domingo, 4 de junio de 2017

Desentierran un santuario en Perú con frisos de colores de 3.500 años

Los diseños esculpidos en alto relieve forman parte de un atrio ceremonial. El sitio está en un barrio pobre y despoblado del norte de Lima, la capital.



En un descampado de un barrio pobre de Lima, un santuario prehispánico de 3.500 años ha sobrevivido a invasiones, construcciones y hasta atentados con dinamita del grupo guerrillero Sendero Luminoso. Hoy, arqueólogos desentierran sus muros con diseños esculpidos en alto relieve.

Son unos frisos de rasgos felinos en barro de varios colores, muy parecidos a los hallados en piedra en la cultura Chavín (1500 y 300 a.C), que se desarrolló lejos de allí en la región andina de Ancash (noreste). Estos diseños se encuentran en una pilastra —columna adosada a una pared— en el atrio ceremonial del santuario Garagay.

Los investigadores también hallaron escalinatas anchas de bloques de barro que dan acceso desde la gran plaza hasta el atrio, donde están los frisos, y de ahí a la pirámide mayor del complejo arqueológico.

"Todo el atrio habría estado rodeado de frisos de colores de alto relieve con marcada presencia de cultura Cupisnique (1500 a 1000 a.C) y Chavín", dijo el arqueólogo Héctor Walde, quien encabeza el grupo que desde enero de este año intervino la huaca —palabra quechua para designar los lugares sagrados— ubicada en el populoso distrito de San Martín de Porres, en el norte de la capital.

Hace 43 años el arqueólogo Roger Ravines descubrió en el atrio de la pirámide mayor dos frisos, uno parecido a una araña y el otro, un medallón con la imagen de una cabeza de jaguar. En los noventa, ante la falta de vigilancia, fueron destruidos por presuntos vándalos y consumidores de droga que convirtieron el lugar en su guarida.

"La huaca Garagay tiene forma de U con una extensión de 22 hectáreas. Es el mejor ejemplo de arquitectura y arte del período formativo de la gran Lima, tiene fechados radio carbónicos entre 1800 y 800 a.C (3.500 años de antigüedad en promedio)", señala Luis Martín Bogdanovich, gerente de Pro Lima, organismo de la Municipalidad de Lima que financia los trabajos.

Luego de estar abandonado, el sitio ahora tiene vigilancia del ministerio de Cultura y se están recuperando los cercos que los limitan con la población para evitar nuevas invasiones.

Este santuario, a diferencia de otros hallados en la capital, está formado por una pirámide principal de 30 metros de altura —la parte superior esta dañada— con un frontis de 400 metros. De sus extremos salen dos brazos perpendiculares, que le dan esa apariencia especial de una "U" invertida.

En ese lugar se hallaron tumbas profanadas y fragmentos de vasijas de buena calidad. Para el arqueólogo Walde, esas tumbas serían de los años 800 a.C. "pero deben existir cementerios más antiguos, con mayor trabajo los vamos a encontrar para determinar las jerarquías de los que vivieron en el lugar", dijo.

En la parte central de la pirámide se encuentra el recinto sagrado de 25 metros cuadrados, que se conoce como atrio. "El santuario es un enigmático complejo arqueológico", señaló Walde.

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