viernes, 29 de julio de 2016

Un enigmático personaje en el Congreso de Tucumán

Un Sueco en Buenos Aires

Un informe escrito en francés, redactado en 1817 por el capitán sueco Jean Adam Graaner y dirigido al príncipe heredero Bernardotte, estuvo olvidado durante 130 años en el archivo de la familia real sueca. En sus páginas, este militar contaba sus impresiones sobre el viaje que había realizado al Río de la Plata el año anterior, y el hecho de haber sido testigo privilegiado de la declaración de la independencia, ya que estuvo presente en Tucumán durante aquel trascendental acontecimiento. A mediados de 1940 Axel Paulin, un diplomático sueco, le facilitó a José Luis Busaniche el original, y éste lo tradujo al español. Esta es la historia que Graaner contó.

Cap. Jean Adam Graaner
Podría decirse que en la declaración de la Independencia, en 1816, pasó de todo. Algunos propusieron ser gobernados por un rey inca, otros por Gran Bretaña o a aquellas versiones que hablaban de entregar el país a los portugueses; además, teníamos a un poderoso ejército español a escasos kilómetros de Tucumán, la presión de Artigas en la Banda Oriental y un San Martín que apremiaba por declararnos independientes y así iniciar su gesta libertadora. En medio de ese cocktail, en las sesiones del histórico Congreso, asistió un personaje extranjero, cuyo papel aún está en la nebulosa de las conjeturas. Nos referimos a Jean Adam Graaner, un capitán del ejército de Suecia, que había sido comisionado por el Príncipe Jean Baptiste Bernardotte a visitar estas tierras y presenciar -¿en carácter de espía, veedor, curioso?- los debates que dieron origen a nuestra independencia.

El origen de todo

Cuando Napoleón Bonaparte se enteró que uno de sus lugartenientes, Jean Baptiste Bernadotte, había sido propuesto como príncipe de Suecia y heredero al trono, pensó que era víctima de una broma, y así en un principio lo tomó.  Bernardotte venía de una familia sin alcurnia y su futuro en el ejército no hubiese sido tan promisorio de no haber existido la Revolución Francesa y de no haber cosechado sendos éxitos militares, combatiendo para el Corso. Con el correr de los años, fue distanciándose de Bonaparte y fue por esa época cuando en Suecia encontraron la fórmula perfecta para el intríngulis político institucional que allí atravesaban: nombrarlo príncipe heredero.  

Cuando Bernardotte asumió como príncipe, no hablaba sueco, pero eso no configuraba un impedimento, ya que la aristocracia se manejaba con el idioma francés.  En 1816 comisionó al capitán Jean Adam Graaner a que viaje a América del Sur y sea testigo de los debates y las luchas que allí tenían lugar para lograr la independencia. Los motivos de por qué en Suecia estaban interesados en el movimiento independentista criollo entran en el terreno de las conjeturas históricas, que más adelante desgranaremos.

Quién era Graaner?

Había nacido en Suecia, en 1782, y eligió la carrera militar, alistándose en la marina de su país. Comenzó luchando contra Rusia, en 1808 y 1809, luego contra Napoleón, ganándose los galones en buena ley. Luego de la expedición contra los noruegos, en 1815, fue ascendido a capitán de estado mayor. Pero a vista de sus antecedentes, no era un simple militar. Dominaba varios idiomas, además de la geografía y la historia y quienes lo trataron le reconocieron fuertes dotes para la diplomacia. “Fácil en el trato con personas de todas clases sociales, supo conquistar la amistad de sus numerosas relaciones. Observador rápido y penetrante, demostró vocación para la diplomacia. Su vida accidentada y ambulatoria le había hecho familiar con los viajes, y sabía salvar las dificultades con mucha energía y prudencia. Manejaba la pluma tan bien como la espada y sus diarios y otros apuntes que se conservan revelan eminentes aptitudes de escritor”, escribió en 1947 Axel Paulin, ex encargado de Negocios de Suecia en Buenos Aires y Santiago de Chile.    

Graaner realizó dos viajes a estas tierras, primero en 1816 y luego en 1819. En el primero de ellos, en junio ya estaba viajando hacia Tucumán, con la sola compañía de un asistente sueco. De sus viajes a estas tierras, dejó una memoria escrita en francés, que 130 años después de haber sido redactada, fue hallada en el archivo personal de la familia real sueca. En 1949, José Luis Busaniche tradujo al español el valioso documento. Este artículo se basa en las impresiones allí volcadas por el inquieto Graaner sobre la declaración de la independencia y sobre sus impresiones de los políticos y militares argentinos que tuvo la oportunidad de tratar. 

