lunes, 11 de abril de 2016

Nuevos aportes para una biografía de don Francisco de Argañaráz y Murguía

por Prudencio Bustos Argañaraz
Miembro del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Córdoba  
            
La vida de don Francisco de Argañarás y Murguía ha sido estudiada por diversos autores, movidos sin duda por el interés que despierta su doble condición de Fundador de la ciudad de San Salvador de Jujuy y de una fecunda progenie diseminada a lo largo y ancho de la Argentina, y aun más allá de sus fronteras.

            El primero en ocuparse de él fue el historiador jesuita Pedro Lozano, en su Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, escrita en el siglo XVIII y editada en Buenos Aires en 1874. Le siguió Roberto Levillier, en dos de sus obras, Nueva Crónica del Tucumán, (Madrid 1926 y Varsovia 1927 y 1928) y Biografías de conquistadores de la Argentina en el siglo XVI (Madrid, 1933). Difundió también valiosos aportes documentales en su libro Gobernación del Tucumán. Probanzas de méritos y servicios de los Conquistadores (Madrid 1919), en el que incluyó el texto completo de la de don Francisco.

Monseñor Miguel Ángel Vergara incluyó una breve biografía suya, inspirada en la obra de Levillier, en Orígenes de Jujuy (Salta 1961) y por mi parte, publiqué un artículo que lleva su nombre por título en el Boletín N° 3 del Centro de Estudios Genealógicos de Córdoba (Córdoba 1973).

            Jorge Zenarruza enriqueció nuestro conocimiento con importantes datos que dio a conocer en varias publicaciones, tales como La Tercera Fundación de Jujuy. Don Francisco de Argañarás y Murguía, aparecida en el volumen I del Instituto de Estudios Iberoamericanos (Buenos Aires 1980) y Crónicas para una futura historia de Jujuy, estado federal argentino, Libro 1°, tomo III (Buenos Aires 1994). A él le debemos, entre otras cosas, el conocimiento de su testamento.

            Muy sucintas referencias biográficas se incluyen en los trabajos genealógicos que sobre el linaje de Murguía han efectuado el marqués de Tola de Gaytán (Parientes mayores de Guipúzcoa, señores del palacio casafuerte de Murguía en Astigarraga, en Revista Internacional de Estudios Vascos, año XXV, 1934) y don Francisco Borja de Aguinagalde (La Genealogía de los solares y linajes guipuzcoanos bajomedievales, reflexiones y ejemplos, Vitoria 1998), que resultan de gran valor para el conocimiento de la familia materna del Fundador. Al final de este trabajo, se incluye un esquema de éste último autor sobre dicha estirpe.

            Sucesivas investigaciones realizadas en repositorios documentales de Argentina y España, y en particular del País Vasco, permiten ampliar el horizonte con la incorporación de nuevos elementos, algunos de ellos de real interés. Destaco como uno de los más relevantes, la probanza de nobleza que el propio don Francisco hiciera ante el alcalde de la villa de Tolosa en 1581, cuya copia facsimilar obra en mi poder gracias a la generosa colaboración del ya nombrado don Borja de Aguinagalde.

            En rigor se trata de un traslado de dicha ejecutoria, fechado en San Salvador de Jujuy el 5 de abril de 1625 y llevado seguramente a España por don Juan Ortiz de Zárate y Murguía, bisnieto del Fundador, cuando en 1671 partió a hacerse cargo de los mayorazgos de Argañarás y de Murguía, que habían ido a parar a sus manos. Se encuentra actualmente en el archivo del palacio de Murguía, propiedad de los señores marqueses de Valdespina.

            Este documento, sumado a otros que luego iré mencionando, arroja luz acerca de varios aspectos de la vida de nuestro genearca y permite corregir algunos errores en los que hemos incurrido los que nos ocupamos de ella. Pasemos revista a cada uno de ellos.

1. Nacimiento y muerte

            El año del nacimiento de don Francisco ha sido motivo de considerables discordancias entre los autores. El P. Lozano afirma que “pasó siendo de veinte años, deseoso de adquirir gloria, a militar en las Indias el año 1581”, lo que significa que habría nacido por 1561. Sin embargo, esa fecha de su arribo a estas tierras es cuanto menos dudosa, ya que consta que entró a la gobernación del Tucumán el 27 de mayo de 1586 junto con el flamante gobernador Juan Ramírez de Velasco, 
quien se había embarcado en la barra de Sanlúcar el 30 de noviembre de 1584.[1]

Es el propio Ramírez de Velasco quien aclara el punto en carta al rey fechada en Santiago del Estero el 10 de diciembre de 1586, cuando le cuenta que: “Hallé en ésta falta de gente principal. Traje conmigo siete u ocho caballeros conocidos como son don Pablo de Guzmán, hijo de Luis de Guzmán gobernador que fue de Popayán, con su mujer e hijos e a don Fernando de Toledo Pimentel sobrino de don Francisco de Toledo y a don Iñigo Ramírez mi sobrino e a don Francisco de Argañarás e a tres hijos míos con otros hidalgos muy honrados”.[2]

Levillier no hace alusión a la posible fecha de su nacimiento y monseñor Vergara se remite a Lozano, pero otorga un margen de error más amplio, al afirmar que “parece haber nacido entre los años 1560 y 1565”.

