lunes, 23 de enero de 2017

Antonio Huachaca, el indio que llegó a general del Ejército Real del Perú

Dice el aforismo que si la conquista de América fue una guerra civil indígena, los procesos independentistas que dieron lugar a los países iberoamericanos actuales nacieron de una guerra civil entre españoles. 

Y, efectivamente, en aquellos procesos emancipatorios los indios jugaron un papel secundario, más como porteadores que como combatientes. No obstante, y frente a otros grupos étnicos o raciales, en general tendieron a mantenerse al lado de las autoridades virreinales, conscientes de que éstas constituían, con su cobertura legal, el único paraguas protector ante el despojo que, imaginaron, traerían las ambiciosas oligarquías criollas. 

Gral. Andrés de Santa Cruz
Aún así sorprende el hecho de que un humilde campesino quechua alcanzara el grado de general del ejército realista. Se llamaba Antonio Huachaca.

Sus sencillos orígenes hacen que esa primera parte de su biografía deba hacerse a base de muchas conjeturas. Así, se ignora la fecha exacta de su nacimiento, situándose éste en el último cuarto del siglo XVIII, en la localidad de San José de Iquicha, en el actual departamento de Ayacucho, por entonces integrado en el Virreinato del Perú. 

Una tierra agreste y dura que ya en tiempos prehispanos presentó denodada resistencia al dominio inca y que luego fue escenario de varias insurrecciones, antes y después de la emancipación, así como área de operaciones del grupo terrorista Sendero Luminoso, ya en la segunda mitad del siglo XX. 

Al parecer, Huachaca era un simple arriero carente de recursos que ni siquiera sabía leer y escribir, pero que pertenecía a ese grupo selecto de personas que irradian un carisma especial capaz de ganarse el afecto y la devoción de la gente, sobre todo la de los más desfavorecidos económicamente.

De hecho, los primeros datos concretos, fechados en 1813, le situan liderando a los descontentos con los abusivos impuestos decretados por el intendente iqueño, que desobedecía así la orden emanada de las Cortes de abolir el tributo indígena y la minka (una versión de la mita que consistía en la prestación laboral obligatoria gratuita para la ejecución de obras publicas) como represalia por los disturbios ocurridos el año anterior entre liberales y absolutistas, en los que los indios apoyaron la autoridad real. 

Al año siguiente se produjo la llamada Rebelión de Cuzco; esta intendencia, junto a las de Puno, Arequipa, Huamanga y parte de Charcas, se alzó contra el virrey José Fernando de Abascal y Sousa en apoyo de la Junta de Buenos Aires, exigiendo la formación de una diputación autónoma, tal como mandaban las Cortes, y que el tribunal de la Real Audiencia del Cuzco desoyó encarcelando a los participantes.

Éstos estaban liderados por los hermanos José, Vicente y Mariano Angulo, miembros del cabildo cuzqueño, que tuvieron que huir y unirse al cacique Mateo Pumacahua para formar una junta y un ejército con el que tomaron La Paz, Huamanga y Arequipa. El movimiento terminó en marzo de 1815, duramente reprimido por las tropas del general José de la Serna, a cuyas órdenes se puso Antonio Huachaca como comandante de milicias, actuando con tácticas guerrilleras. Su natural habilidad para la estrategia, superando las carencias materiales con que contó, llevó a que se le ascendiera a general de brigada. 

Fue la primera vez que tuvo ocasión de demostrar su valía militar pero no la última porque con la situación en España, el país ocupado por los franceses primero y las luchas entre Fernando VII y los liberales después, llegó la ocasión que esperaban los criollos para iniciar los procesos independentistas.

En un primer momento la región de Huamanga se convirtió en escenario de enfrentamientos entre tropas irregulares de uno y otro bando, pero luego, en 1820 se creó el Ejército Unido Libertador del Perú, constituído por fuerzas autóctonas que se engrosaron con otras procedentes del Río de la Plata, Chile y la Gran Colombia, y a cuyo mando estaba José de San Martín, que poco a poco fue arrinconando al Ejército Real del Perú. 

