Eduardo Llamosa, que vive en Cantabria, ha conseguido el marquesado de Santa María de Otavi, arrebatándoselo en un juzgado a la titular, que reside en Marbella. Los expertos señalan que ella lo obtuvo de manera fraudulenta en 1995
Eduardo Llamosa Neumann, un empresario de 63 años nacido en México pero que reside en Santander, quiere ser el nuevo marqués de Santa María de Otaví, un título creado por Felipe V en 1742 al otro lado del Atlántico, en la entonces Villa Imperial de Potosí (que en esos años era Perú, hoy Bolivia). Llamosa ya ha dado el primer paso. Ha conseguido que el Ministerio de Justicia revocase el pasado mes de diciembre el ‘Real Decreto 404/1995, de 10 de marzo’, por el que se había rehabilitado este título nobiliario a favor de Erika Elsa de Aparicio y Pacheco, una mujer de origen boliviano a punto de cumplir 90 años que reside en Marbella.
Erika Elsa llevaba, por tanto, ostentando este título 30 años y 9 meses. A pesar de que no le correspondía. Así lo asegura Javier Gómez de Olea y Bustinza, un ingeniero industrial de la Escuela de Ingenieros del ICAI, amante de la genealogía, que es miembro correspondiente de la Real Academia de Historia y que forma parte de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. En 1999 lo denunció al ministerio de Justicia y publicó un detallado artículo de la Academia Americana de Genealogía argumentando con pruebas documentales por qué Erika Elsa no podía ser descendiente de los diversos marqueses que ostentaron el título y, por tanto, no tenía derecho al mismo. “Me sorprendió que ella consiguiera el título y lo investigué. No sé si la engañaron o formó parte del engaño. Lo cierto es que nadie refutó mi investigación”, señala Gómez de Olea
Este experto asegura que en los últimos 15 años del reinado de Alfonso XIII (entre 1916 y 1931), y en los primeros diez años del reinado de Juan Carlos I (entre 1975 y 1988) hubo muchas irregularidades a la hora de sucesiones y rehabilitaciones de títulos. Poco control a la hora de acreditar si el nuevo marqués, conde o duque, tenía derecho a tal distinción. Y eso que en marzo de 1988 se aprobó un Real Decreto para regular mejor y más estrictamente la Rehabilitación de Títulos Nobiliarios, dada “la necesidad de dar mayor seguridad a la documentación aportada por los interesados para la obtención de las mercedes nobiliarias”, señala el texto. A pesar de esta nueva legislación, Erika Elsa había conseguido el marquesado en 1995.
Hagamos historia. El primer marqués de Santa María de Otaví fue Juan de Santelices Castanedo, que fue minero y capitán. Procedía de Escalante, municipio cántabro. El título se le concedió en abril de 1742 en Potosí, que entonces pertenecía al Perú (hoy Bolivia). El marqués se casó con María Josefa Jacinta Álvarez de Quirós. Como la pareja no tuvo hijos, a ella se le reconoció oficialmente como marquesa en junio de 1750. El matrimonio había constituido un mayorazgo, una especie de fideicomiso con permiso del rey. Es decir, que en ese momento, el título ya sale de la familia Santelices. Ese mayorazgo facultaba a María Josefa a nombrar a su heredero, el que seguiría con el marquesado.
Un sobrino segundo
Como no habían tenido hijos, el elegido es Joaquín José de Otondo y Monrroy, sobrino segundo de María Josefa. Era capitán y Caballero de la Real Orden de Carlos III. Este se casó con Josefa de Escurrechea y Ondarza. Tuvieron nada más y nada menos que 18 hijos. No todos sobrevivieron, así que el marquesado acabó pasando a una de las hijas, Ildefonsa Josefa de Otondo y Escurrechea, la sexta por orden de nacimiento.