            Por mi parte, y al igual que Levillier, estimé prudente en su momento no realizar ninguna afirmación sobre el particular hasta tener otros elementos de juicio. Otro tanto hizo Jorge Zenarruza en 1980, a pesar de incluir el texto de la partida de bautismo de un hijo de “myn ochoa de Argañaras y de la lor su mujer”, de fecha 7 de abril de 1549, registrada a f. 103vo. del libro más antiguo de asientos sacramentales de la villa de Amézqueta. Sin embargo, en 1994, tras reproducir la partida en cuestión, la acepta como de don Francisco, al sostener que cuando su padre luchó en la batalla de Gravelinas, el 13 de julio de 1558, tenía nueve años, y dieciséis en 1566, cuando aquel partió a la conquista de La Florida. Ya veremos que definitivamente el bautismo mencionado no corresponde al Fundador de Jujuy.

            Sin duda la fuente más fidedigna para dirimir la controversia es la declaración del propio don Francisco, quien el 12 de junio de 1587 dice tener veinticuatro años “poco más o menos”, lo que significa que había nacido entre 1562 y 1563.[3] Esto se ve confirmado por el hecho de que la totalidad de los testigos de su probanza de nobleza coinciden en declarar que “el dicho don Francisco de Argañarás es hombre mozo, de edad de diecinueve a veinte años”. Habida cuenta de que los testimonios se tomaron el 17 de agosto de 1581, se concluye que según esta fuente, el año de su nacimiento habría sido 1561 o 1562. La combinación de ambos datos nos permite acotar la fecha con bastante aproximación, concluyendo que don Francisco nació entre el 12 de junio y el 17 de agosto de 1562.

            En cuanto a su muerte, sabíamos que se había producido antes del 26 de abril de 1606, fecha en que su mujer, siendo ya viuda, recibió la tutela de sus hijos menores.[4] Otra referencia valiosa para estimarla fue el texto de su testamento, otorgado en San Salvador de Jujuy ante el escribano Juan Rodríguez de Figueroa el 13 de enero de 1602 y dado a conocer por Zenarruza en 1980, a partir de un traslado firmado por el mismo Figueroa el 16 de noviembre de 1606, que obra en el Archivo del Palacio de Murguía. Allí deja constancia de que estaba “enfermo del cuerpo, pero sano de la voluntad y en mi libre y entero juicio y entendimiento, tal cual Dios Nuestro Señor fue servido de darme”.

Todo llevaba a pensar que don Francisco murió poco después de la fecha de su testamento. Sin embargo, dos nuevos documentos vienen a demostrar que no fue así, sino que sobrevivió a la enfermedad que lo aquejaba.

El primero de ellos es una escritura traslativa de dominio protocolizada en San Salvador de Jujuy el 19 de junio de 1602 ante el escribano Rodrigo Pereyra, mediante la cual Argañarás vendió a Bernabé García de Salas una estancia en la jurisdicción de la villa de Madrid de las Juntas, que había recibido en merced de manos del gobernador Ramírez de Velasco.[5]

El otro se trata de una demanda una demanda civil iniciada por nuestro personaje en la ciudad de Córdoba el 28 de enero de 1604, contra el capitán don Sancho de Figueroa por una deuda de 1.400 pesos. Respondía a ciertos bienes que don Francisco le había entregado “en vacas, mulas, y una medalla y un cintillo, que todo ello se apreció y avaluó, con veinte yuntas de bueyes más, en los dichos mil y cuatrocientos pesos, todo lo cual le dio el dicho capitán don Francisco, porque el dicho capitán don Sancho le cedió el acción y derecho que en aquella cantidad tenía a los bienes del dicho licenciado Tellez y le entregó la escritura de mayor cuantía”.

El contrato cuyo incumplimiento protestaba, había sido firmado el 19 de mayo de 1602 en el pueblo de Gaypete, de la encomienda de Argañarás, en jurisdicción de San Salvador de Jujuy.[6] No puede tratarse de su hijo homónimo –cuya firma es muy parecida a la de su padre–, pues a la fecha del contrato no tenía más de doce años.[7]

            En conclusión, los elementos con que hasta ahora contamos nos permiten establecer el terminus a quo de la muerte de don Francisco de Argañarás en el 28 de enero de 1604, y el terminus ad quem en el 26 de abril de 1606.