Pero aún faltaba por librarse un sangriento enfrentamiento conocido como la Guerra de Iquicha, que estalló en 1825 por el descontento de los campesinos indios de esa zona, que por su apoyo a los realistas fueron castigados por el mariscal Sucre a pagar un impuesto especial que se sumaba al restablecido tributo indígena y a las políticas liberales de sustituir las tierras comunales por una parcelación individual, algo ajeno a los conceptos indios.

Asimismo, la región de Huamanga (Ayacucho) era el lugar donde se refugiaban los restos de los simpatizantes realistas: exmilitares, curas, comerciantes expoliados… Un grupo muy heterogéneo que encontró una causa común con la corona española y la religión como símbolos y el descontento como aglutinante. Para empeorar las cosas aparecieron los guerrilleros morochucos. 

Éstos eran una especie de gauchos, jinetes dedicados a la cría de ganado que apoyaron tradicionalmente los intentos emancipadores para evitar que el gobierno les incautase sus reses para alimentar a los soldados, de manera que el conflicto adquiría tintes muy complejos, con el extra del clásico choque entre agricultores y ganaderos.

En enero de 1825 Antonio Huachaca puso en pie de guerra a varios miles de indios, con numerosa caballería pero pocas armas de fuego, a pesar de lo cual logró evitar el intento de detenerlos del gobierno. En junio pasaron al ataque y asaltaron Huachaca y Huantayo, incrementando sus efectivos con la adhesión de los Húsares de Junín, aunque fracasaron en el intento de entrar en Ayacucho. La represión llevada a cabo por el general Andrés de Santa Cruz fue brutal, con ejecuciones sumarias, exterminio de ganado e incendio de viviendas, obligando a los guerrilleros a huir a las montañas. 

Parecía que todo había terminado pero en noviembre de 1827 descendieron de nuevo para seguir luchando dirigidos por Antonio Huachaca, haciendo una incursión en Huanta para después dirigirse a Ayacucho, desde donde pensaban desarrollar una campaña de conquista de las principales ciudades para restaurar la monarquía hispana. 

Al grito de ¡Viva el Rey! y enarbolando una bandera con la cruz de Borgoña, Huachaca, que había sido nombrado Gran Jefe de la División Restauradora de la Ley, se lanzó sobre Ayacucho… y volvió a fracasar ante la defensa cerrada de su guarnición. Un par de derrotas más supusieron el final definitivo; poco a poco todos los oficiales fueron cayendo presos o muertos y, ya sin defensa, los indios empezaron a ser exterminados a sangre fría ; sólo unos pocos lograron sobrevivir escondidos en los cerros. 

En agosto de 1828 aún librarían una batalla desesperada en Uchuracayy, armados sólo con ondas y lanzas, en la que perdió la vida Prudencio, el hermano de Antonio. Éste pudo escapar a caballo de la masacre, si bien su mujer y su hijo cayeros presos.

A lo largo de los años siguientes, con la cabeza puesta precio y mientras los indígenas seguían rebelándose esporádicamente (ya en clave estrictamente nacional), Huachaca tuvo que permanecer en la clandestinidad. En 1834 estalló la guerra civil entre los liberales de Orbegoso y los conservadores de Gamarra; ambos intentaron atraerse a las milicias indias de Huanta, consiguiéndolo el primero, que fue quien finalmente se hizo con la presidencia. 

Orbegoso había mantenido comunicación con Huachaca pero nunca llegaron a encontrarse porque éste no se fiaba de él (no lo hacía de ningún republicano), aunque a cambio se le ofreció educación para su hijo.

El otrora general del Ejército Real todavía participaría en una nueva guerra que duró de 1836 a 1839: la de la Confederación Peruano-boliviana, una institución que se veía como continuación de la monarquía y en la que pasó de ejercer de juez de paz y gobernador de Carhuaucran (además de ostentar el cargo honorífico de Jefe Supremo de la República de Iquicha) a obtener una brillante victoria en la batalla de Campamento-Oroco cayendo sobre el enemigo de improviso usando una tormenta para acercarse sin ser detectado. 

