, y aunque es verdad que tentaban una duraçen del arrugamiento que había hecho, y me preguntaban qué era aquello, yo les respondí que una almorrana que había tenido allí o apostema, me había dado allí un botón de fuego y me había quedado aquella dureza". Sus conocimientos de medicina le ayudaron para que los expertos determinaran que no tenía sexo de mujer y "diciendo que era hombre" volvió a Madrid, le presentó el informe al vicario, quien hizo que la volviesen a revisar. Eleno repitió el procedimiento quirúrgico y con los labios cosidos se presentó ante los expertos de Madrid con idéntico resultado. Con la licencia se pudo, por fin, casar con María del Caño en Campozuelos.

Fue así como casi a la edad de cuarenta años Eleno de Céspedes contrajo matrimonio con María del Caño. Dicen que fue una ceremonia sencilla pero linda. Pronto debido a que en un pueblo aledaño no había cirujano, la feliz pareja se mudó allí, y mientras Eleno trabajaba en su oficio sanador, María se dedicaba a las labores domésticas, pero no fue una pareja de mujer y mujer, porque Eleno se asumía varón, y según se supo después, la penetraba a María con un dildo (consolador) de madera forrado en cuero. María se había casado virgen y era inexperta, y cuando fue interrogada por la Inquisición, señaló que tenía relaciones con su marido, pero que nunca había visto su pene. Podría decirse que la vida sexual de la pareja era, en apariencia, como la de cualquier pareja heterosexual, salvo que no se trataba de una pareja heterosexual. Pero surgieron los problemas, o mejor dicho, el pasado de Eleno se hizo presente. Un día el alcalde de ese pueblo recordó haberlo visto vestido de mujer en la guerra de Granada y le escribió al corregidor contándole que se decía que era macho y hembra. El corregidor tomó nota y tramitó la acusación de sodomía en contra de Elena ante el Santo Oficio.

El delito de sodomía, que incluía todas las actividades sexuales que no estaban destinadas a la reproducción, era un cargo capital, pero además el corregidor agregó a ese cargo el de engaño a su mujer. Eleno se defendió en un tribunal laico de su pueblo argumentando que era hombre y que como tal no había engañado a nadie y que había tenido relaciones con otras mujeres "por naturaleza, no antinaturalmente". En otro momento le preguntaron si había sido hermafrodita y su respuesta fue la siguiente: "En realidad, de verdad, soy, y fui hermafrodita, que tuve y tengo dos naturas, una de hombre, y otra de mujer. Lo que pasó es que cuando yo parí, como tengo dicho, con la fuerza que puse en el parto me le rompió un pellejo que tenía sobre el caño de la orina, y me salió una cabeza como medio dedo pulgar, que parecía en su hechura cabeza de miembro de hombre". Es decir la maternidad la convirtió, según ella, en macho. En el resto de su declaración explica cómo cuando aún era sastre empezó a sentir atracción por las mujeres, específicamente por Ana de Albánchez, a quien no sólo besó sino que también se echó encima de ella. También reconoció haber tenido relaciones con la hermana del sacerdote que lo había albergado tiempo atrás. Sin embargo advierte que sólo su mujer y Ana de Albánchez conocían de su parte femenina.

Según los historiadores Kagan y Dyer, aún para la época, el testimonio de Eleno de Céspedes era poco consistente: "Declara que el corregidor de Arcos descubrió que era mujer y le obligó a utilizar un atuendo femenino y a trabajar como sirvienta en casa del sacerdote. Cuando volvió a Arcos después de haber ido a la guerra, volvió vestido de hombre, pero 'todo el mundo sabía' que era una mujer". De acuerdo a esto, estos historiadores sugieren que las autoridades locales le permitieron vivir como un hombre pero con la advertencia de que en su local debía colgar un cartel que decía "sastra". En este punto vale la pena preguntarse si las autoridades estaban al tanto de la sexualidad de Eleno, ¿por qué en plena Inquisición lo dejaron vivir tranquilo? ¿O es que en un momento hubo conductas que se podían tolerar y en otro no?