Las sesiones en Tucumán

Graaner realizó un pormenorizado estudio sobre el Congreso de Tucumán. Además de contabilizar que participaron 32 diputados, destacó que 17 eran doctores en leyes, 10 sacerdotes clérigos, 2 monjes y un militar.  

“Comenzó sus trabajos el congreso con mucho celo, pero dentro de una gran confusión. Con todo, poco a poco los congresistas fueron desarrollando sus ideas. En los discursos alternaban los nombres de Solón, Licurgo, la República de Platón, etc. El Contrato Social, el Espíritu de las Leyes, la constitución inglesa y otras obras de ese género, fueron consultadas y estudiadas, citadas y documentadas con gran entusiasmo por los doctores en leyes, en tanto que los sacerdotes condenaban a los filósofos antiguos como a ciegos paganos y a los escritores modernos como a herejes apóstatas impíos. Es verosímil que los eclesiásticos –muy preponderantes en las primeras sesiones- tuvieran como plan el establecimiento de un gobierno rigurosamente jerárquico, tomando como buen pretexto, que el célebre régimen teocrático de los jesuitas del Paraguay, formado en parte sobre el modelo de los incas, era el más benéficos entre todos los conocidos hasta entonces, pero parecieron olvidar que una hermosa constitución supone costumbres puras e inocentes, igualdad absoluta de fortunads y de condición, renuncia voluntaria a toda ambición de títulos y preferencias exteriores, respeto absoluto por los jefes y por las leyes establecidads, en una palñabra, un número infinito de cualidades y virtudes, de que no solamente los criollos están desprovistos sino quizá todo hombre educado en las delicias y los vicios de la sociedad civilizada”. (capítulo 3. Una segunda asamblea constituyente se reúne en Tucumán) 

Por lo que se lee, Graaner estuvo muy atento a las alternativas de las deliberaciones, a tal punto que transcribió los 17 puntos elaborados por Gazcón, Bustamante y Serrano que los diputados aprobaron por unanimidad en la histórica sesión, y que, en resumidas cuentas, son las siguientes:

En primer término, “un manifiesto que exponga al consideración de las provincias los espantosos males que han causado las divisiones de los pueblos y las revoluciones fraguadas en el ardor de las pasiones (…) un decreto general , que establezca fuertes y rigurosas penas contra todo hombre que baxo de qualquier pretexto en las ciudades, villas, campañas, ó exércitos, quebrante el orden, atente, ó desobedezca a las autoridades”.

Luego, establecer las facultades del Congreso, establecer el manifiesto de la independencia, enviar a diputados a las distintas cortes, así como a la de Roma “para el arreglo de materias eclesiásticas y de religión”.

Asimismo, implementar “pactos generales de las provincias y pueblos de la unión” y “qué forma de gobierno sea más adaptable a nuestro actual estado…”

El documento además establece “un proyecto de constitución”, un “plan de arbitrio permanentes para sostener la guerra” y el “nombramiento de una comisión compuesta de los mejores oficiales del estado para el arreglo de nuestro sistema militar”. 

El documento incluye el “arreglo de la marina”, de “las rentas generales del Estado”, “establecimiento de una nueva casa de moneda en la ciudad de Córdova(sic)”. También se mencionaba el “establecimientos útiles de prosperidad general sobre educación, ciencias y artes, minería, agricultura, dirección y habilitación de caminos”; el “arreglo de magistraturas”, la “demarcación del territorio; creación de ciudades y villas” y el “arreglo de fondos y ramos municipales de cada pueblo”.

Por último, incluía el auto de los fondos del estado y la revisión de lo dispuesto por la anterior asamblea constituyente.  

Graaner relata que a fines de junio, el Congreso comenzó a deliberar sobre la declaración de la independencia, fogoneados por Juan Martín de Pueyrredón. El sueco escribió que “sus miembros publicaron por acta solemne, el 9 de junio, la resolución adoptada de declarar y constituir las nación libre e independiente de Espala del Rey Fernando, de sus sucesores, y de toda potencia extrangera” (sic).