El Tratado de Yanallay puso fin a las hostilidades pero mientras Tadeo Chocce (otro indio que hizo carrera militar, llegando a coronel, aunque éste no era analfabeto) aceptó firmarlo, Huachaca se negó porque era reoconocer la derrota, por lo que cambió su nombre (pasó a llamarse José Antonio Navala Huachaca, en honor de Sucre y de la marina peruana) y marchó al exilio en la región selvática de Apurímac, donde fallecería en 1848. Hoy está enterrado en su Iquicha natal, en el altar mayor de la iglesia, y es considerado un héroe por la comunidad indígena.

Fuente: La Brujula Verde

23 de enero de 1844 - El Gral San Martín otorga Testamento en París

Es el segundo testamento conocido de José de San Martín, dictado en París, seis años antes de su muerte. El anterior, de 1818, había sido confeccionado luego de la victoria en Chile y antes de la Expedición al Perú.

En éste caso, nos referiremos al de 1844.
Ya los años, y una mala salud, le pesaban al Libertador, es por eso que dicta éste, previendo su próximo final, su último Testamento.



Tiene varios detalles destacables, como el legar su Sable Corvo a Juan Manuel de Rosas. Y en este punto hay que ser precisos. El testamento es del 23 de enero de 1844, y la Vuelta de Obligado aconteció el 20 de noviembre de 1845, es decir que la entrega de su sable NO SE DEBIÓ a lo acontecido en la famosa Batalla, como algunos argumentan.

También es de destacar que firma como "Brigadier General de la Confederación Argentina", grado que poseía al momento de su muerte, y que a nuestro entender, es con el que se lo debe reconocer.
Otro detalle a señalar es la restitución del Estandarte de Pizarro al Perú, el cual había sido obsequiado al Libertador por el gobierno peruano.

Aquí una copia del texto.

"En el Nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como Hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú, y Fundador de su Libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente testamento lo siguiente.

Primero, dejo por mi absoluta heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce.

Es mi expresa voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Elena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta su muerte sin que para asegurar este don, que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi voluntad.

El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillada.

Prohibo el que se me haga ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio, sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Declaro no deber ni haber jamás debido nada, a nadie.

Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar, que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz; yo la ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si es que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Todo otro testamento o disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veinte y tres de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño letra.

José de San Martín

Artículo adicional. Es mi voluntad el que el estandarte que el bravo español don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú sea devuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus Gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso.

José de San Martín."

*Aclaración: Se respetó la ortografía de la fuente documental.

Fuente: Granaderos Bicentenario

domingo, 22 de enero de 2017

22 de enero de 1826: Rendición de la fortaleza de El Callao. Fin del dominio español en América del Sur

22 DE ENERO DE 1826.

El Almirante Guillermo Brown realizó un bloqueo al puerto del Callao el 21 de enero de 1816. Al mando de una flotilla, Brown capturó algunos barcos españoles y bombardeó el puerto sin causar mayores daños.



El 16 de enero de 1819, la fortaleza rechazó el ataque libertador del almirante Lord Thomas Cochrane durante el gobierno del virrey Joaquín de la Pezuela. Ese intento infructuoso obligó al general José de San Martín a entrar a la capital por Pisco y no por el Callao. Una vez declarada la independencia, se ordenó el sitio del fortín, que se hallaba bajo dominio español al mando del general José de La Mar.

El 19 de septiembre de 1821, al ver la escasez de alimentos y la amenaza de epidemia que sufrían sus tropas, La Mar decidió entregar la plaza y unirse a las fuerzas independentistas. San Martín entonces renombró la fortaleza bautizándola como "Castillo de la Independencia".

