domingo, 4 de diciembre de 2016

Recíprocos Homenajes

por Luis Horacio Yancielli

Gral. José de San Martín
En los primeros días de septiembre de 1822, casi un mes después de haber regresado de Guayaquil donde tuviera lugar la entrevista con el Libertador Simón Bolivar, el General José de San Martín por entonces Protector del Perú, puso en marcha el dispositivo tendiente a abandonar su cargo y dejar paso a lo que sería la embestida final contra las tropas realistas que se encontraban fortificadas en el Alto Perú, labor que estaría bajo el comando del Mariscal Antonio de Sucre, según se había acorado en las célebres reuniones guayaquileñas entre los Libertadores. Fue así que el día 18 de septiembre el Protector del Perú firmó el decreto mediante el cual se convocaba para dos días vista, al Congreso General Constituyente. Él mismo - con traje de gala - abrió las sesiones con un discurso medido y austero, fecho esto, se quitó la banda roja y blanca que simbolizaba su protectorado y discretamente se retiró del recinto. 

 Luego de un frugal almuerzo en horas de la tarde cabalgó hasta el puerto de Ancón, a unos cuarenta kilómetros de Lima, donde arribó entrada la tarde. Con parsimonia charló con sus acompañantes en tono de despedida, se abrazó con ellos y con rostro severo abordó el Bergantín en el que iniciaría su viaje a Valparaíso, Chile. Mientras ingresaba a la nave, leyó el cartel que indicaba el nombre de la misma, “Bergantín Gral. Manuel Belgrano”. Sí era una de las naves que había empleado el Ejército Libertador y que él mismo al enterarse del fallecimiento del patriota revolucionario y su amigo, había hecho bautizar en su homenaje. 

Simón Bolívar
Belgrano y San Martín se habían conocido en 1814, en las inmediaciones de la Estancia de Las Juntas en la actual provincia de Salta y luego, estuvieron más de 40 días en la ciudad de San Miguel de Tucumán, hasta que finalmente Belgrano marchó a Buenos Aires. Esa fue la única oportunidad en que estuvieron juntos, mano a mano o silla a silla como describiría el propio ganador de Tucumán y Salta.  Belgrano había muerto el 20 de junio de 1820 concluyendo una dolorosa agonía, en la soledad política de una sociedad alterada por una guerra civil que se apoderaba del escenario.    San Martín seguramente pensó cuanta falta hacían en ese momento hombres como Belgrano, sensatos, patriotas y devotos leales a las ideas y principios. Ya en fecha 12 de marzo de 1816 había dicho del Gral. Manuel Belgrano: “…es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créanme que es lo mejor que tenemos en la América del Sur.” 

Mientras caminaba por la cubierta del Bergantín, pensaba que esa designación del barco con el nombre de su Amigo, que tanto había dado a la causa independentista, era la primera acción de homenaje a tan noble Hijo de la Patria Americana. Buenos Aires solo se había limitado a unos ostentosos funerales llevados a cabo el 29 de julio de 1821 con mucho escándalo y poca sustancia. Un armazón que supuestamente llevaba el cuerpo de Belgrano, fue cargado por frailes. Los comercios permanecieron cerrados y la gente se agolpó en la Plaza Mayor para ver la formación de regimientos de línea y artillería, con uniformes de luto.  

El Bergantín Gral. Manuel Belgrano zarpó a la madrugada del 19 rumbo al puerto chileno. En sus paseos por la cubierta, el Gral. San Martín, recordó con cariño el homenaje que le hiciera Belgrano en San Miguel de Tucumán, la Pirámide de Chacabuco, cuando le llegara la noticia que el Gran Capitán y su Ejército de los Andes habían vencido la cordillera y derrotado a los realistas en Chacabuco, garantizado así la operación de libertad e independencia del hermano pueblo chileno. 

Pirámide Chacabuco, Plaza Gral. Belgrano de la ciudad de San Miguel de Tucumán
Aquella sencilla pirámide, es el testimonio físico único que existe actualmente de la entrañable estima y admiración que se tuvieron los dos más grandes de nuestra historia. El monumento es un joya que tenemos la obligación de cuidar celosamente los tucumanos. Y esto también, debe llevarnos a pensar que nuestra ciudad fue el escenario de la historia fundacional de nuestro país y de buena parte de la América del Sur, por lo que debemos prestar el mayor celo y atención al cuidado de las reliquias que sobreviven como así también, marcar los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos de la alborada nacional. 

Fuente: Luis Horacio Yanicielli

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