martes, 16 de agosto de 2016

El atroz fin del congresal Maza

El representante de Mendoza en el Congreso de 1816 terminó ultimado por los indios en Chacay 



Es bien sabido que los seres humanos nunca pueden saber con anticipación el día, la hora y la forma en que habrán de morir. Los congresales Francisco Narciso de Laprida y Juan Agustín Maza, cuando firmaron en Tucumán el acta de la Independencia, el 9 de julio de 1816, jamás hubieran sospechado que sus vidas serían canceladas por atroces asesinatos, unos años después.

Tiempo atrás, narramos la trágica muerte del diputado por San Juan, doctor Laprida, ultimado a puñaladas en una calle de su provincia, en 1829 (ver esta columna del 19 de julio de 2015). Tocaremos ahora el no menos dramático fin de la existencia del doctor Maza, diputado por Mendoza al Congreso de las Provincias Unidas.

Todo un doctor

Juan Agustín Maza era mendocino. Había nacido en la ciudad cuyana el 4 de mayo de 1784, en una familia de gran relieve social. Sus padres eran el teniente coronel Isidro Sáenz de la Maza y doña Petronila de Sotomayor. Lo enviaron a estudiar Leyes en la Universidad de Santiago de Chile, donde obtuvo el grado de Licenciado y Doctor en Derecho Civil, en 1807. Su tesis se titulaba: “Aunque los diezmos se deban por derecho natural y divino, sin embargo la asignación precisa, justa y necesaria de la décima parte, no ha sido establecida sino por derecho humano y pontificio”. En marzo de 1810, la Real Audiencia le confería solemnemente el título de abogado.

El doctor Maza se adhirió a la revolución de mayo de 1810 desde el primer momento. Y más tarde, cuando fue nombrado gobernador de Cuyo el general José de San Martín e inició la organización del Ejército de los Andes, este jefe tendría en Maza a uno de los más resueltos apoyos en el Cabildo de la ciudad, que integraba. Inclusive, de su peculio personal, Maza entregaría importantes donaciones para consolidar la empresa libertadora en preparación.

En el Congreso

La adhesión de Maza se manifestó, también, cuando promovió la manumisión de las dos terceras partes de los esclavos de Mendoza, para que engrosaran las filas del Ejército de los Andes.

Dado el prestigio que rodeaba al doctor Maza, a nadie extrañó que resultara elegido, junto con el doctor Tomás Godoy Cruz, para integrar la representación de su provincia en el Congreso Constituyente que se convocaba para reunirse en Tucumán, en 1816. Participó activamente en todas sus sesiones, firmó el acta de la Independencia, y el 6 de diciembre fue elegido vicepresidente del cuerpo. Cuando éste se trasladó a Buenos Aires, le tocó ejercer la presidencia, en noviembre de 1817.

Poco después, Maza renunciaba a la diputación y regresaba a su provincia natal, cuando iba corriendo enero de 1818. Cuentan sus biógrafos que ejerció destacadamente la docencia, como catedrático de Jurisprudencia del Colegio de la Santísima Trinidad, a partir de 1821. Esto sin desatender la acción cívica.

La política

En 1824 estuvo al frente de la junta popular que solicitó al Cabildo la destitución del gobernador mendocino Molina. Se recuerda, de aquella ocasión, el fogoso discurso que pronunció para demostrar la conveniencia de organizar un gobierno colegiado, de tres personas: logró que se constituyera un triunvirato, integrado por el doctor Maza, Juan Agustín Videla y Buenaventura Aragón, pero tuvo existencia muy breve. Alineado con el sistema federal de gobierno, durante la gestión de Juan Rege Corbalán, el doctor Maza presidió la Junta de Representantes. También desempeñó la cartera de Gobierno, en 1829.

El gobernador Corvalán había sido obligado a dejar el mando en 1829, y lo recuperó luego de la victoria federal de El Pilar. Pero sucedió que José María Paz derrotó a Facundo Quiroga en Oncativo, a lo que sucedió un convenio que acordaba el cese de hostilidades entre Mendoza y Córdoba. Corvalán se negó terminantemente a ratificarlo. Pero como entretanto avanzaban sobre la ciudad las fuerzas unitarias al mando de José Videla Castillo, delegó el mando en Pedro Molina y se dirigió al sur.

Indios y Pincheiras

Por esos tiempos, el sur de Mendoza estaba bajo el dominio de los hermanos Antonio, Pablo, Santos y José Antonio Pincheira. Eran unos siniestros aventureros chilenos, que al principio pelearon en el bando de los realistas, pero que se fueron convirtiendo luego, poco a poco, en caudillos de una horda de blancos e indios. Se dedicaban al robo y tráfico de ganado, y eran muy temidos por audaces y violentos.

