El estudio 'Reconsutrucción genealógica de la nobleza en España y su papel en la Historia' desvela el papel en la aristocracia en la historia de España y cómo la evolucionó su patrimonio y vida familiar.
El objetivo de este exhaustivo estudio sobre la nobleza española y sus grandes linajes, partiendo de los Fernández de Córdoba, encabezados por el Gran Capitán, y los de la Cueva, titulares del ducado de Alburquerque -que dieron origen a 67 casas nobles-, es analizar cómo ha funcionado el entramado del poder y sus estrategias -por ejemplo, el matrimonio como palanca de ascenso social- a lo largo de nuestra historia, aseguran a LOC Carlos Mejías Gallardo (35) y Raúl Molina Recio (51).
Economista de la Junta de Extremadura el primero y profesor de Historia Económica de la universidad extremeña el segundo, suman entre ambos más de 30 años de investigaciones. El fruto es un gigantesco informe, Reconstrucción genealógica de la nobleza española y su papel en la Historia, que abarca más de 10.000 familias desde el medievo hasta la actualidad, cuya base de datos contiene más de 150 pestañas, una por apellido, algunos de los cuales suman hasta 2.000 miembros. "Hay cosas muy curiosas; por ejemplo, tras el liberalismo decimonónico los nobles no pierden poder: pasan de ser rentistas a integrarse en el mundo industrial y económico. Como muestra, en el primer tercio del siglo XX, en el consejo de administración de la potente Hispano-Suiza de automóviles se sentaba el hijo del conde de Romanones".
Al final de la Edad Media, según estos estudiosos, se produce un importante cambio: los antiguos linajes feudales son sustituidos por una nueva aristocracia que se consolida gracias a su papel en la Reconquista, como los Fernández de Córdoba, cuyo titular es el Gran Capitán. "Una de las primeras medidas de los Reyes Católicos fue destruir los castillos de la vieja nobleza, sobre todo en Andalucía, donde apenas quedan estas edificaciones". Así, desde el siglo XV termina la competencia de los omnipotentes señores feudales, consolidándose el rey como único poder político y militar. "Maquiavelo resalta en El Príncipe a Fernando el Católico como modelo de gobernante moderno, que simboliza el fin de los señores feudales, quedando los nobles sometidos al monarca". Otra familia que adquirió entonces un inmenso poder fueron los de la Cueva, encabezados por Beltrán, I duque de Alburquerque, al que Enrique IV Trastámara profesaba adoración, "tanta que le concedió la villa de Colmenar de Arenas y le cambió el nombre por Mon Beltrán'", destacan.
el mayorazgo
A partir del descubrimiento de América, entre los siglos XVI y XVIII, esta nueva nobleza se consolida ocupando todos los puestos de poder, tanto eclesiásticos -obispos y cardenales- como los virreinatos en las Américas o los validos de los monarcas españoles. Incluso algunas mujeres ostentan cargos, como Beatriz de la Cueva, apodada la Sin Ventura, pues murió en una inundación, quien, al fallecer su esposo, el conquistador Pedro de Alvarado, le sustituyó como gobernadora de Guatemala. Se ha tildado a los nobles de esta época de incultos, algo que cuestionan estos investigadores. "Fueron los grandes patrocinadores del mundo cultural: eran dueños de importantes bibliotecas y archivos y valedores de artistas. Los duques de Béjar fueron mecenas de Lope de Vega y, en el siglo XVIII, Händel compuso dos obras para los duques de Osuna".
A partir de la entronización de la dinastía Borbón en 1700, con Felipe V, tiene lugar otra revolución en la nobleza, pues, según estos historiadores, "este rey aparta de sus cargos a las viejas casas nobiliarias para que ocupen el poder político y económico personas elegidas por él, muchos de los cuales carecen de título, pero por sus servicios a la Corona acaban ennoblecidos". Fiel exponente es Manuel Godoy, valido de Carlos IV, de origen hidalgo pero sin título, a quien este monarca concedió los ducados de Alcudia y Sueca, nombrándole Príncipe de la Paz. Notable fue también, reconocen, el ascenso de nuevas élites, especialmente vascas y navarras, que se enriquecieron y medraron en la corte de Madrid.
En el siglo XIX, el liberalismo y las Cortes de Cádiz revolucionan la nobleza, pues desaparecen los señoríos y el mayorazgo. Aunque la aristocracia no pierde poder, según estos investigadores, se adapta a regañadientes a los nuevos tiempos para sobrevivir. "Si en el mayorazgo los bienes quedaban en manos del primogénito sin poderse enajenar, ahora se pueden vender y la nobleza comienza a invertir, convirtiéndose en financieros, industriales y también fundando bancos".
Asimismo, afirman, con el liberalismo empieza a calar en la aristocracia el individualismo, perdiendo importancia el concepto de grandes familias o casas nobiliarias, pues sus miembros ya no estaban obligados a casarse para mantener un apellido o un título, ni a tener descendencia numerosa. "Antes era importante una gran prole, pues cada vástago contribuía a mantener el estatus familiar: el primogénito acaparaba el título y los bienes, y el resto hacía carrera en la Iglesia, el Ejército o la administración. Pero ahora los aristócratas comienzan a contraer matrimonio con la burguesía plebeya adinerada".
A consecuencia de todo ello desaparecen legendarios apellidos, como de la Cueva, pues al carecer su titular, José Miguel, de descendencia legítima, el ducado de Alburquerque pasa en 1830 a Nicolás Osorio Zayas, tatarabuelo de Juan Miguel, Joannes, actual duque. Asimismo, en el siglo XIX y el primer tercio del XX destaca la proliferación de aristócratas que regresan a la política y se ejercen.
En la actualidad, la nobleza española ha perdido todos sus privilegios de antaño, como ser juzgados en tribunales especiales, tener pasaporte diplomático o estar exentos de impuestos. "Hoy la aristocracia carece de poder efectivo, pero los títulos siguen totalmente vigentes como signo de prestigio social. Muchas familias importantes contratan a genealogistas para obtenerlos o intentan pertenecer a una orden militar o a una real maestranza", concluyen estos investigadores, que destacan: "Los títulos son hoy también la única forma de premiar que tiene un monarca democrático. Recientemente, don Felipe ha otorgado sus primeros títulos, haciendo marqués al tenista Rafa Nadal por extender la marca España por el mundo".
Fuente: el mundo.es

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