2. Su aspecto físico

            Como ocurre con casi todos nuestros conquistadores, no se conoce ningún retrato del Fundador de Jujuy que pueda ser tenido por verdadero. El que reproduce Diego Abad de Santillán (seudónimo de Sinecio Baudillo García) en la página 246 del tomo 1 de su Gran Enciclopedia Argentina (Buenos Aires 1956) no puede ser considerado auténtico, pues entre otras cosas, no se consigna tan siquiera su origen. En el se basó el artista Armando Sicca para hacer en 1980 una cerámica que reproduce dichos rasgos, junto con la firma de don Francisco y sus armas, que obra en mi poder, y Zenarruza lo reprodujo casi exactamente en la tapa del tomo III de su Crónicas.

            Para suplir en parte dicha falencia, acudimos una vez más a la ejecutoria de nobleza de 1581, en la que los testigos repiten textualmente una descripción física de su presentante, coincidiendo en que era “de buen rostro, cariampollar y en el carrillo de la parte izquierda tiene una señal hecha como de fuego, y es de mediana estatura y bien hecho, algo más pequeño que crecido”.

            La comparación de este retrato hablado con los de Abad de Santillán y Sicca permite confirmar el carácter apócrifo de éstos, ya que para nada se compadece el rostro alargado que nos muestran ambas imágenes, con el “cariampollar” (mofletudo) que le atribuyen sus contemporáneos. Compruébelo el lector mirando ambas reproducciones:



3. Los motivos de su pase a Indias

            Salvo los funcionarios nombrados por el rey y muy contadas y dudosas excepciones, nadie venía a esta parte de América a fines del siglo XVI si no era en busca de mejores perspectivas que las que tenía en la Península. En el caso que estamos tratando, es el propio interesado el que se ocupa de aclararnos que su precoz partida se debió a la prematura muerte de su padre, “dejándome en mucha pobreza, empeñada y disipada la dicha casa y mayorazgo, como lo está el día de hoy, de cuya causa pasé a estos reinos por no poderme sustentar”.[8]

            La casa de Argañarás era, sin embargo, una rica propiedad que podía proporcionar a sus dueños rentas importantes. Según los testigos de la probanza de nobleza de don Francisco, “es y ha sido casa solar y palacio de caballeros hijosdalgo notorios y casa de armería, que es cita y colocada en la dicha universidad de Amézqueta, con su ferrería, molino y presa de agua delante y otras muchas tierras y pertenencias, casas y caserías alrededor y vista de la dicha casa, con muchos bosques, robledales, jarales y castañares.

Añaden que sus señores, “fueron y han sido y son caballeros hijosdalgo de sangre” y que “se trataron y se tratan en sus trajes y manera de vivir, andando sobre sus cuartagos y lacayos de guarda, siendo conocidos y reputados por tales en las partes y lugares que llegaban y en los propios lugares donde han vivido y morado y viven y moran, respetados por todos los vecinos como a personas más preeminentes y privilegiadas, ansí en las antelaciones y asientos y ofrendas, paz y procesiones de sus iglesias, y en siguientes en las levantadas de guerras que se han ofrecido y ofrecen en servicio de su Majestad y en defensa de su patria contra los franceses y otros enemigos, llevando la delantera y acaudillando a las gentes que de los dichos pueblos han ido”.

Todo lleva a pensar que las rentas que producía tan preeminente heredad, debían permitirle a su propietario llevar una vida desahogada o al menos exenta de penurias económicas. Sin embargo, para ello resultaría sin duda necesaria alguna dedicación, que no parece haberle prestado el padre de don Francisco, Martín Ochoa de Argañarás, seguramente a causa de sus costosas y permanentes aventuras guerreras, a las que luego aludiré.

Antes de partir al que sería su último viaje, Martín Ochoa de Argañarás el mozo otorgó en Sevilla ante el escribano Diego de Portes el 30 de mayo de 1565, un poder general en favor de su padre, su mujer y su cuñado don Felipe de Murguía, para arrendar “las casas principales de Argañarás con sus ferrerías e molinos e caserías, con todos sus montes e castañares y manzanares, con todas las demás sus pertenencias que yo tengo en la dicha villa de Amézqueta”.[9]

