domingo, 8 de noviembre de 2015

“Con calor y de a pie...”


Cuando leo los viejos documentos donde quedaron plasmados los testimonios de los distintos hechos históricos que en la investigación uno huronea, surgen detalles, a veces tan ricos e ilustrativos, que nos llaman la atención acerca del marco fáctico en que se desenvolvieron los protagonistas de los mismos.

Es el caso de una anécdota que nos cuenta Manuel Belgrano, cuando va marchando con su ejército desde Buenos Aires a Rosario, en los primeros días del mes de febrero de 1812. Pleno verano, el calor es abrasador. En el “Diario de Marcha del Coronel Belgrano a Rosario”, editado por el Instituto Nacional Belgraniano, en el informe correspondiente a los días 1 y 2 de febrero, está el particular que quiero compartir.

Como lo he señalado, se destaca el calor propio del mes de febrero. La tropa marcha de a pie, y si bien es cierto es la costumbre, no obstante ello, los hombres cargados con sus equipos y soportando la canícula, desde luego sienten el cansancio y la pesadez del viaje.

Tienen que planificar bien donde acampar, a los efectos de que en dicho lugar se consiga agua en abundancia, para calmar las necesidades de la tropa, al igual que en el camino es preciso tener bien calculado los tramos de marcha y que en los puntos de parada se consiga agua. Este detalle es casi una obsesión.

Por ejemplo al llegar a Arrecifes, se consigna que “…mandé ver si había pozo, y felizmente se encontró un manantial de agua regular, a donde dispuse que vaya un carro con los almacenes de agua para llenar y traernos para proveernos a la tropa, en verdad que la agua (sic), es una de las cosas mas trabajosas del camino para la gente, y también lo que puede contribuir a alterar su salud, o traerle en lo sucesivo consecuencias fatales a ella.”

Asimismo, expresa el comandante revolucionario, la marcha es lenta “…por el cansancio que trae la fatiga en la estación y no es posible andar mucho…”, y para aliviar la marcha, se aprovechan las noches de luna para caminar con “la fresca”, descansando de día, sobre todo en las horas del medio día y la siesta. 

 Pero como debe cumplir con el objetivo de llegar lo antes posible a Rosario para plantar las baterías, dado que esa es su misión, ha dispuesto que se afecten carretas tiradas por bueyes, para trasladar en forma adelantada a 100 soldados.

Ahora bien, los soldados nos son los que desea Belgrano, sino unas gentes muy particulares que no se adaptan fácilmente a la disciplina y prácticas militares. Así, el prócer se queja diciendo:”…es preciso tomar medidas que en otros países serían ridículas; sufrirá 20 leguas a caballo y no pueden andar cuatro a pie, sin grandes intermedios de descanso, por lo que hace al descuido es tan propio de la educación que han tenido, y con el desprecio con que miran hasta lo que les es mas necesario para vestirse; el calzado les incomoda y prefieren enlodarse, espinarse y cuanta otra incomodad trae consigo el ir con el pie desnudo.”

La jornada de marcha es desde las cinco de la tarde hasta las 9 de la mañana, en que con el sol ya en lo alto, se hace la pausa, dándose de comer a la tropa y luego, es mandada a descansar.

Belgrano, advierte que los naturales, (así denominados los indios), tenían un mejor rendimiento en lo tocante a marchas y resistencia, y como lo expresa en carta a Celedonio J. del Castillo, ha convocado a estos, a sumarse a su ejército, ofreciendo para ello una paga de 11 y medio pesos por mes, mas vestuario. No obstante el interesante ofrecimiento, poca adhesión a logrado, y según se lo han explicado, los naturales no quieren perder su libertad incorporándose a la milicia, ya que entienden que el problema del gobierno, es una cosa entre los blancos y “su” rey. Y se entiende, para el indio, el explotador no era el rey de España, un sujeto que solo conocía de mentas, “sus” directos explotadores eran el criollo o el español, en definitiva los europeos, sean nacidos en América o en la península, y tanto le daba que gobiernen los que lo hacían en nombre del rey o de los que decían que el gobierno debía ser criollo. Para los indios, los criollos, también eran esclavistas, explotadores e invasores. 

Fuente: Instituto Belgraniano de Tucumán - por Luis Yanicelli

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