La fortaleza volvió a dominio español tras la Sublevación del Callao realizada por el sargento Dámaso Moyano en 1824, tomando el mando de ésta el brigadier español José Ramón Rodil y Campillo, quien, negándose a reconocer la capitulación de Ayacucho, se encerró en la fortaleza y resistió el sitio de las fuerzas patriotas al mando del general Bartolomé Salom hasta el 22 de enero de 1826, en que entregó la plaza al ver que la ayuda de España no llegaba.

Esta acción fue el fin del Imperio español en América del Sur, pues el mismo día se juraba la independencia de Chiloé, que fue anexionado a Chile con la firma del Tratado de Tantauco una semana antes.

Fuente: Granaderos Bicentenario

jueves, 19 de enero de 2017

Descarga Gratuita: Catalina de los Ríos y Lisperguer

Los antepasados de Catalina de los Ríos y Lisperguer, más conocida como La Quintrala, se remontan a los tiempos de la conquista. El clan provenía del concubinato entre Bartolomé Flores, carpintero alemán y compañero de Pedro de Valdivia y la cacica Elvira de Talagante. Su única hija, la mestiza Agueda Flores, heredó una de las más altas fortunas acumuladas en Chile hasta entoncese y ejerció un extenso poder, durante los cien años que vivió. Se casó con Pedro Lisperguer con quien tuvo ocho hijos, entre los que se contaban dos mujeres de carácter fuerte: María y Catalina Lisperguer. A ellas, se les acusó de tener pactos con el diablo y sobre Catalina pesó el cargo de asesinar a azotes a una hijastra. Luego de intentar envenenar al gobernador Alonso de Ribera fueron ocultadas de su ira, gracias a la poderosa influencia que ejercía su familia, por los agustinos, los dominicos y los mercedarios.


martes, 17 de enero de 2017

18 de Enero de 1535: Fundación de Lima

La fundación de Lima fue realizada un 18 de enero de 1535 por orden del conquistador español Francisco Pizarro, quien escogió el lugar por su cercanía al mar, la gran cantidad de buenas tierras para labrar y la existencia de abundante leña.




En los meses de Setiembre y octubre de 1534, Francisco Pizarro estaba en busca de un lugar en la costa peruana para fundar la ciudad que con el tiempo sería la Ciudad de los Reyes.

La resolución de fundar la ciudad en los llanos fue adoptada en el Cabildo de Jauja el 4 de diciembre de ese año, quedando dicho que todos los vecinos se mudarían a la nueva ciudad.

El 8 de enero de 1535 en Pachacamac fueron nombrados tres comisionados: Ruiz Díaz, Juan Tello y Alonso Martín de don Benito, para que como personas antiguas y experimentadas escogieran el lugar más adecuado para asentar la nueva ciudad, que tuviera la calidad, las condiciones y que cumpliera con las leyes sobre fundación de ciudades. El 13 de enero regresaron a Pachacamac sosteniendo que el asiento de Lima era el más adecuado.

Luego de la declaración jurada de los comisionados, el gobernador con los oficiales reales y demás concursos de gente se trasladaron a la comarca de Lima para certificar las bondades del lugar y se procedió a fundar la ciudad.

Es así, que el 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó la nueva ciudad en nombre de sus majestades, el Emperador Carlos V y de su madre la reina Juana.

Francisco Pizarro le puso por nombre “Ciudad de los Reyes”, por devoción y memoria a los Reyes Magos y por la cercanía de su fiesta la Epifanía. 

Con el correr de los tiempos, el nombre de Ciudad de los Reyes se fue utilizando cada vez menos; adoptándose la designación de Lima, nombre que usaban los indígenas para designar el lugar donde los españoles se habían asentado. Si bien esto ocurría en la comunicación diaria o familiar, en los instrumentos públicos de contratos, en las escrituras públicas, etc., se seguía usando el nombre de Ciudad de los Reyes.

La expansión

Lima fue creciendo a partir de la Plaza Mayor y, en el primer censo realizado en 1599 por orden del virrey don Luis de Velasco, se registra una población de 14,262 habitantes. En 1614, durante el gobierno del virrey Marqués de Montesclaros, se encontró un incremento en la población hasta 26,441 censados; de los cuales 40% eran españoles, 39% negros, 10% clérigos, 8% indios y 3% mulatos o mestizos.

