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domingo, 27 de septiembre de 2026

Bernabé Aráoz, Héroe o Villano (Segunda Parte)

                                                                                                                                     Por José María Posse

Abogado, escritor, historiador


El Dr. Juan Bautista Alberdi escribió: “yo poseo un carta original del general San Martín (que pertenece al señor Posadas) dirigida a Pueyrredón, recomendando para gobernador de Tucumán a don Bernabé Aráoz, como el mejor hombre de bien existente en toda la República”.


 
BELGRANO RECONOCE:
El 6 de octubre de 1817 termina Aráoz su período como gobernador de la provincia autónoma de Tucumán, con jurisdicción sobre Santiago del Estero y Catamarca. Así lo había dispuesto el Directorio en 1814. Aráoz se retiró a su Monteros natal, muy desgastado ya por tantos años de manejar la cosa pública, atendiendo diversos frentes y empeñando su fortuna. El propio general Manuel Belgrano en un emotivo discurso hizo su elogio en elevados términos en presencia de los magistrados de la ciudad manifestó: Doy las gracias por mí y a nombre de la nación al gobernador saliente por los distinguidos servicios que ha dispensado al ejército auxiliar y por el empeño, actividad y celo con que ha sabio sostener el orden, la subordinación y respeto a las autoridades constituidas en las más tristes y apuradas circunstancias de verse el país amenazado por ejércitos enemigos y por las interiores oscilaciones, que sin vulnerar el orden de la provincia del Tucumán llegaron a tocar sus límites, por lo que recomiendo al señor gobernador entrante este mérito que lo hace digno de las mayores consideraciones . Bernabé Aráoz por su parte se retiró a la vida privada y a rehacer sus intereses económicos descuidados en tantos años de luchas y trajinar en el gobierno de su provincia. Llevaba consigo la satisfacción de haber dejado sus mejores esfuerzos por la Patria que nacía y un dejo de amargura por el desagradecimiento de muchos y las críticas groseras de otros. Se le achacaba no apoyar la lucha por la independencia de manera suficiente, sin pensar que él administraba una provincia totalmente arruinada por tantos años de soportar prácticamente en soledad las cargas económicas que significaba alimentar, vestir y pagar sueldos a un ejército que en cantidad llegó a significar más de la mitad de la población total de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Aráoz no podía seguir exigiendo más sacrificios a aquél puñado de vecinos, quienes además eran sus parientes y amigos, sus paisanos de toda la vida y que venían a diario a expresarle que hacían ingentes esfuerzos por sobrevivir ellos mismos. Con ese extraño sinsabor se retiró a su estancia de Monteros; los siguientes dos años se alejó totalmente de la cosa pública y evitó entrometerse en política. Continuó recibiendo cartas de personalidades importantes, pero sus contestaciones eran las de un observador de la situación, no la de un protagonista.

GOBERNADOR ELECTO
En 1819, una asonada militar iniciada por los oficiales y soldados del Ejército de Norte acantonado en la Ciudadela, depuso al gobernador Feliciano De La Mota Botello y al tiránico jefe de la guarnición José Domingo Arévlo. Dueños de la situación, los rebeldes entregan a la legislatura provincial el gobierno de la provincia. Quedó al mando don José Víctor Posse quien tomó las primeras medidas de gobierno; pero a poco andar entendió que no podía poner orden entre la tropa militar que no obedecía mandos civiles. Entonces dispuso una suerte de Cabildo abierto, donde por unanimidad se propuso a Bernabé Aráoz, como gobernador de la provincia. Aráoz dos veces se negó a asumir, y los tucumanos enviaron finalmente una embajada a su estancia de La Florida, donde por entonces vivía, para rogarle que asumiera el cargo. Era coronel mayor del ejército, el militar de mayor graduación de la provincia. Sólo a él respondería la tropa. Aceptó finalmente el cargo muy a regañadientes, pero en forma “provisoria”, “hasta tanto el Directorio elija a un nuevo gobernador”. Lo primero que hizo al regresar a la ciudad de Tucumán, fue hacer retirar la guardia del humilde rancho que ocupaba el general Belgrano, quien había regresado hacía pocos días a la provincia, con su salud deteriorada.

ANARQUÍA
Por entonces, oscuros nubarrones se cernían sobre la incipiente Nación. El 8 de Enero de 1820, el Ejército del Norte se sublevó contra su jefe en una posta de Arequito. El Director Rondeau, sin el apoyo de esas fuerzas, fue derrotado en Cepeda por los caudillos López y Ramírez. Con ello se inicia un período de disgregación nacional. Las provincias argentinas quedaron desarticuladas en el contexto. Ante la gravedad de la situación imperante, Aráoz decidió gobernar la provincia de una manera autónoma, para lo cual creó la “República de Tucumán”, a la que dotó de una avanzada Constitución. Mucho se ha discutido (y discutirá) acerca de los motivos que impulsaron a don Bernabé a tomar esta determinación. Para algunos fue una respuesta regional a fines de preservar del caos a esta parte del país. Para otros, no fue más que el intento separatista de un caudillo ambicioso. No reflejan esto los artículos que nos han llegado de la Constitución aludida ni la proclama del propio Aráoz: “la provincia a mi mando es y será una república libre e independiente... hermana sí, y federada con vínculos estrechos a las demás...” Cuando Bernabé Aráoz hablaba de “república”, en realidad se refería a la provincia “autónoma “ de Tucumán, compuesta además por Santiago del Estero y por Catamarca. De la documentación existente surge claramente el funcionamiento de los tres poderes diferenciados, además de la implementación de un correcto sistema impositivo y aduanero. Llegó a crearse una moneda uniforme entre otros logros significativos .

INVASIONES BÁRBARAS
Desgraciadamente, Aráoz pronto entró en conflicto con el gobernador de Salta, Martín Miguel de Güemes, quién pretendía ejercer una marcada hegemonía en el norte. Aliado con el santiagueño Felipe Ibarra, sediento de poder y obligando a las tropas que había enviado el gobernador Bustos de Córdoba, para ayudarlo en la guerra contra los realistas, invadió Tucumán. Desatendía así la frontera Norte, en clara contravención a la orden que había recibido del general San Martín. Ello provocó una serie sangrienta de acciones armadas que culminó con la derrota de los temibles gauchos salteños en los combates del “Manantial de Marlopa”, “Trancas” y “Acequiones”. Posteriormente Santiago del Estero y Catamarca se escindirían de La República, episodios extensos de detallar en este artículo. Derrocado por un movimiento militar en 1821, Bernabé Aráoz no pudo desplegar los objetivos de la “República” que ideara. Esporádicamente volvería al poder, aunque ya se encontraba envuelto en las interminables contiendas fraticidas (entre unitarios y federales) suscitadas con su antiguo protegido Javier López (líder del partido unitario), hasta su fusilamiento, por orden de Rivadavia, según el discernimiento de Jaimes Freyre en 1824. Como narran testigos del hecho, antes de enfrentar al pelotón: “fue su último acto fumar un cigarrillo de papel, del que, al estar casi consumido, hizo caer la ceniza con los dedos, al propio tiempo que exclamaba filosóficamente: ¡La existencia humana es como estas cenizas!. Luego se sometió la sentencia sin temor”. Se convirtió así en el primer héroe y mártir del federalismo del NOA. Nunca cobró sus sueldos, ni como soldado ni como gobernador. Él que había sido de los hombres más ricos y poderosos del Norte, murió pobre y perseguido. Aún espera ser reivindicado por el juicio de la historia.

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