Ildefonsa se casó con Francisco de Paula Trigosa y Garrido, un banquero que había nacido en Málaga. Tuvieron seis hijos, pero solo tuvo descendencia uno de ellos, Rita Trigosa y Otondo. Erika Elsa asegura que descendía de otra de estos seis hijos, Josefa Dominga Trigosa y Otondo. Erika Elsa argumentó que era su chozna (lo que va después de tataranieta). Pero según documenta el especialista Javier Gómez de Olea, no puede ser porque Josefa murió de niña y no pudo tener hijos. A pesar de ello, Erika obtuvo el marquesado en 1995. Hasta que llegó Eduardo Llamosa, que presentó una demanda en un juzgado de Valencia reclamando el título. Lo hizo porque, según jurisprudencia del Tribunal Supremo, cuando un título lleva 40 años en una línea, cualquier mejor derecho prescribe. La demanda cayó en la localidad de Torrent, donde Llamosa localizó a Erika. Pero ella ya no residía allí, sino en Marbella, por esos sus abogados presentaron una declinatoria alegando que esa jurisdicción no era competente.
o sirvió de nada. El Juzgado de Primera Instancia número 3 de Torrent estimó, el 3 de julio de 2024, la demanda de Eduardo Llamosa declarándole titular de la merced “Marqués de Santa María de Otavi”. Y lo consiguió porque Erika decidió allanarse, es decir, reconocer lo que decía la demanda. ¿Por qué?, ¿Admitía así que no tenía derecho al marquesado? “No queremos hacer comentarios. Mi cliente quiere llevar este asunto con discreción. Tiene ya casi 90 años, está mal de salud y su decisión es olvidar este asunto”, explica a este diario Pedro Domínguez, el abogado de Erika Elsa de Aparicio. Otras fuentes jurídicas señalan que Erika, que tiene hijos en Alemania que podrían haber peleado por la legitimidad del título, aseguran que la marquesa decidió perder el título porque no podía demostrar que tenía derecho a él.
¿Y Eduardo Llamosa?, ¿lo tiene? Él asegura que es descendiente de una hermana del primer marqués, Ana María Santelices y Castanedo, es decir, es su octavo nieto. En conversación telefónica con Infobae, Llamosa explica que “es posible que Erika Elsa Aparicio accediera al título de forma fraudulenta. No quiso pelear en el juicio porque la pruebas la iban a dejar en evidencia”. El empresario mexicano, que reside en Cantabria, señala además que ahora ha peleado por el marquesado porque le ha llevado muchos años recabar las pruebas de que es descendiente de la hermana del primer marqués, gracias al trabajo de la Asociación Cántabra de Genealogía. Esta victoria judicial es el primer paso.
Ahora debe solicitar que se inicie un expediente de rehabilitación para poder ostentar el marquesado. Un expediente que debe contar con tres informes: del Consejo de Estado, de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España, y del servicio jurídico del Ministerio de Justicia, aunque la decisión final es del rey. El informe que más peso suele tener es del Consejo de Estado. Si los tres informes son favorables, el título se rehabilita. En cambio, si dos de los tres informes son negativos, no. Tiene que haber mayoría de informes favorables y que uno de ellos sea el del Consejo del Estado. “Nadie puede negar el derecho de Eduardo Llamosa si desciende de la hermana del primer marqués, por ser consanguíneo de él”, señala Javier Gómez de Olea.
El mayorazgo, un problema
El problema es que existió un mayorazgo, un fideicomiso avalado por el rey, que en opinión de Gómez de Olea, “no llamó a la sucesión a ningún Santelices. Llamó a la sucesión a la mujer del primer marqués, facultándola para que eligiera a un pariente de él o de ella para que le sucediera como marqués. Y así lo hizo, llamando a la sucesión a un hijo de una prima hermana suya y a sus descendientes. Este título, por consiguiente, se salta a parientes más cercanos para llamar a la sucesión a otros más lejanos. Si estos parientes decidieran litigar tendrían mejor derecho contra Eduardo Llamosa. Lo ganarían, sin duda, si logran acreditar la existencia de ese mayorazgo”. Esos descendientes son la familia Peñaranda, que viven en Bolivia. En España hay 2.708 títulos que recaen en 2.208 personas, de las que solo 393 son Grandes de España.
Fuentes: Infobae

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