lunes, 22 de agosto de 2016

Grande a pesar de todo

por Luis Horacio Yanicelli

Siempre hubo, hay y habrá personas de todas las calidades humanas. Almas exquisitas de bondad, prácticas y pragmáticas, idealistas, canallas y violentas, altruistas y egoístas, en fin. Bien se suele decir “Hay de todo en la viña del Señor”. 

Belgrano en su vasto recorrido por la geografía de las entonces Provincias del Río de la Plata, ha tenido experiencias que confirman la reflexión inicial de estas líneas.

Pedro Ríos en "Tamborcito Tacuarí"
El Tamborcito de Tacuarí, cuyo nombre era Pedro Ríos y tenía 13 años de edad cunado cayó ne combate el 9 de marzo de 1811, no fue otra cosa que la niñez inocente sumando su angelical coraje a aquella quijotesca campaña del Gral. Belgrano al Paraguay. Batiendo el parche de su tambor alimentó las raíces de la patria naciente la sangre de un niño. 

Monumento en homanaje a doña Gregoria Pérez de Denis
en Paraná, Entre Ríos
En Santa Fé, se encontró con Dña. Gregoria Ignacia Pérez de Denis, mujer de buena posición, la que ofreció todos sus bienes sin más, para financiar el Ejército al mando del alma mas noble que haya tenido la fundación de la Patria. Doña Gregoria no había podido entrevistarse con Belgrano cuando este en 1810 había parado en el Convento de Santo Domingo de Santa Fe, entonces le envió una carta que la remitió por medio de su hijo y en la misma le expresaba al Fundador de nuestra Nacionalidad: “La viuda de Don Juan Ventura Denis logra el honor de saludar a V.E. ya que no lo hizo cuando V.E. se hallaba en esta ciudad, por la cortedad de su genio y por no poderse introducir el los claustros de regulares para poner a la orden y disposición de su excelencia sus haciendas, casas y criados…” y continúa detallando los bienes que entrega a la causa libertaria, aclarando que eso es “…sin nada a cambio.”

Intento de detención y engrillamiento al Gral. Belgrano en Tucumán
Y por otra parte, como la contra cara de una moneda, se encontró un 19 de noviembre de 1819 en Tucumán, con un brutal salvaje, ciego y violento como el Coronel Abraham Gonzalez, oriundo de la Banda Oriental que al General ya enfermo y en cama, pretendió engrillarlo y que, de no ser por la enérgica oposición del médico amigo del enfermo Dr. Joseph Redhead hubiese llevado a cabo semejante barbaridad. 

En su camino final a Buenos Aires en el mes de febrero de 1820, en una posta cordobesa cuando ya casi sin poder caminar y permanentemente acostado en un catre viajaba en un coche llamó al maestro de postas para saludarle y hablarle, conoció allí el General Belgrano la cara de la grosería y desconsideración. El rústico sujeto respondió que si quería verlo el General que viniese a él.    

He narrado estos hechos puntuales porque la reflexión que me ocupa hoy es vinculada a la idea equivocada de un pasado con gente toda buena y desprendida, tenemos la creencia que Belgrano, San Martín y en general nuestros Padres Fundadores de la Patria, eran personas que ya en los tiempos de su protagonismo, eran correspondidos con respeto, reconocimiento y admiración. Y no, la realidad de los días de aquellos hombres no fue un lecho de rosas, sino todo lo contrario, tuvieron que remaren un mar de incomprensión e ingratitud no exento de groserías y violencias como las que hemos comentado mas arriba.     Fueron grandes, porque a pesar de todas las contrariedades las superaron, porque fueron consecuentes con lo que creían y pensaban. Ellos fueron vidas consagradas al servicio de un proyecto de país independiente donde empeñaron sin cortapisas todo el esfuerzo del que eran capaces. Y lo hicieron en un mundo tan virtuoso y tan miserable como el actual. como el de ayer  y como el de todos lo tiempos.     

Hoy los buenos ciudadanos, no tenemos pretextos para no comprometernos con la realidad procurando difundir a nuestro modo, el pensamiento ejemplar de hombres como San Martín, Belgrano y tantos que nos dieron como valor cultural central el de la libertad individual y la independencia nacional.     

Por ser imitables y paradigmáticos, es que los denominamos próceres y no por ser sus nombres empleados en nominaciones de plazas, avenidas y escuelas. Sus vidas consagradas, la altura de su empresa, la capacidad de compromiso y la energía con que llevaron adelante su acción, son las ejemplaridades que debemos cultivar, para nosotros, para nuestro hijos y para nuestra posteridad.

FuenteLuis Horacio Yanicelli

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