Corvalán quería tramitar una alianza con los Pincheira y sus aliados pehuenches. Creía que con su apoyo podía sostenerse en el mando. Mando que ya no tenía, pues poco después de su partida Videla Castillo había entrado en Mendoza: tomó el gobierno de la provincia y lo delegó inmediatamente en Tomás Godoy Cruz, para partir a San Juan y La Rioja.

Mientras ocurrían estos sucesos, Corvalán cabalgaba rumbo a su encuentro con los Pincheira. Iba con él una decena de personajes, entre ellos el doctor Juan Agustín Maza y el Comandante de Armas, coronel José Aldao (hermano del famoso José Félix), además de otros oficiales y unos 30 soldados.

Un trato

Se detuvieron para reaprovisionarse en el fuerte de San Carlos, y luego siguieron hasta el de San Rafael, para marchar luego el encuentro de Pincheira, que estaba muy cerca del río Malargüe. En el fortín de ese nombre se establecieron durante unos días. Allí acampaban cuando un malón les robó parte del ganado que traían.

Las versiones de lo que ocurrió después, son bastante confusas. En su libro “La villa vieja”, Narciso Sosa Morales -citando versiones de Adolfo Calle- dice que en Malargüe se concertaron las bases de la alianza. Los Pincheira y sus indios invadirían la ciudad y derrocarían a la autoridad unitaria. Serían compensados con caballos, víveres, y otros artículos.

Los caciques aparentaron estar conformes, pero en realidad no les creían, ya que no cumplieron promesas anteriores. Además, sabían que el grupo estaba en sus manos. No podía volver a Mendoza, ocupada por Videla Castillo. Resolvieron entonces terminar con ellos. Uno de los oficiales de Pincheira, Juan Hermosilla, facilitaría las cosas.

Cita fatal

Los indios se situaron en el cercano campo de El Chacay, y desde allí invitaron a Corvalán y a la comitiva a visitarlos. Les dijeron que buscaban “darles satisfacción” sobre el ganado que les robaron y, también, mostrarles las fuerzas que tenían para la proyectada invasión.

El grupo titubeó sobre la conveniencia de esta visita. Uno de los secuaces de Pincheira, el teniente Gatica, les aseguro que era muy importante que fuesen. Otros lo consideraban un paso muy peligroso. Finalmente, Corvalán decidió acudir a la cita. Sin sospechar que se metía de cabeza en una trampa mortal, marchó hacia El Chacay con el doctor Juan Agustín Maza y el resto de la comitiva.

Sosa Morales narra: “Cuando llegan, los indios están formados en línea de batalla. Cerca de ellos está Hermosilla con la tropa de Pincheira. Los indios no presentan el aspecto de guerrilleros listos para el combate, sino el propio de aliados. El cacique Coleto, un salvaje enjuto y enhiesto, que ostenta en el pecho las insignias de los jefes de las tribus, invita a Aldao a contar el número de los guerreros que invadirán Mendoza”, cosa que Aldao comienza a hacer “sin recelo”.

La masacre

Sigue el relato. “A medida que la comitiva avanza hacia el fondo de la línea india, uno de los extremos evoluciona cautelosamente para formar un círculo con el otro extremo de la misma línea. Gabino García advierte la maniobra y, cuando lo manifiesta a Aldao, el cacique Coleto dando un estridente grito, aplica un tremendo golpe de lanza al coronel (Felipe) Videla, que está a su lado. Entretanto, la caballería india gira vertiginosamente, evitando la salida de los sitiados”.

Es el fin. “Perecen todos en medio de una muerte atroz, acribillados a lanzazos”. Caen el gobernador, Maza “y todos los oficiales y personas comprendidas en el círculo de muerte. El degüello y despojo de las víctimas duró toda la tarde. El grupo de blancos pincheyrinos capitaneados por Hermosilla no tomó parte en el asalto”. Era el 11 de junio de 1830.

Poco más tarde, algunos señalarían a Videla Castillo y a Tomás Godoy Cruz como instigadores de la tragedia. Godoy Cruz se defendió. Dijo que se veía en este caso “la mano del Omnipotente de su justicia”, ya que “esos hijos desnaturalizados solicitaron despedazar su patria, dirigiendo hacia ella una columna de infieles, sin consideración a que podrían ser envueltos en los horrores que son consiguientes, sus mismas familias”.

Recién en agosto de 1831 se trajeron a Mendoza los restos de los ultimados de Chacay. Fueron inhumados en una sola tumba, junto a la Catedral.

Fuente: La Gaceta.con

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