A continuación, describió el ánimo y el espíritu con que se recibió semejante determinación: “Esta declaración fue recibida con el mayor entusiasmo y solamente después de tal acontecimiento ha podido advertirse actividad en las diferentes ramas de la administración de los negocios públicos con la esperanza de ver algún día estas provincias organizadas en cuerpo de nación. Y la razón es muy natural. Los hombres que fluctuaban hasta entonces entre los intereses de la metrópoli y los de la patria, sin osar declararse abiertamente, ni por una ni por otra, se encontraron ahora obligados a decidirse, y de haberse negado a prestar el juramento de independencia, hubieran perdido sus empleos y sus fortunas y habrían sido desterrados”.

“Al mismo tiempo –continúa Graaner- quienes prestaban juramento a la patria, contaban con una muerte segura, si el país volvía a caer bajo la dominación española. En esta situación desesperada, y no obstante la dolorosa, experiencia que se tenía de la inflexible justicia vengativa de los españoles en América, han preferido exponerse a un peligro eventual, antes que sacrificar sus propios intereses, sus fortunas, o sus empleos. Por eso están dispuestos a vencer o morir”. 

Festejos

Según lo cuenta Graaner, fue el 25 de julio el día que en Tucumán se llevaron adelante los festejos por la declaración de la independencia. “Un pueblo innumerable concurrió en estos días a las inmensas llanuras de San Miguel. Más de cinco mil milicianos de la provincia se presentaron a caballo, armados de lanza, sable y algunos con fusiles; todos con las armas originariaas del país, lazos y boleadoras. La descripción de estas últimas me obligaría a ser demasiado minucioso, pero tengo ejemplares en mi poder. Las lágrimas de alegría, los transportes de entusiasmo que se advertían por todas partes, dieron a esta ceremonia un carácter de solemnidad que se intensificó por la idea feliz que tuvieron de reunir al pueblo sobre el mismo campo de batalla donde dos años antes, las tropas del general español Pío Tristán, fueron derrotadas por los patriotas. Allí juraron ahora, sobre la tumba misma de sus compañeros de armas, defender con su sangre, con su fortuna y con todo lo que fuera para ellos más precioso, la independencia de la patria”. 

“Todo se desarrolló con un orden y una disciplina que no me esperaba. Después que el gobernador de la provincia dio por terminada la ceremonia, el general Belgrano tomó la palabra y arengó al pueblo con mucha vehemencia prometiéndole el establecimiento de un gran imperio en la América meridional, gobernado por los descendientes (que todavía existen en Cuzco), de la familia imperial de los incas”. 

El militar sueco, más adelante, agregó que entre el 13 y el 15 de septiembre de ese año se celebró en Buenos Aires la jura de la independencia, “con muy lucidas y costosas fiestas que duraron cinco días seguidos, con bailes, espectáculos y corridas de toros, etc, etc”.

Partida

Ya en Buenos Aires, Pueyrredón le entregó a Graaner una carta dirigida a Bernardotte. Fechada el 18 de septiembre de 1816, relata el hecho de haberse declarado independientes, que Graaner había sido testigo de ello y lo invita a entablar relaciones comerciales. Sobre el militar sueco, Pueyrredón agregó que “la conducta del referido Mr. Graaner en este País, ha merecido el aprecio y la distinción de todos estos habitantes, y qe lleve consigo este informe qe le recomiende en la consideración de su augusto Príncipe”.  

Una semana después, Graaner se embarcó hacia Suecia, realizando una escala en Río de Janeiro. En mayo de 1817 estaba nuevamente en Estocolmo y, posiblemente luego de varias charlas con el Príncipe Bernardotte, es que decidió volver a estas tierras, pero en calidad de emisario oficioso. 

Con un background un poco más aceitado, Graaner se movió en el ambiente local con mayor comodidad y familiaridad. Fue un asiduo visitante de la familia Escalada, que tenía su residencia en las actuales calles Perón y San Martín. Cimentó una amistad con Antonio José de Escalada y Sarriá,  suegro del general San Martín y cuyos hijos Manuel y Mariano se habían incorporado al Regimiento de Granaderos. Fue en esa casa en la que conoció al Libertador, quien por entonces ya había derrotado a los realistas en Chacabuco y Maipú. Tuvo la oportunidad de tratarlo y conocerlo, y dejó una semblanza del militar. 