Más allá de esto, Eleno era una persona que aprendía rápido y estaba atento a todo: por ejemplo estaba al tanto de los casos de hermafroditismo que la ciencia discutía y tal argumento lo usó en su favor durante su juicio. La poca consistencia de sus testimonios de la que hablan los historiadores era pura sagacidad para adaptarse a los vaivenes del proceso judicial. Por ejemplo, cuando le preguntan por qué no tenía pene, responde que el miembro que le había salido después del parto "se me acabó de caer poco más de quince días, y lo que en esto pasa es que antes de Nuestra Señora de agosto [el día 15] pasado, a mí me dio un flujo de sangre por mis partes naturales de mujer, y por la trasera, y luego me dio un dolor grande de riñones, y me llagó por andar en caballo por la raíz de mi miembro, y me le enmustió el miembro, volviéndose ello como de esponja, y me lo fui cortando poco a poco, de manera que habiendo a quedar sin ello". Cuando le preguntan por sus testículos, responde aún más sagazmente que éstos son internos, es decir, invisibles. La mujer de Eleno declaró no haber tocado nunca su pene, por vergüenza, aunque sí lo había sentido. Las sospechas de los inquisidores era que usaba alguna clase de dildo o consolador, y se lo consultaron a María, quien sólo respondió que de vez en cuando tocaba su "naturaleza" con la mano, justo después de copular.

Pese a su defensa de hermafroditismo, Eleno de Céspedes fue condenado por los cargos de brujería y falta de respeto hacia el sacramento del matrimonio a doscientos latigazos no demasiado fuertes, humillación pública y a trabajar durante diez años en un hospital de caridad como cirujano, "sin remuneración alguna y vestida con atuendo de mujer". En parte tuvo suerte y en otra parte supo llevar el juicio a su favor, ya que el cargo de sodomía lo hubiera llevado a la muerte. Para los autores de Vidas infames, el juicio de Eleno muestra una época "en que las normas sobre conducta sexual estaban estrictamente reguladas en el derecho real, inquisitorial y canónico" y si bien existía una tendencia "a hacer la vista gorda, así como quitarle importancia a transgresiones sexuales moderadas, esto no explica la entusiasta recepción que recibió Elena después del juicio inquisitorial". Y es que Eleno obtuvo una fama no buscada, ya que muchas personas se iban a atender con ella en el hospital donde cumplía su condena; en una carta el administrador de este hospital se quejó de la cantidad de gente que la iba a ver "de forma tumultuosa" y pidió que la trasladasen a otro recinto para volver a trabajar con tranquilidad.

En julio de este año se cumplieron 430 años desde el inicio del juicio a Eleno de Céspedes, esclava, sastre, cirujano, esposo, y todavía hoy se sigue juzgando a personas transgénero, inclusive en algunos países el matrimonio igualitario es mirado de la misma forma. A veces pareciera que los ejemplos que entrega la historia no sirven para nada, porque ciertas sociedades son refractarias a ellos y se resisten a cambiar. Con todo, la figura de Eleno es tan fuerte, tan atractiva, y sus peripecias son tantas, que resulta difícil abstraerse de ella después de conocer parte de su vida.

Fuentes: infobae

¿Fue el papa Inocencio VIII el padre de Colón?

Cada tanto se publican versiones sobre el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón, pero los documentos más fiables confirman que la historia ha tenido la razón: es genovés.


Lo que sí parece ocultar un misterio es el tema de su paternidad. Existe una teoría muy interesante publicada hace 16 años por el periodista italiano Ruggero Marino, ganador del Premio Scanno, que modificaría la manera que tenemos de ver a Colón. Marino, después de doce años de estudios, anuncia que el verdadero padre del navegante fue el papa Inocencio VIII.

Posteriormente, otros dos historiadores italianos, Lioniero Boccianti y Renato Biagioli, presentaron en el 2004 nuevas investigaciones que ampliaban las noticias del 2001.

El nombre de pila de Inocencio VIII fue Giovanni Battista Cybo, y nació en Génova en 1432. Sus padres fueron el noble genovés Arano Cybo y Teodorina d’Mari. Arano tenía habilidades como diplomático, y fue enviado a Nápoles con la misión de apoyar a Alfonso V de Aragón. Al finalizar su encargo regresó a Roma, donde fue nombrado senador.

La infancia de Giovanni Battista transcurrió en la corte napolitana del rey aragonés. Su formación académica la acabó en Roma, donde entró al servicio del cardenal Calandrini, hermanastro del papa Nicolás V, ordenándose como sacerdote. Gracias a esta conveniente relación fue nombrado, en 1467, obispo de Savona por el papa Pablo II.

Cuando tenía alrededor de 37 años, Cybo ingresó a la Curia Romana, donde, al cabo de un tiempo y adecuadamente recomendado, recibió el birrete de cardenal otorgado por el papa Sixto IV, Francesco Della Rovere, también genovés.

A la muerte de este último, en 1484, fue elegido papa y escogió el nombre de Inocencio VIII, con el cual rigió los destinos de la Iglesia católica por ocho años, hasta su muerte en 1492.
La madre biológica de Colón

En 1417, en Nápoles, contraen nupcias el príncipe de Táranto, Giovanni Antonio del Balzo Orsini, de 24 años, y la noble romana Anna Colonna, de 13, sellando la fusión de dos renombrados apellidos. Como todos los enlaces de la época, eran uniones pactadas de acuerdo con intereses económicos.