Plaza Mayor
Entre 1868 y 1870, se planifica mejor la expansión urbana de Lima y se construyen calles y avenidas más amplias. Se llaman a muchas de sus arterias “Jirones” y se bautizan con nombres pintorescos. Por ejemplo, la “Calle Mata Siete”, en el barrio de Malambo en el Rímac, que dicen tomó su nombre luego que una fornida morena degollara a siete facinerosos que querían aprovecharse de ella. 

Asimismo, Rosa Flores de Oliva, nuestra Santa Rosa y San Martín de Porres transitaban mucho por la calle de San Andrés, hoy 8ª cdra. del Jirón Huallaga. Antes funcionó por allí el primer Hospital para indigentes, al que estos santos acudían para ayudar espiritualmente a los necesitados.

Fuente: terra.com.pe

Impactante: científicos recrearon el rostro de un hombre de hace 9500 años

Un grupo de investigadores y curadores del Museo Británico logró descubrir los rasgos de uno de los descubrimientos arqueológicos más enigmáticos: “El Cráneo de Jericó”. Cómo fue el procedimiento

“El Cráneo de Jericó” es el retrato más antiguo delMuseo Británico
(British Museum)
"El Cráneo de Jericó", un rostro extraño y enigmático de unos 9.500 años de antigüedad, es el retrato más antiguo del Museo Británico de Londres. Es, además, uno de siete cráneos neolíticos cubiertos con yeso y decorados que fueron excavados por la arqueóloga Kathleen Kenyon en 1953, en el sitio arqueológico Tell es-Sultan, próximo a la antigua ciudad de Jericó, cerca del río Jordán en el Estado de Palestina.

El hallazgo de este cráneo fue toda una sensación arqueológica en su momento, que dio fama internacional a Kenyon. Los siete cráneos, distintos en sus detalles, habían sido rellenados con tierra para fijar los huesos faciales y revestidos con yeso que fue moldeado para crear los rasgos de los difuntos.

Kathleen Kenyon en 1953
(David Boyer, National Geographic)
Aunque los detalles de los siete cráneos variaban, todos fueron rellenados con tierra para sostener los frágiles huesos faciales antes de aplicar el yeso húmedo y crear  orejas, mejillas y narices. Dos pequeños caracoles además representaban los ojos y algunos cráneos conservaban rastros de pintura.

"Comprendimos, en la emoción del descubrimiento, que estábamos contemplando el retrato de un hombre que vivió y murió hace más de 7,000 años", escribió Kenyon sobre el momento en que fue revelado el primer cráneo. "Ningún arqueólogo había imaginado siquiera la existencia de semejante obra de arte".

Este cráneo de mirada ciega, en particular, llamó muchísimo la atención de los curiosos y fue por mucho tiempo considerado el retrato más enigmático de todo el descubrimiento, hasta ahora.

Más de sesenta años después de su hallazgo, el Museo Británico pudo retroceder en el tiempo gracias a tecnología de avanzada y descubrió qué se oculta tras el rostro de yeso y cómo era el semblante de un hombre cuyos restos fueron decorados y venerados hace unos 9.500 años.

“El Cráneo de Jericó” fue rellenado con yeso y adornado con caracoles en su tiempo
(National Geographic)
Gracias a imágenes digitales, impresión 3D, y técnicas de reconstrucción forense, los especialistas han recreado el rostro del individuo que se encuentra dentro del Cráneo de Jericó y descubrieron que pertenece a un hombre de aproximadamente cuarenta años con la nariz fracturada.

Aunque los primeros esfuerzos (en 1954) de obtener información del insólito cráneo fueron infructuosos -ya que el paso de miles de años había borrado detalles del recubrimiento de yeso y las radiografías tradicionales no lograron distinguir entre yeso y hueso- fue hasta 2009, cuando a través de microtomografía computarizada los investigadores al fin visualizaron los restos humanos debajo del yeso.