En el invierno de ese año, portando cartas de recomendación de San Martín a O’Higgins y a los gobernadores de San Luis y Mendoza, cruzó a Chile. Así como lo había hecho acá, en el país trasandino enseguida entabló amistad con O’Higgins. Interesado por el negocio minero, el sueco consiguió una concesión para la explotación de un yacimiento. 

De Chile, continuó su periplo desde el Pacífico hacia la India. Sin embargo, fuertes ataques del hígado lo decidieron a regresar a Suecia. A bordo de un barco de bandera inglesa, el 24 de noviembre de 1819, a la altura del Cabo de Buena Esperanza, falleció. Contaba con 37 años.

Axel Paulin, ex Encargado de Negocios de Suecia en Buenos Aires y en Santiago de Chile se preguntó, en 1947, cuáles habrían sido las motivaciones de su compatriota, que lo llevaron a realizar dos viajes al Río de la Plata.

Paulin sostiene que, en las discusiones sobre la forma de gobierno a adoptar, cuando salió el tema de la monarquía, uno de los candidatos que entonces se nombraron fue Bernardotte. Siempre en el marco de las suposiciones, se especuló que Bernardotte podría hacerse cargo en caso de un cambio político en Suecia.

En definitiva, Graaner dejó un valioso testimonio histórico de un hecho trascendental de nuestra vida política, como es la declaración de la independencia. Lamentablemente, murió joven. El que lo sobrevivió fue Bernardotte. Porque, lo que entonces parecía una simple aventura, se convirtió en algo demasiado serio, ya que Bernardotte no sólo dejó a su hijo como rey, sino que en la actualidad el actual monarca de Suecia es descendiente directo. Cuando falleció, luego de 26 años de reinado, se sorprendieron al encontrar en su cuerpo un tatuaje con la leyenda “muera el rey”. Se presume que era de la época de la Revolución Francesa. Pecado de juventud, que le dicen.

Belgrano y los incas

Graaner cuenta algunos detalles interesantes del proyecto del creador de la bandera y su idea de instalar a un rey inca: “Poco después de producida la derrota de Belgrano (…) el general fue enviado a Londres en calidad de comisionado del gobierno de Buenos Aires. Una vez allí y después de cantidad de gestiones inútiles, llenáronle la cabeza con el proyecto de restaurar en América el antiguo trono de los incas (probablemente bajo la protección de los ingleses). Llegó Belgrano al congreso con esta idea, que le preocupaba por entero, precisamente en momentos en que el conreso se ocupaba de la forma de gobierno que podía darse a las provincias, y cyando estaban muy convencidos de las ventajas de una monarquía constitucional o moderada. Algunos de sus miembros se sentían muy inclinados a invitar un príncipe joven de las dinastías que han dejado de reinar en Europa, siempre que el prínciple fuera protegido y secundado por alguna potencia de primer orden. “

“El general Belgrano exageraba un poco estas deliberaciones secretas y logró persuadir a la mayor parte de la Asamblea sobre el restablecimiento del imperio de los incas, proyecto que a primera vista parece noble, examinado en sus detalles, y pensando en los intereses diversos de los habitantes, ofrece infinitos obstáculos y dificultades de que podrían resultar para el país muchas desgracias, guerras civiles y venganzas terribles que debilitarían sus fuerzas, facilitando con ello a los españoles la entrada en el corazón del país, por la desunión y los celos entre indios y criollos”. 

Más adelante, Graaner describe que “los indios están como electrizados con este nuevo proyecto y se juntan en grupos bajo la bandera del sol. Están armándose y se cree que pronto se formará un ejército en el Alto Perú, de Quito a Potosí, Lima y Cuzco. Doña Inés de Azurdui (sic) y Padilla, una hermosa señora de veintiséis años que manda un grupo de rail cuatrocientos indios en la comarca de Chuquisaca, ganó el mes pasado una victoria sobre los realidstas, tomando una bandera y cuatrocientos prisioneros”.  