El príncipe Orsini nació en la provincia de Bari en 1393 y murió en la misma ciudad en 1463 a manos de sicarios del rey de Nápoles, Alfonso de Aragón. Nunca tuvo una relación auténticamente amorosa con Anna; estuvieron casados durante 46 años y no tuvieron descendencia porque se rumoraba que ella no podía darle hijos. Anna quiso desmentir los rumores, así que hacia los 40 años tuvo una relación extraconyugal con Giovanni Battista Cybo, que apenas tenía 14 y no había vestido aún los hábitos sacerdotales. Este episodio tuvo lugar en Nápoles en 1446, y fue así como Anna quedó embarazada siendo la esposa del príncipe Orsini.

La hermana mayor de Anna intervino y la envió a donde unos familiares en el norte de Italia a refugiarse hasta el parto. Así, entre 1446 y 1447 nació un niño bautizado con el nombre de Cristóforo. El papa Inocencio VIII, cuando aún era Giovanni Battista Cybo y residía en Nápoles, tuvo siete hijos ilegítimos con diferentes mujeres. Solo dos fueron legitimados y ubicados en altas esferas, Teodorina y Franceschetto.

Con referencia al hijo ilegítimo Cristóbal, el sacerdote Cybo, con 25 años a cuestas y Cristóbal de 10, consigue darlo en adopción a un comerciante de lanas y tejedor residente en Génova de nombre Doménico Colombo, casado con Susanna Fontanarossa, quienes se convirtieron en sus padres. Legal y socialmente hablando, Cristóbal Colón nunca fue reconocido por Inocencio VIII, pero parece ser un hecho, según las investigaciones de Marino, que siempre le brindó su apoyo cumpliendo su rol de protector.

Esto justificaría cómo un muchacho desconocido proveniente de una familia común de Génova, haya tenido acceso directo a las monarquías y a documentos valiosos de la Biblioteca Vaticana.

Los esposos Colombo tuvieron cuatro hijos biológicos, y Cristóforo, desde 1457, vivió con ellos en Génova. Cuando cumplió 20 años, la familia decidió trasladarse a Savona buscando mejorar su situación económica.

Giovanni Battista Cybo continuaba su exitosa carrera religiosa: en 1467, el papa Pablo II lo nombró obispo de Savona.

Inicio de la vida marítima

En 1469, Colón ya había iniciado su formación como marinero y Anna Colonna fallecía. Cuentan que desde el principio tenía grandes habilidades como navegante, y por eso al trasladarse a Savona logró ingresar al servicio marítimo bajo las órdenes de Renato d’Angio, quien, a pesar de haber sido expulsado de Génova con todas sus tropas, continuaba fletando galeras genovesas para combatir al rey de Aragón.

En adelante la historia continúa como la conocemos y tiene por final conocido el primer viaje, con el descubrimiento de América, aunque vale la pena citar una hipótesis que apunta a que hubo otro viaje anterior.

Marino destaca en su investigación el viaje secreto efectuado por el capitán de Huelva (España) Martín Alonso Pinzón a Roma en la primavera de 1492, que ha servido para generar dos hipótesis diferentes:

La versión española asegura que Pinzón, que había oído hablar del viaje que iba a cumplir Colón a las Indias, ansiaba realizarlo por su cuenta y para ello se desplazó secretamente a Roma a bordo de una carabela de nombre Condesa. Dijo, como pretexto, que transportaría un cargamento de sardinas. Pero iba a reunirse con un amigo suyo, cosmógrafo empleado en la Biblioteca Apostólica del Vaticano, quien le prestaría un documento en el que se describía un viaje trasatlántico al Japón efectuado años atrás.

Lo contó Arias Pérez, hijo de Martín Alonso, quien acompañó a su padre a Roma, sabiendo también del viaje que iba a realizarse en dos carabelas después. Ambos regresaron a Palos de la Frontera el 23 de junio de 1492.

La versión italiana sostenida por Marino afirma que Pinzón fue enviado a Roma capitaneando la carabela Condesa, como portador de una carta firmada por Colón y dirigida a su padre, el papa Inocencio VIII. En la carta le informa del viaje que está próximo a realizar y le solicita que le permita a Pinzón acceder a la biblioteca personal del pontífice, para consultar unos mapas de los cuales el navegante genovés tenía conocimiento.

Pinzón regresó el 23 de junio de 1492 e inmediatamente dio comienzo, con Colón y sus hermanos, al reclutamiento de la tripulación de las tres carabelas.