La reconstrucción del rostro del viejo cráneo fue resultado de estudios forenses y
tecnología 3D(RN-DS Partnership/British Museum Trustees)
Las imágenes revelaron un cráneo adulto al cual habían retirado la mandíbula inferior y más probablemente masculino que femenino. El tabique nasal estaba fracturado y faltaban los molares posteriores. También se registra un orificio en la parte posterior del cráneo que seguramente fue usado para rellenarlo con tierra. Incluso los escaneos revelaron las huellas de los dedos de quien, hace 9.500 años, selló el agujero con arcilla fina.

En 2016, el British Museum produjo un modelo digital 3D del cráneo con los datos del estudio micro-CT, y descubrió aún más sobre el hombre neolítico oculto en el Cráneo de Jericó. Por ejemplo, aunque los escaneos sugirieron una fractura nasal, el modelo 3D demostró la gravedad del daño.

El equipo de Alexandra Fletcher, curadora Raymond y Beverly Sackler para el Antiguo Oriente Próximo, quien dirigió el proyecto de reconstrucción del British Museum, decidió ir más allá y creó un modelo físico del cráneo con una impresora 3D y recurrió a los servicios de RN-DS Partnership, una compañía experta en reconstrucción facial forense.

A partir del cráneo impreso y con un modelo de una mandíbula inferior humana masculina, obtenida en otro sitio neolítico próximo a Jericó, los expertos forenses pudieron reconstruir la musculatura facial sobre los restos recreados digitalmente con el Cráneo de Jericó, del mismo modo que las personas de hace más de 9.000 años utilizaron yeso para formar las mejillas, las orejas y los labios sobre el hueso humano original.

“Es como si hubiéramos hecho el proceso neolítico a la inversa”, dijo Fletcher, orgullosa de que el retrato más antiguo del British Museum al fin tenga su rostro.



Fuente: Infobae

La habilidad de cruzar la cordillera con 4.500 hombres y que nadie supiera qué iba a pasar

Hoy hace 200 años que José de San Martín dio la orden de partida al Ejército de los Andes. El cuerpo se había formado oficialmente el 19 de octubre de 1815. 



El 17 de enero de 1817 , cuando José de San Martín firmó la orden, se cerró  un ciclo y se dio inicio oficialmente a la hazaña militar más grande del mundo: trasladar con eficiencia a través de una de las cordilleras más altas del mundo un ejército de 4.500 hombres y todos los pertrechos que les permitieran, una semana después de llegar, ganar (el 12 de febrero) la crucial batalla de Chacabuco, que aseguró la independencia de Chile. 

Largo camino

Todo había empezado mucho antes, cuando, al mando del Ejército del Norte, en reemplazo de Manuel Belgrano, comprendió que no tenía sentido insistir por el Norte: sería imposible ganar la guerra de la Independencia subiendo por el Alto Perú. 

“La patria no hará camino por este lado del norte… ya le he dicho a usted mi secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos… Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para llegar a Lima. Ese es el camino y no este”, le escribió a su amigo Tomás Godoy Cruz. Hace 200 años el objetivo empezaba a cumplirse. 


Buceando el archivo

ORIGEN DE LA IDEA.- Antes de volver al Río de la Plata, San Martín pasó un tiempo en Londres, donde se contactó con revolucionarios americanos y con políticos ingleses; estos le hicieron conocer el “Plan Maitlan”. 

EL PLAN MAITLAND.- El general escocés Thomas Maitland había propuesto en 1800 capturar Buenos Aires y hacerse fuerte en Mendoza; coordinar acciones con un ejército en Chile, cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y continuar por mar hacia el Perú.

CON LA GUERRA, A LIMA.- San Martín, enfermo de úlcera, dejó el mando del Ejército del Norte y se retiró a Saldán, 20 km al norte de Córdoba. Pero no se quedó “tranquilo”: delineó su proyecto (el objetivo era llevar la guerra a Lima, el principal centro del poder “godo”) y logró que el gobierno lo aprobara. En agosto de 1814 fue nombrado gobernador intendente de Cuyo. Estaba un paso más cerca. 

