miércoles, 17 de agosto de 2016

17 de agosto de 1850 Muere el Brigadier General San Martín

MUERE EL PADRE DE LA PATRIA - EL BRIGADIER GENERAL JOSÉ FRANCISCO DE SAN MARTÍN Y MATORRAS.



Luego de varios días de indisposiciones que le habían causado gran pesar, el 17 de agosto amaneció bastante mejor. Su salud, muy quebrantada por cierto, ese día le daba algo de sosiego.
Se levantó sereno, y con la fuerza suficiente para trasladarse por sus propios medios al cuarto de su amada hija Mercedes. Allí pidió que se le leyeran los diarios del día, ya que su ceguera le impedía leerlos.

Hizo poner rapé en una caja, para convidar a su médico personal, que lo visitaría luego. Comió algo, pero frugalmente.

Cerca de las dos de la tarde, volvió a sufrir de un ataque de dolor abdominal. Fue recostado en la cama de su hija. Junto a él se hallaban el Dr. Jardón, su hija Mercedes y su yerno Mariano Balcarce. El Dr. supuso que el dolor menguaría, como lo habían hecho los ataques precedentes. Y así fue, el sufrimiento se calmó por un rato. Hasta que el anciano General sufrió una serie de convulsiones, y sabiéndose fallecer, con palabras entrecortadas le pidió a su yerno que se llevara a su amada Mercedes de su lado, no quería que lo viera morir...

Y así, rodeado de su familia, en la paz de su hogar, expiró casi sin agonía el Argentino Más Grande de la Historia.

Eran las tres de la tarde del sábado 17 de agosto de 1850. El reloj de la pared se detuvo, atestiguando ese minuto fatal.

Desde ese momento aquel hombre nacido en la lejana Yapeyú, abandonaba su cuerpo mortal, para fundirse en el Bronce Eterno de los Grandes Hombres de la Humanidad.

"... Y nuestra historia fue tomando la forma justa de la gloria en sus entrañas. Seamos fieles a esta forma, como soldados de verdad a una consigna. Porque es la forma de la patria: justo equilibrio de valor y de justicia. Sólo una espada como aquella pudo engendrar este milagro de armonía. Porque en ninguna de la tierra la semejanza con la cruz fue tan estricta. Guardemos siempre la memoria de aquella mano sin temor y sin mancilla. Guardemos siempre su recuerdo fundamental, como si fuera nuestra vida. Con el amor con que la fruta guarda en el fondo de su seno la semilla. Con el fervor con que la hoguera guarda el recuerdo victorioso de la chispa. Que su sepulcro nos convoque mientras el mundo de los hombres tenga días. Y que hasta el fin haya un incendio bajo el silencio paternal de sus cenizas...." Francisco Luis Bernárdez.

Fuente: Granaderos Bicentenario

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