Las actas notariales que contienen las declaraciones de los marineros en los Pleitos Colombinos certifican que Pinzón visitó la Biblioteca Vaticana, mantuvo conversaciones con el responsable y trajo de regreso de Roma mapas y la ynstruicion de la navegacion, según lo declaró Pedro Alonso Ambrosio en Sevilla, en 1515, certificado por el fiscal del caso.

Existe también información de que este viaje hacia las Indias lo quería realizar Inocencio VIII años atrás, contando con el apoyo de dos carabelas de la Santa Sede, tripuladas por marineros genoveses y acondicionadas con el respaldo financiero de banqueros florentinos liderados por Lorenzo de Médici. Solo existe el rumor de este viaje, pero no hay pruebas: si se realizó, nunca fue público.

El primer viaje

Cuando Colón, viudo de Felipa Moniz Perestrello, llegó a España a finales de 1484, en compañía de su pequeño hijo Diego, la Iglesia ya era liderada por el papa Inocencio VIII.

El 17 de abril de 1492 Colón firmó en el campamento de Santa Fe las Capitulaciones con los Reyes Católicos. Ese mismo año, el 23 de mayo, ocurrió un acontecimiento inesperado en Palos de la Frontera: el pregonero municipal dio lectura a un decreto real, según el cual el pueblo debía contribuir con dos carabelas, incluida tripulación, al proyecto de Colón, en pago de una vieja condena por haber desobedecido las órdenes reales existentes de años atrás, relacionadas con los derechos de explotación de las costas africanas.

A nadie le hizo gracia el Decreto Real y miraron con malos ojos a ese desconocido navegante que había hecho remover el cobro de esa vieja violación.

Sin embargo, Colón recibió apoyo de un prestigioso capitán de barco de la región, Martín Alonso Pinzón, presentado por su amigo el marino Pero Vázquez de la Frontera y por los franciscanos de la Rábida. Con el apoyo de Pinzón, Colón logró convencer a la gente y entre ambos armaron una flota de tres naves con las cuales darían inicio al primer viaje.

Muerte de Inocencio VIII

Inocencio VIII murió en Roma el 25 de Julio de 1492, ocho días antes de la partida de Colón desde Palos de la Frontera, el 3 de agosto. Su mausoleo en bronce está ubicado en el lado izquierdo de la Basílica de San Pedro y fue construido por el artista florentino Pollaiuolo.

Aún resulta un misterio la inscripción que aparece al pie de su tumba, donde un epígrafe en latín dice: Novi orbis suo aevo inventi gloria (Suya es la gloria del descubrimiento del nuevo mundo).

Colón regresó a España el 15 de marzo de 1493. Parecería que este texto hace referencia a la hipótesis según la cual el Nuevo Mundo ya había sido descubierto por Colón o por algún otro navegante designado por él en el año 1485, siete años antes de la fecha oficial de octubre de 1492.

¿Será cierto que ese viaje fue organizado por Inocencio VIII con el apoyo de los genoveses y los florentinos? ¿Cuál fue su participación en el Descubrimiento de América?

La relación entre Colón y el papa Inocencio VIII todavía tiene muchas preguntas por resolver. Quizás cuando sea posible acceder al Archivo Secreto de los papas, sección hasta hoy intocable de la Biblioteca Apostólica Vaticana, pues el pontífice es el único autorizado para darlo a conocer.

martes, 7 de noviembre de 2017

Curso de Experto Universitario en Genealogía y Archivos de la Universidad de Córdoba

Curso de Experto Universitario en Genealogía y Archivos de la Universidad de Córdoba tendrá una nueva edición el año académico 2017-2018, bajo la dirección del Profesor Enrique Soria Mesa, catedrático de Historia Moderna y director del Laboratorio de Estudios Judeoconversos de la UCO.


Actualizando los contenidos de anteriores ediciones, nuestro objetivo sigue siendo ofrecer una formación de postgrado, bajo el aval de la Universidad de Córdoba, que integre contenidos que pocos títulos reúnen en un mismo programa de estudios: los estudios genealógicos, el mundo de los archivos y las escrituras antiguas. Hacerlo además de un modo eminentemente práctico y desde la docencia virtual, de modo que lo hagamos accesible a todas las personas interesadas, independientemente de sus horarios o lugar de residencia.
Un curso más, ¡bienvenidos!

N.B.: Quienes no estén en posesión de un título académico (grado, diplomatura, licenciatura o ingeniería) podrán cursarlo igualmente en su modalidad de Diploma de Especialización Universitaria.

Fuente: genearch.wordpress