ESPAÑA RECONQUISTA CHILE.- Entre el 1 y el 2 de octubre de 1814 un ejército realista de 5.000 soldados tomó la ciudad de Rancagua y canceló temporalmente la independencia de Chile. Las cosas se complicaron y hubo que replantear el proyecto.

CAMBIO DE PLANES.- El plan prevería armar un ejército reducido pero de gran cohesión y capacidad operacional, hubo que modificarlo. Hizo falta aumentar considerablemente los efectivos, gerenciar una organización mucho más detallada y diseñar una maniobra estratégica que permitiera llegar a destino sin ser sorprendidos y con las fuerzas operativas.

LLEGAN FUERZAS DESDE CHILE.- El Batallón de Auxiliares Argentinos, cuerpo enviado en 1813 por el gobierno de Buenos Aires en apoyo de la revolución chilena, retornó a Mendoza al mando de Juan Gregorio de Las Heras. También venía el chileno Bernardo O’Higgins. El batallón quedó a las órdenes de San Martín y, sumado a dos batallones cívicos de la provincia, fue la base del Ejército de los Andes. 

RECLUTAMIENTO.- Además de preparar el cruce era necesario defender el territorio, que había quedado bajo amenaza desde Chile. Sumando todas las fuerzas disponibles no se llegaba a los 2000 efectivos, de modo que se implementó una suerte de servicio militar obligatorio. Además, se decidió que los hombres de entre 16 y 50 años que no se presentaran voluntariamente serían sorteados. Así reunió 400 hombres. A fines de 1815, el Ejército de los Andes tenía menos de 2.000 soldados, pero para enero de 1817, superaban los 4.000.

LAS DAMAS Y LAS JOYAS DEJARON 216 PESOS QUE ALCANZARON PARA COMPRAR 50 MULAS.- La historia de las damas mendocinas que donaron sus joyas puede ser simpática, pero no fue significativa. Aportaron 216 pesos, que alcanzaba para comprar unas 50 mulas. El ejército pudo armarse gracias a que el pueblo cuyano que donó ropa, ollas, mulas, armas, alimentos y hasta sus sueldos.

“NO ME VUELVA USTED A PEDIR MÁS”.- No hubiera sido posible armar el Ejército de los Andes sin al apoyo del Gobierno. De hecho, en noviembre de 1816, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón contesta así uno de los últimos pedidos de San Martín: “Van los 200 sables de repuesto que me pidió. Van las 200 tiendas de campaña, y no hay más. (...) Y yo no sé cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, a bien que, en quebranto me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando, y ¡carajo! No me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la Fortaleza”. A fines de 1816, San Martín declaró que estaba “listo para la de vámonos”.

TIEMPO DE VIAJE.- La travesía completa demoró 25 días. Los primeros grupos salieron el 12 de enero de 1817 y la totalidad del ejército estaba en Chile el 5 de febrero.

SAN MARTÍN FUE EL ÚLTIMO EN PARTIR.- Dos divisiones, al mando del general Miguel Soler y de O´Higgins, cruzaron por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, por Uspallata con la artillería, y una división ligera cruzó desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada para apoderarse de la ciudad de Coquimbo; iba al mando de Juan Manuel Cabot. Otro destacamento ligero cruzó desde La Rioja para ocupar Copaipó por el paso de Vinchina. Por el Sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas lideradas por Manuel Rodríguez. San Martín fue el último soldado en partir desde El Plumerillo, el 25 de enero.
Buceando el archivo

ORIGEN DE LA IDEA.- Antes de volver al Río de la Plata, San Martín pasó un tiempo en Londres, donde se contactó con revolucionarios americanos y con políticos ingleses; estos le hicieron conocer el “Plan Maitlan”. 

EL PLAN MAITLAND.- El general escocés Thomas Maitland había propuesto en 1800 capturar Buenos Aires y hacerse fuerte en Mendoza; coordinar acciones con un ejército en Chile, cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y continuar por mar hacia el Perú.