En virtud de este poder, en su nombre y por sí mismos, su padre y su mujer alquilaron a Sebastián de Embutodi, el 8 de enero de 1566, la ferrería con sus herramientas y el molino, linderos a la casa principal, por el término de diez años, al precio de doscientos ducados de a once reales castellanos por año.[10] Años después, muerto Martín Ochoa y estando ya don Francisco en América, su tío don Felipe de Murguía, en su nombre y por poder suyo, volvería a arrendarlas a Francés de Argañarás y Magdalena de Sarestuain, su mujer, por treinta y siete ducados al año, mediante escritura fechada en Tolosa el 1º de abril de 1593 ante el escribano Domingo de Ormaechea.[11]

La situación económica de los Argañarás era ya preocupante en 1581. El 7 de octubre de ese año, don Francisco, ya en posesión del mayorazgo, compareció en la villa de Tolosa ante el escribano Domingo de Aburrúa, reconociendo una deuda de cuarenta y tres ducados en favor del escribano Martín de Aztina, a la que se sumaban diez ducados más de honorarios por la realización de su ejecutoria de nobleza. En dicha ocasión, lo autorizó para que se cobre la deuda por medio de la producción de los castañares y manzanares del solar.[12]

Aztina parece haber sido el paño de lágrimas de la familia en relación a sus desajustes financieros. Al testar ante él en la casa de Argañarás el 22 de setiembre de 1586, doña Leonor de Murguía, madre de don Francisco, reconoce que parte de la deuda aún sigue impaga y que el escribano “está en posesión de los bienes de dicha casa”.[13]

Pero es precisamente en este testamento en donde se encuentra una cláusula que parece añadir una nueva razón al traslado de don Francisco a Indias. Pide doña Leonor a sus albaceas, “que tengan especial cuenta y cuidado de descargar mi conciencia y la del dicho mi hijo, y en especial por cuanto les cargo de pagar la limpieza y virginidad de María de Amézqueta, que también es difunta, hija de Martín de Amézqueta y María López de la Torre su mujer, para que por la dicha María, a sus padres paguen lo que hallaren que honestamente merecía, mirando a la calidad de la dicha María y de sus padres”. La frase permite sospechar que, además de la pobreza, un inoportuno embarazo empujó a don Francisco a abandonar el solar paterno y a lanzarse a la aventura de la conquista del Nuevo Mundo.

4. El tratamiento de don

En la España y la América española de los tiempos de la conquista, el tratamiento de don era aún restringido y selecto, y el País Vasco no constituía una excepción. Los Argañarás no gozaban de dicha prerrogativa, que don Francisco debió de heredar de su madre, que sí lo recibía, al igual que su hermano don Felipe de Murguía, inmediato antecesor suyo en dicho mayorazgo. Cabe acotar que don Felipe fue el primero de su linaje en usarlo, ya que su padre, Amadís de Murguía, no precedía con él su nombre a pesar de su preclaro linaje y de su condición de pariente mayor.

Volviendo a don Francisco, en su ejecutoria de nobleza de 1581 –primer documento conocido en donde aparece– se lo nombra ya precedido de la preciada partícula. Sin embargo, resulta curioso comprobar que en el ya citado protocolo notarial del 7 de octubre de ese mismo año, se le omite el tratamiento en cuestión y sólo aparece mencionado con su nombre llano –Francisco de Argañarás–, al igual que en su firma:



No encuentro explicación para esto, que constituye una rara excepción a la rigurosa escrupulosidad con que se respetaba entonces el uso del trato de marras, al menos en Indias. En su siguiente aparición documental –ya en América–, su nombre vuelve a estar precedido del don. Se trata de la ya aludida carta que el 10 de diciembre de 1586, a los cinco meses de su llegada a Santiago del Estero, envió el gobernador Juan Ramírez de Velasco al rey.[14] A partir de entonces la partícula antecede a su nombre en todas sus firmas, tal el caso de la que estampó en Córdoba el 28 de enero de 1604, en el pleito contra don Sancho de Figueroa, antes mencionado, que a continuación se reproduce:



5. La genealogía

Conocíamos los ancestros de don Francisco por línea agnaticia hasta su abuelo, gracias a la probanza de méritos y servicios que ante la Real Audiencia de los Charcas hizo en 1596.[15] A ello se añadía el de su bisabuelo, Ochoa de Argañarás, mencionado por el P. Lozano en su célebre obra, ya citada.[16] Los testigos de su ejecutoria de nobleza confirman esos datos y añaden que “sus antepasados por línea recta de varón, fueron han sido y son originarios y dependientes de la dicha casa solar de Argañarás, caballeros hijosdalgo de sangre, y por tales han sido habidos y tenidos y comúnmente reputados en la dicha posesión (...) siendo admitidos a todas las franquezas y libertades y preeminencias que los otros hijosdalgo notorios suelen y pueden tener, y guardándoseles todas ellas, siendo admitidos en los ayuntamientos y congregaciones de semejantes caballeros hijosdalgo”.

