martes, 1 de noviembre de 2016

La “Niña” de Colón

Partiendo del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492 y con víveres para tres meses, Colón y su tripulación, iniciarían su gran aventura en tres carabelas, perdón, dos carabelas y una nao. Dos meses y nueve días después, dos horas después de la medianoche del 12 de octubre de 1492, el marinero español Rodrigo de Triana gritaría “Tierra a la vista” en un momento en el que el desánimo se había apoderado de todos los marineros. Un logro debido, en parte, a sus tres navíos…

La Santa María

Sí, no era una carabela sino una nao o carraca propiedad del maestre Juan de la Cosa. En realidad se llamaba María Galante, rebautizándola Colón como Santa María. Construida con toda probabilidad en Galicia, razón por la que se la conocía con el sobrenombre de la Gallega. La eligió como capitana por ser mayor que las carabelas Pinta y Niña aunque era la más lenta de la flota. Tras encallar en las costas del norte de la isla Española, frente a lo que se conocería como Puerto de Navidad, Colón se quejaría de sus deficientes cualidades marineras y del excesivo calado para sus propósitos. En la Nochebuena de 1492 encallaría en un arrecife de coral en la costa norte de la isla y, a pesar de los intentos por parte de la tripulación para salvar el cargamento, acabarían por abandonarla no sin antes reutilizar sus maderas para construir el Fuerte Navidad.

La Niña

La predilecta de Colón por su maniobrabilidad y ligereza. Al igual que la Pinta, fue aportada a la expedición por los vecinos de Palos. De nombre Santa Clara, fue siempre llamada la Niña por su maestre y propietario Juan Niño de Moguer. La capitaneaba Vicente Yáñez Pinzón. En las Palmas se cambió su aparejo latino por el redondo, igual al de la Pinta. Colón la utilizaría para regresar a España, dejando a 40 miembros atrás para que pusieran en marcha el primer asentamiento en esas tierras. Cuando regresó al año siguiente, no quedaba nadie con vida. La Niña se convirtió en el más marinero de los buques de la flota colombina, tanto a la ida como a su regreso a Palos, por eso Colón contó de nuevo con ella para que formara parte de la flota del segundo viaje, siendo la capitana de las tres carabelas que Colón llevó en su exploración de las islas de Cuba y Jamaica. Una vez más, en este segundo viaje fue una de las dos carabelas que regresó a la Península. Así mismo, se contó con esta nave para los descubrimientos en el tercer viaje y en la expedición de 1501 a la Costa de las Perlas.

La Pinta

Era una carabela redonda construida poco antes del primer viaje en Palos (Huelva), propiedad de Cristóbal Quintero (que se enrolaría como marinero). No se conoce su verdadero nombre, probablemente era La Pintá y es la embarcación de la que menos datos se poseen. Su principal característica era la velocidad. Desde ella el marinero Juan Rodríguez de Bermejo dio la voz de tierra, y capitaneada por Martín Alonso Pinzón fue la primera en llegar a la isla de San Salvador (Guanahanil). Más tarde, se separaría de la capitana y de Colón frente a la isla de Cuba el 22 de noviembre, hasta que se reencontraron el 6 de enero de 1493. En el viaje de regreso a España, recaló el 1 de marzo de 1493 en el puerto gallego de Baiona, por cierto, si miramos el reverso de nuestro antiguo pasaporte español comprobaremos que hay un error en el mapa de esa primera expedición, al marcar Lisboa como lugar de llegada y por tanto donde se conoció la noticia por primera vez en la península, cuando en realidad, La Niña, llegó a Lisboa cuatro días después que lo hiciera La Pinta en Baiona.

En su primer viaje acompañarían a Colón 90 hombres (algunos historiadores mencionan 120), vecinos de Palos, Moguer y Huelva, vascos, gallegos, genoveses, portugueses, un calabrés, un veneciano y Alonso de Palos, criado de Juan Rodríguez, negro y natural de Guinea. Entre ellos había un sastre, un platero, un físico, un judío converso de nombre Luis de Torres que hacía de intérprete y cinco reos que cambiaron su condena por el viaje. Ninguno de ellos era religioso -en el segundo viaje fueron cinco- y tampoco se encontró una mujer entre la tripulación (la Corona Española permitió que fueran en el año 1547). La gran mayoría eran ignorantes, y como marineros que eran, muy supersticiosos. Entre los salarios que recibieron figuran los 2.000 maravedíes al mes para los pilotos y contramaestres, los 1.000 para los marineros y los 666 para los grumetes, un sueldo que se mantuvo así hasta el año 1513.

Cristóbal Colón en su segundo viaje se hizo acompañar de 17 naves, regresando doce de ellas, mientras que en La Española quedó La Niña y otras cuatro; En el tercer viaje, partió de Sanlúcar de Barrameda con seis buques y entre sus ocupantes destacaba Bartolomé de Las Casas; en el último, utilizó cuatro carabelas, una quedó embarrancada y otra se hundió.

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