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viernes, 10 de agosto de 2018

Primer grito de Independencia, 10 de agosto de 1809.

La Independencia de Ecuador o Independencia de Quito fue un proceso político iniciado en 1809 por el que la antigua Real Audiencia de Quito se convertiría en la República del Ecuador.  Este proceso revolucionario estaría formado por los siguientes hechos:

Primer grito de Independencia, 10 de agosto de 1809.
    Motín del 2 de agosto de 1810.
    Segunda Junta de Gobierno, octubre de 1810.
    Creación del Estado de Quito, 1 de diciembre de 1812.



Los hechos ocurridos en España con la ocupación napoleónica y la crisis de legitimidad política de las autoridades por la ausencia del rey movió a los criollos a organizarse en logias masónicas, como por ejemplo la “Logia Natural” o la “Sociedad Económica de Amigos del País“, y desde ellas conspirar y urdir planes para obtener el poder político e  imponer sus objetivos. Así lo confirmaba Pedro Pérez Muñoz, secretario del Obispo Miguel Álvarez Cortés, en una de sus cartas:

El Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar hizo viaje desde Quito a Santa Fe en unión de los Espejos para alistarse en la cofradía francmasónica y regresados a su Patria fraguaron el año 93 los pasquines y plan de rebelión de que he hablado anteriormente a usted.”

Todo comenzó en el día de Navidad del año 1808 en la hacienda de Chillo Compañía, propiedad del masón Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre, en el que con la excusa de las celebraciones navideñas se reunieron varios quiteños importantes cuyo punto en común era su pertenencia a las logias y el deseo de independizar Quito de España. Y en esos días, con las noticias que habían llegado de la Península, vieron la oportunidad de iniciar un levantamiento. Su excusa era que al faltar un rey legítimo, la soberanía debería de retornar al pueblo y éste darse un gobierno propio separado del sistema español, ya que España en ese momento estaba ocupada por los franceses. Por ello, puede afirmarse que este levantamiento fue contra el gobierno francés en España, no contra España propiamente dicha.

Inicialmente fijaron el levantamiento para la primavera pero alguien reveló los planes y varios conspiradores fueron detenidos y juzgados, pero liberados al poco tiempo. Todo se aplazó hasta la noche del 9 de agosto de 1809 en el que los masones reunidos en casa de Manuela Cañizares, cercana a la iglesía de El Sagrario, organizaron la acción del día siguiente a primera hora. Redactaron un comunicado en el que se daba por creada una Junta de Gobierno encabezada por Montúfar y que se entregaría a Manuel de Urriéz, Conde Ruiz de Castilla, presidente de la Real Audiencia de Quito.

Dicho y hecho, a primera hora de la mañana el Doctor Antonio Ante, secretario de la Junta, fue al Palacio Real de Quito a comunicarle al presidente que había sido depuesto y que estaba rodeado por numerosas tropas fieles a la nueva Junta capitaneadas por el coronel Juan de Salinas.  El funcionario Real no rechistó y aceptó las órdenes del nuevo gobierno quiteño convencido de sus buenas intenciones al haber sido creado y establecido dando vivas a Fernando VII y mostrándose leales a la corona española. Algo que evidentemente no era cierto.

Se convocó un cabildo abierto el 16 de agosto en el que se nombraron los primeros cargos del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como de las Fuerzas Armadas. Se tomó juramento a los nuevos funcionarios y se creó una bandera. La creación de un nuevo estado independiente era más que evidente, a pesar de los juramentos de lealtad a la corona.

La reacción realista no tardó en producirse. Desde Guayaquil, Cuenca, Bogotá y Lima fueron enviadas tropas para detener a los insurgentes. Montúfar completamente desesperado viendo la que se le venía encima envió una carta a Gran Bretaña en la que solicitaba ayuda de todo tipo:

Pido como Presidente y a nombre de la Junta Suprema Gubernativa de Quitó, armas y municiones de guerra que necesitamos, principalmente fusiles y sables. Apetece íntimamente esta Suprema Junta la más estrecha unión y alianza con su inmortal nación y la tranquilidad de nuestro comercio con ella”.

Dicha ayuda no llegó y ante la presencia más cercana de las tropas realistas renunció a la presidencia nombrando a José Guerrero y Matheu nuevo presidente, pero poco tiempo después, el 24 de octubre de 1809 éste entregó el mando al conde Ruiz de Castilla permitiendo la entrada en Quito de las tropas realistas de Lima capitaneadas por Manuel Arredondo y dando por finalizada la revolución quiteña. Algunos de los organizadores rebeldes huyeron o les dejaron huir y otros fueron encarcelados.

Pero ahí no terminaron los disturbios. En agosto de 1810 se produjo un intento de liberación de los presos mediante una revuelta organizada por los masones rebeldes que intentaron asaltar el Real Cuartel de Lima y el de Santa Fe y una casa conocida como Presidio. Los rebeldes lograron primero liberar el Presidio y marcharon hacia el cuartel de Lima, pero allí se encontraron con la resistencia realista que se encerró en el edificio y ante el serio peligro de fuga que existía de los reos procedieron a ejecutarlos. Después de esto los disturbios se trasladaron a las calles de la ciudad en donde se produjeron fuertes choques entre ambos bandos. El balance total de muertos se estima en unas 400 personas, unas 200 por parte de los rebeldes y otra tanto de soldados realistas. Es decir, hubo muertos por ambos bandos, lo que nos da la idea de que los rebeldes estaban fuertemente armados y no eran una masa popular espontánea e indefensa. Pero la manipulación masónica utilizó estos hechos tildándolos de “matanza de quiteños”,  hasta Simón Bolívar, lo usó como justificación de su Decreto de Guerra a Muerte en el que condenaba, varios años después, a todos los españoles peninsulares y canarios a morir ejecutados solo por el hecho de serlo:

En los muros sangrientos de Quito fue donde España, la primera, despedazó los derechos de la naturaleza y de las naciones. Desde aquel momento del año 1810, en que corrió sangre de los Quiroga, Salinas, etc., nos armaron con la espada de las represalias para vengar aquéllas sobre todos los españoles…”.

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