En su probanza de méritos y servicios, don Francisco destaca las hazañas de su padre y abuelo, referidas ya en su ejecutoria, en la que se agrega que ambos “sirvieron a sus majestades del rey don Felipe nuestro señor y al emperador Carlos quinto, de gloriosa memoria, su padre, en las guerras que tuvieron, porque ambos a dos estuvieron ausentes de la dicha tierra de Amézqueta, y según se decía por muy público y notorio y se entendió por sus cartas, estuvieron en el imperio de Alemania, en guarda del duque de Sajonia y de otros caballeros que fueron presos en la dicha guerra”.

Ello alude a la participación que ambos tuvieron en la batalla de Mühlberg librada en las proximidades de la ciudad homónima, sobre la margen izquierda del río Elba, el domingo 24 de abril de 1547. Dicho encuentro constituyó una de las más resonantes victorias del ejército católico, comandado por el Emperador y el duque de Alba, que infligió una categórica derrota a los protestantes, agrupados en la liga de Esmalkalda. Durante su transcurso fue tomado prisionero el duque Juan Federico de Sajonia, comandante de las tropas enemigas, cuya custodia encomendó don Carlos V al capitán Martín Ochoa de Argañarás y a su hijo primogénito, a la sazón alférez, según lo relata don Francisco en su probanza de méritos y servicios.[17]

Al abuelo de don Francisco lo encontramos nuevamente en Ascoitia el 25 de setiembre de 1564, declarando como testigo a pedido de doña Magdalena de Lazcano, su parienta política. Confirmó en la ocasión que el marido de esta señora, Martín Pérez de Amézqueta, señor de la casa y solar de Amézqueta, “de tres años a esta parte, poco más o menos, está mentecato y fuera de su juicio, de tal manera que todas las veces que habla dice palabras de hombre que está fuera de su seso, bobo, tonto, sin juicio ni entendimiento”.[18] Ya vimos que el 8 de enero de 1566, alquiló junto con su nuera la ferrería y el molino de la casa de Argañarás a Sebastián de Embutodi.



En cuanto a Martín Ochoa el mozo, padre de don Francisco, fue, después de la campaña de Alemania, a la guerra contra los franceses, bajo el mando del general don Luis de Carvajal. Allí tuvo nueva ocasión de probar su valor, principalmente en la batalla de Gravelinas, librada contra las tropas del mariscal de Thermes, el duque de Guisa y el conde de Egmont, cerca de la ciudad de Calais el 13 de julio de 1558.[19]

            El 29 de junio de 1565, cuando su hijo tenía apenas tres años, se embarcó en Cádiz rumbo al Nuevo Mundo, como capitán de mar y tierra de la armada de don Pedro Menéndez de Avilés y Márquez, nombrado por don Felipe II Adelantado de la Florida y Gobernador de la isla de Cuba.[20] Argañarás llevaba “a su cargo y cuenta un tercio de soldados guipuzcoanos y vizcaínos, gente principal y lucida[21], lo que confirma su prodigalidad, que debió sin duda influir en las penurias que padecieron su mujer y su hijo luego de su muerte.

            Desembarcaron el 8 de setiembre en las costas de la Florida, en donde levantaron el fuerte de San Agustín, la actual ciudad del mismo nombre, la más antigua del territorio de los Estados Unidos.[22]
            Mientras tanto, una flota francesa al mando del general normando Jean Ribault con más de cuatro mil efectivos, arribó a poca distancia de allí y levantó un fuerte al que llamaron Carolina, sobre el río de los Mosquitos, hoy Saint John. Hacia allí partió Menéndez de Avilés llegando el 19 de setiembre[23], dispuesto a desalojarlos a pesar de contar con apenas mil cien hombres, “muy trabajados y enfermos por los muchos trabajos que habían pasado por los pantanales”.[24] El adelantado envió a la vanguardia a un prisionero francés llamado François Jean y al capitán Martín Ochoa de Argañarás, quien mató a los centinelas y abrió la fortaleza.[25]

            De boca de don Francisco conocemos la participación que en la reconquista de dicho fuerte tuvo su padre: “e como el dicho mi padre hablaba lengua francesa, sin ser conocido de los enemigos entró en el dicho fuerte e mató a los centinelas, y esta fue causa de que el dicho Adelantado ganase aquella tierra sin pérdida de ningún soldado”.[26] Murieron en el asalto ciento treinta y dos franceses, y lograron salvarse sólo cincuenta o sesenta, que alcanzaron a huir. “Entonces dijo en altas voces (Menéndez), so pena de la vida ninguno hiriese ni matase mujer, ni mozos de quince años abajo, y ansí se hizo, que se salvaron setenta y fueron hechos prisioneros”.[27]