CON LA GUERRA, A LIMA.- San Martín, enfermo de úlcera, dejó el mando del Ejército del Norte y se retiró a Saldán, 20 km al norte de Córdoba. Pero no se quedó “tranquilo”: delineó su proyecto (el objetivo era llevar la guerra a Lima, el principal centro del poder “godo”) y logró que el gobierno lo aprobara. En agosto de 1814 fue nombrado gobernador intendente de Cuyo. Estaba un paso más cerca. 

ESPAÑA RECONQUISTA CHILE.- Entre el 1 y el 2 de octubre de 1814 un ejército realista de 5.000 soldados tomó la ciudad de Rancagua y canceló temporalmente la independencia de Chile. Las cosas se complicaron y hubo que replantear el proyecto.

CAMBIO DE PLANES.- El plan prevería armar un ejército reducido pero de gran cohesión y capacidad operacional, hubo que modificarlo. Hizo falta aumentar considerablemente los efectivos, gerenciar una organización mucho más detallada y diseñar una maniobra estratégica que permitiera llegar a destino sin ser sorprendidos y con las fuerzas operativas.

LLEGAN FUERZAS DESDE CHILE.- El Batallón de Auxiliares Argentinos, cuerpo enviado en 1813 por el gobierno de Buenos Aires en apoyo de la revolución chilena, retornó a Mendoza al mando de Juan Gregorio de Las Heras. También venía el chileno Bernardo O’Higgins. El batallón quedó a las órdenes de San Martín y, sumado a dos batallones cívicos de la provincia, fue la base del Ejército de los Andes. 

RECLUTAMIENTO.- Además de preparar el cruce era necesario defender el territorio, que había quedado bajo amenaza desde Chile. Sumando todas las fuerzas disponibles no se llegaba a los 2000 efectivos, de modo que se implementó una suerte de servicio militar obligatorio. Además, se decidió que los hombres de entre 16 y 50 años que no se presentaran voluntariamente serían sorteados. Así reunió 400 hombres. A fines de 1815, el Ejército de los Andes tenía menos de 2.000 soldados, pero para enero de 1817, superaban los 4.000.

LAS DAMAS Y LAS JOYAS DEJARON 216 PESOS QUE ALCANZARON PARA COMPRAR 50 MULAS.- La historia de las damas mendocinas que donaron sus joyas puede ser simpática, pero no fue significativa. Aportaron 216 pesos, que alcanzaba para comprar unas 50 mulas. El ejército pudo armarse gracias a que el pueblo cuyano que donó ropa, ollas, mulas, armas, alimentos y hasta sus sueldos.

“NO ME VUELVA USTED A PEDIR MÁS”.- No hubiera sido posible armar el Ejército de los Andes sin al apoyo del Gobierno. De hecho, en noviembre de 1816, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón contesta así uno de los últimos pedidos de San Martín: “Van los 200 sables de repuesto que me pidió. Van las 200 tiendas de campaña, y no hay más. (...) Y yo no sé cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, a bien que, en quebranto me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando, y ¡carajo! No me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la Fortaleza”. A fines de 1816, San Martín declaró que estaba “listo para la de vámonos”.

TIEMPO DE VIAJE.- La travesía completa demoró 25 días. Los primeros grupos salieron el 12 de enero de 1817 y la totalidad del ejército estaba en Chile el 5 de febrero.

SAN MARTÍN FUE EL ÚLTIMO EN PARTIR.- Dos divisiones, al mando del general Miguel Soler y de O´Higgins, cruzaron por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, por Uspallata con la artillería, y una división ligera cruzó desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada para apoderarse de la ciudad de Coquimbo; iba al mando de Juan Manuel Cabot. Otro destacamento ligero cruzó desde La Rioja para ocupar Copaipó por el paso de Vinchina. Por el Sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas lideradas por Manuel Rodríguez. San Martín fue el último soldado en partir desde El Plumerillo, el 25 de enero. 

Fuente: Lagaceta