miércoles, 1 de julio de 2015

La Encrucijada de Burruyacú, lugar histórico en el "Camino Belgraniano"

En los primeros días de Septiembre de 1812 Manuel Belgrano, con el Ejército del Norte, venía en retirada desde Jujuy con rumbo a Córdoba, con la orden del Triunvirato porteño de abandonar las provincias del norte a la ira de los realistas, quiénes avanzaban ajusticiando de manera cruel a los revolucionarios.

Los jujeños, en su éxodo, habían abandonado sus posesiones más preciadas y acompañaban a su General en esa penosa marcha.

La situación para Tucumán era de extremo peligro, ya que era conocido el apoyo del Cabildo y del pueblo tucumano al Movimiento de Mayo.En ninguna otra parte sería tan duro el escarmiento como en San Miguel de Tucumán; por ello muchos abandonaban la población, rumbo a sus estancias o a provincias vecinas.

En 1869, el general Rudecindo Alvarado en carta a una de las hijas de Bernabé Aráoz, narraría lo ocurrido en esos días. Alvarado estaba en Tucumán, cuando se supo de la retirada de Belgrano, por ello evocaba:

"envolvía la convicción de la superioridad de las fuerzas realistas, de la debilidad de las independientes y, lo que era más afligente, se desconocía el punto hasta donde podría ausentarse nuestro pequeño ejército, con lo cual se temía que la retirada fuera hasta la propia Buenos Aires y no hasta Córdoba. Fue en esos momentos de nerviosismo general que llegó a Tucumán el teniente coronel Juan Ramón Balcarce, enviado por Belgrano. A poco de arribar dispuso que todos presentaran las armas que tuviesen. Se le entregaron las escopetas, sables, pistolas y hasta espadines de los cabildantes, de lo que se apoderó el señor Balcarce sin más excepción de mi sable y pistolas, que como oficial me fueron devueltas. La requisa, añade la carta, exaltó a los ánimos de los patriotas tucumanos, y muy notablemente el del señor Bernabé, padre de usted, en cuya casa se practicó una reunión de vecinos y se acordó por unanimidad nombrar una comisión cerca del comandante Balcarce. Esa comisión formada en casa de Aráoz, debía manifestarle el disgusto del vecindario por el hecho de desarmarlo e inutilizarle así los esfuerzos generosos que ofrecerían, si el ejército se resolvía a ayudarlos en la defensa. Al encontrarse con el general porteño, ( EN EL PARAJE DE LA ENCRUCIJADA, ACTUAL DEPARTAMENTO DE BURRUYACU), éste pidió mil hombres montados y una suma de dinero, y el señor don Bernabé contestó que en lugar de mil serían dos mil lo que ofrecía, y en cuanto a la suma de dinero, dijo que sería llenada inmediatamente. Ello fue en sí, lo que decidió a Belgrano a presentar batalla". 

(ACOMPAÑABAN A BERNABÉ ARÁOZ, EL SALTEÑO RUDECINDO ALVARADO, PEDRO MIGUEL Y CAYETANO ARÁOZ, TAMBIÉN SE ENCONTRABA EUSTAQUIO DÍAZ VÉLEZ ARÁOZ).

Alvarado terminaba su misiva con la siguiente reflexión: "el patriotismo tan puro como heroico del padre de usted, su bien merecida influencia y los medios que nunca economizó en defensa de la patria, le dieron títulos de honor que ojala hubieran sabido apreciarse."

Fue entonces en LA ENCRUCIJADA, donde Belgrano tomó la histórica determinación de desobedecer las órdenes de Buenos Aires y jugarse al todo o nada en una batalla imposible de ganar. 
Ese día comenzaba una gesta que, tras las Batallas de Salta y Tucumán, concluirían cuatro años más tarde en la Declaración de la Independencia Argentina, un 9 de Julio de 1816, en Tucumán, DÍA DEL NACIMIENTO DE NUESTRA PATRIA COMO NACIÓN SOBERANA ANTE LAS DEMÁS NACIONES DEL MUNDO.

Autor: José María Posse

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