            Recuperado el fuerte, Menéndez de Avilés dejó a Argañarás como capitán general y partió en busca del general Ribault, que con dos mil hombres más se hallaba en un cañaveral cercano –creo que el actual cabo Kennedy–, derrotándolo. Gonzalo Solís de Merás, que formó parte de la expedición, al aludir a un motín que hubo luego entre los españoles, destaca que Argañarás “habíase señalado mucho en la ganada del fuerte, y en todo lo demás de su cargo sirvió con mucha fidelidad; de tal manera que los que se amotinaron le quisieron muchas veces matar, por él volver con grande espíritu por el servicio de Su Majestad, afeándoles la flaqueza que hacían”.[28]

No pudo nuestro capitán regresar a España. En la Florida encontró la muerte, a consecuencia de un flechazo recibido en un enfrentamiento con los indios comarcanos, tras haber pasado duras jornadas de hambre, “donde comieron cortezas de árboles y hasta la suela de los zapatos y mucha suma de ratones”.[29]




En la ejecutoria de nobleza de don Francisco se nombra también a sus bisabuelos, Ochoa de Argañarás y María de Garicano. De aquel, los testigos dan cuenta que “se señaló mucho en las batallas que hubo con los franceses y gascones y navarros en Noain y Belate”. Dichas batallas fueron libradas el 30 de junio de 1521 y el 4 de diciembre de 1512, respectivamente.

Como enseguida se verá en el trabajo de don Borja de Aguinagalde, don Felipe de Murguía[30], hermano de doña Leonor, había visto morir asesinado a su único hijo legítimo, don Bernardino, el 13 de junio de 1580, mientras defendía su casa de un asalto.[31] Por ello es que al testar en su palacio el 26 de setiembre de 1596 ante el escribano Nicolás de Ayerdi, nombró heredero del mayorazgo a su hijo natural Pedro de Murguía, habido en María de Alza, y en caso de fallecer éste sin sucesión, a su sobrino don Francisco de Argañarás.[32] Así ocurrió y Argañarás añadió de esta manera un nuevo señorío al que había heredado de su padre.

En su nombre tomó posesión del mayorazgo su pariente, don Francisco de Berástegui, el 26 de abril de 1597, recibiendo luego poder de Argañarás fechado el 10 de agosto de 1598. A Berástegui le sucedió el canónigo don Miguel de Urdayaga, pasando luego por manos de otros administradores hasta 1671, en que un bisnieto de don Francisco, don Juan Ortiz de Zárate y Murguía, pasó a España a usufructuarlo personalmente, como ya se dijo.[33]

Por último, sabíamos por el P. Lozano que doña María López de Berástegui, la abuela paterna de don Francisco, era hija de Juan Martínez de Berástegui, señor de la casa solar y palacio de su apellido. Gracias a la información proporcionada por don Federico Verástegui y al trabajo ya citado de don Borja de Aguinagalde, podemos añadir que su madre era doña Casilda de Lazcano, sus abuelos paternos, Juan Martínez de Berástegui, asimismo señor de la casa de Berástegui, y Urraca Vélez de Amézqueta, casados el 25 de febrero de 1500[34]. Aunque Aguinagalde pone en duda su autenticidad, don Federico añade que sus bisabuelos eran Juan Martínez de Berástegui, señor de la misma casa y María Juana de Otein.

La casa de Berástegui, sita en el lugar epónimo, en la frontera navarro francesa, era solar de parientes mayores y gozaba, junto con las de Argañarás y Ugarte, del privilegio de postular al abad de la iglesia y abadía de Santa María de Ugarte. Sobre su fachada principal se encuentran, labradas en piedra y unidas por una arraba, las armas de Berástegui y Lazcano.[35] Por esta misma vía, descendía don Francisco de los señores de Yarza, Alcega, Amézqueta y Lazcano, todas las cuales, al igual que las de Argañarás y Murguía, pertenecían a la parcialidad oñacina en las llamadas luchas de bandos, que dominaron la política del país vasco durante los siglos XIV y XV.

6. Las armas

Otra cuestión que no ha sido aclarada es cuáles fueron las armas que usó nuestro biografiado. Las de su familia materna no ofrecen dificultades, ya que los heraldista coinciden en que los Murguía llevaban en campo de plata una encina de sinople con dos calderas de sable que penden de llares y al pié del tronco tres lobos pasantes de sable, lampasados de gules, sobre una terraza de sinople. Son, además, las mismas que lucen en una piedra armera sobre la puerta principal del palacio de Murguía, y en el escudón central de un blasón cuartelado, que se encuentra en un vitral con la imagen de San Pedro en la iglesia de Santa María de Murguía, aquí reproducido y ampliado:



El escudo heráldico del solar de Argañarás no resulta sin embargo tan fácil de establecer, a lo que contribuye la desaparición de la casa primitiva, incendiada en 1776 y reconstruida por su entonces propietaria, doña María Teresa Josefa Dominica Raimunda Isabel Ramona de Murguía y Arbelaiz, vizcondesa de Santa Cruz, marquesa de Valdespina y señora de Argañarás, Murguía, Arbelaiz y Echániz.[36]

Juan Carlos de Guerra –el autor más fidedigno en la materia a juicio de Aguinagalde– en sus Estudios de Heráldica Vasca, atribuye a los señores de Argañarás las siguientes armas: en campo de sinople un peñasco de plata sombreado de sable y sumado de una torre de oro almenada y aclarada de gules. Bordura de gules con cuatro pares de eslabones de cadena de oro cortados y puestos en cruz.
Idéntico blasón les señalan Julio de Atienza, barón de Cobos de Belchite, en el Diccionario Nobiliario Español del que es autor, Jaime de Kerexeta en el tomo 1° de su Diccionario Onomástico y Heráldico Vasco, Fernando González-Doria en el Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reinos de España, y los hermanos García Carraffa en su conocida Enciclopedia Genealógica y Heráldica Hispanoamericana, tomo IX. Sin embargo, estos últimos, en el tomo 2° de su obra El solar vasco navarro, describen otro escudo, seguramente posterior a aquel, cuartelado en cruz, primero de plata, un árbol de sinople con un jabalí pasante a su tronco, de su color natural; segundo de azur, una vaca con su cría de oro; tercero partido en pal: uno de azur, una banda de oro engolada en cabezas de dragantes del mismo metal y dos cortado, en lo alto de oro con un jabalí de sable acosado por dos lebreles de su color y en lo bajo de gules, una torre de plata; cuarto en campo de plata tres fajas de gules y sobre el campo nueve lobos pasantes de sable puestos de tres en tres. El tercer cuartel representa las armas de Berástegui y el cuarto las de Urtubia.[37]

Estas últimas armas describe y reproduce monseñor Miguel Ángel Vergara, quien dice haberlas tomado del libro Los baskos en la Nación Argentina, editado por José R. de Uriarte en 1916.[38]
Queda entonces la duda acerca de cuál de estos dos blasones usaba don Francisco de Argañarás, quien el 26 de marzo de 1595 ordenó pintar en el estandarte de la ciudad de Jujuy, al lado de las armas reales, la imagen de San Salvador y al pie de ella “las armas de sus antepasados y casa de Argañarás”. Este escudo debería ser el de dicha ciudad, toda vez que su Fundador dispuso que así se usara “ahora y para siempre jamás, sin quitar cosa alguna de todas las dichas insignias y armas”.[39]
A pesar de no poder sustentarlo con pruebas categóricas, me inclino a favor del primero, por lo que propuse incluirlo en el sello postal conmemorativo que se emitió en 1993, al celebrarse los 400 años de la Fundación de Jujuy, lo que en definitiva se hizo, como aquí se muestra:



El autor agradece especialmente a don Francisco Borja de Aguinagalde, responsable de la política de archivos del gobierno vasco y experto en linajes guipuzcoanos, por el valioso aporte sobre el linaje de los señores Murguía, que se incluye al final de este trabajo.


Referencias
[1] Archivo General de Indias (en adelante A.G.I.), Charcas 47 (Información de méritos y servicios de Juan Ramírez de Velasco).
[2] Cfr. ZENARRUZA, Jorge G. C., Juan Ramírez de Velasco, Buenos Aires 1984, pág. 90.
[3] Fondo Documental del Instituto de Estudios Americanistas, Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba (en adelante F.D.I.E.A.), Documento N° 12.788.
[4] A.G.I., estante 74, cajón 4, leg. 34 (Copia en F.D.I.E.A., Documento N° 12.764).
[5] Archivo de los Tribunales de Jujuy, carpeta 1, legajo 17, f. 30. (Fotocopia en mi poder gracias a la gentileza de la Sra. Directora, María Eugenia Corte, y de Alberto Bravo de Zamora).
[6] Archivo Histórico de Córdoba (en adelante A.H.C.), Secc. Judicial, Escribanía N° 1, leg. 14, expte. 4. Resulta curioso el argumento que esgrime Argañarás para pedir que su deudor sea puesto en prisión. Sostiene que Figueroa “dio por fiador de saneamiento a la dicha deuda a don Francisco de Lugones, la cual dicha fianza no es llana, por ser caballero y persona noble el susodicho, y como tal ha de gozar de las exenciones y privilegios de tal caballero, y así no puede ser compelido por justicia a la paga de deuda alguna, atento a lo cual a Vmd. pido y suplico mande al alguacil mayor tenga preso al dicho don Sancho de Figueroa, hasta que el susodicho dé fianza llana conforme a derecho”.
[7] Don Francisco el mozo fue bautizado en Santiago del Estero el 1º de julio de 1590. Copia de la partida obra en el Archivo del Palacio de Murguía y fue dada a conocer por Zenarruza en su publicación de 1980.
[8] Archivo de la Biblioteca Nacional de Sucre, Bolivia, Audiencia de Charcas, 74-6-7 (en adelante A.B.N.S.), Probanza de méritos y servicios de don Francisco de Argañarás.
[9] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales, leg. 10.646.
[10] Archivo General de Guipúzcoa, PT 16, fs. 597 a 605.
[11] Ibíd., leg. 88, f. 205.
[12] Ibíd., PT 59, fs. 143 1 144.
[13] Archivo del Palacio de Murguía (en adelante A.P.M.), Registro 13, N° 13. Zenarruza reproduce el texto completo del testa-mento en su publicación de 1980.
[14] Cfr. ZENARRUZA, Jorge G. C., Juan Ramírez de Velasco, Buenos Aires 1984, pág. 90.
[15] A.B.N.S., Audiencia de Charcas, 74-6-7.
[16] LOZANO, Pedro S.J., Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, Buenos Aires 1874.
[17] A.B.N.S., Audiencia de Charcas, 74-6-7.
[18] Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa, año 1564, leg. 40, f. 605.
[19] Cfr. ZENARRUZA, Jorge G. C., op. cit., pág. 236.
[20] Menéndez de Avilés fue uno de los militares españoles más famosos de su tiempo. Pocos años después de su excursión a La Florida, fue designado por don Felipe II jefe de la célebre Armada Invencible que envió contra Inglaterra. No alcanzó sin embargo don Pedro a desempeñar ese encargo, pues murió antes de la partida, el 17 de setiembre de 1574 en Santander.
[21] A.B.N.S., Audiencia de Charcas, 74-6-7.
[22] Cfr. SOLÍS DE MERÁS. Gonzalo, Memorial, Florida, EE.UU. 1964.
[23] Cfr. SÁINZ, María Antonia, La Florida, siglo XVI, descubrimiento y conquista, Madrid 1992, págs. 168 et passim.
[24] A.B.N.S., loc. cit.
[25] Cfr. SÁINZ, María Antonia, op. cit.
[26] A.B.N.S., loc. cit.
[27] Cfr. RUIDÍAZ CARAVIA, E., La Florida, su conquista y colonización por Pedro Menéndez de Avilés, Madrid, 1852, apud SÁINZ, María Antonia, op. cit.
[28] Cfr. SOLÍS DE MERÁS. Gonzalo, op. cit.
[29] A.B.N.S., loc. cit.
[30] Don Felipe obtuvo bien ganada fama en la defensa de Fuenterrabía, a la que concurrió con ciento cincuenta soldados, deudos y allegados suyos, “quando Bandoma (el duque de Vendôme) vino la última vez”, siendo gobernador de los castillos de Fuenterrabía y San Sebastián el capitán García de Arce. Su heroica actuación en dicho trance le fue reconocida por el Rey en una carta “muy regalada” que le envió (Cfr. MARQUÉS DE TOLA DE GAITÁN, Parientes mayores de Guipúzcoa, señores del palacio casa-fuerte de Murguía en Astigarraga, en Revista Internacional de Estudios Vascos, año XXV, 1934, copia en poder del autor).
[31] Cfr. AGUINAGALDE, F. Borja de, op. cit.
[32] A.P.M., apud ZENARRUZA, Jorge G. C., op. cit., pág. 276.
[33] Cfr. MARQUÉS DE TOLA DE GAITÁN, op. cit.
[34] Carta de don Federico Verástegui al autor del 20 de setiembre de 2000.
    Cfr. AGUINAGALDE, F. Borja de, op. cit.
[35] Cfr. ALDABALDETRECU, Roque, Casas solares de Gupúzcoa, Deva 1979, pág. 75 et passim.
[36] Cfr. MARQUÉS DE TOLA DE GAYTÁN, op. cit.
     Cfr. AGUINAGALDE, Francisco Borja, op. cit., págs. 198 a 201.
[37] Cfr. GARCÍA CARRAFFA, A. y A., El solar vaco navarro, tomo 2°, Madrid 1933, pág. 98.
[38] Cfr. VERGARA, Miguel Ángel, Orígenes de Jujuy, Salta 1961, pág. 134.

[39] Ibíd., pág. 184.

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