General San Martín: “Ojos fuertes y penetrantes, como nunca había visto”

Sobre el jefe del Ejército de los Andes, escribió: “San Martín es un hombre de estatura mediana, no muy fuerte, especialmente la parte inferior de su cuerpo, que es más bien débil que robusta. El color del cutis algo moreno con facciones acentuadas y bien formadas. El óvalo de la cara alargado, los ojos grandes, de color castaño, fuertes y penetrantes como nunca he visto. Su peinado, como su manera de ser, en general, se caracterizan por su sencillez y es de apariencia muy militar. Habla mucho y ligero, sin dificultad o aspereza, pero se nota cierta falta de cultura y conocimientos de fondo. Tiene un don innato para realizar planes y combinaciones complicados. Es bastante circunspecto, tal vez desconfiado, prueba de que conoce bien a sus compatriotas. Con los soldados, sabe observa r una conducta franca, sencilla y de camaradería. Con personas de educación superior a la que él posee, observa una actitud reservada y evita comprometerse. Es impaciente y rápido en sus resoluciones”.

“Algo difícil de fiarse en sus promesas, las que muchas veces hace sin intención de cumplir. No aprecia las delicias de una buena mesa y otras comodidades de la vida, pero, por otro lado, le gusta una copa de buen vino. Trabaja mucho, pero en detalles, sin sistema u orden, cosas que son absolutamente necesarias en esta situación recientemente creada. Hay motivos para reprocharle no haber actuado con energía y aprovechado las victorias que sus tropas han ganado en Chacabuco y Maipú. Es difícil juzgar si esto tiene su origen en falta de energía o en intrigas políticas, demasiado complicadas para exponer aquí”.

“Sus costumbre y sus hábitos de vida sencillos, lo han hecho sumamente popular. Espero tener ocasión de conocerlo mejor en Chile”, dejó escrito Graaner.  

El general Rondeau: “Lujo amanerado”

“Al general Rondeau le hice una vista en su campamento cerca de Jujuy, a cuatrocientas treinta y dos leguas de Buenos Aires, en víspera del día en que esperaba ser atacado. Me recibió en su tienda de campaña donde estaba instalado de una manera verdaderamente oriental, con todas las comodidades de un serrallo”.

“Entre multitud de mujeres de todo color, me obsequió con dulces, diciendo que en país tan desvastado y en vísperas de un día de batalla, debía excusarlo si no podía ofrecerme los placeres que pueden encontrarse en un cuartel general en Europa. Chocado yo por la ostentación con que trataba de exhibir su lujo amanerado, le respondí que por el contrario, me sentía muy sorprendido ante todo lo que tenía delante de mi y que recordaba haber visto al libertador de Alemania, general en jefe de ciento veinte mil soldados, la noche precedente a uno de sus días de trcja dl iunfo, acampado sobre el suelo húmedo, al abrigo de un molino de viento y mientras caía una lluvia continua, en la mala estación de un clima muy diferente al del trópico austral”.

“Cuando Belgrano reemplazó a Rondeau en el comando de las tropas, se encontró con que cada oficial mantenía una o varias mujeres en el campamento y que el equipaje de un subalterno ocupaba a menudo de treinta a treinta seia muías. Actualmente todo ha cambiado, cantidad de oficiales han sido dados de bajo, las mujeres y las muías de equipaje han desaparecido de la escena; las comedias y los bailes y los juegos de azar han sido desterrados. Todos estos abusos se habían dejado sentir bajo el comando de rondeau, pero en las tropas del severo general San Martín no han sido nunca tolerados”. 

O’Higgins: “Soldado bueno, honrado y franco”

De su paso por Chile, el militar sueco relató que Bernardo O’Higgins “…es hombre de unos treinta y dos años, de estatura mediana, bastante corpulento, con cara redonda y rosada, que poco se asemeha a la de los criollos en general. Su rostro no da la impresión de un carácter firme ni apasionado. O’Higgins de la impresión de ser lo que es, un soldado bueno, honrado y franco. Ama la comodidad, cuando puede gozar de ella, y le repugna toda ocupación en que haya de concentrarse, lo mismo que los problemas complicados. Por eso se deja muchas veces convencer y acepta planes de cuyos propósitos o maquinaciones no se ha dado cuenta muy bien. San Martín ejerce mucha influencia sobre O’Higgins , especialmente porque éste último está muy agradecido a su compañero de armas argentino a quien es deudor de su elevación política actual. Sin embargo, ahora está tratando de independizarse de su compañero de armas argentino con gran descontento de este último”.  

Antonio G. Balcarce: “General que fuma y dormita”

“Al salir de casa de O’Higgins me fui a hacer una vista al general Balcarce, jefe militar interino que tuve ocasión de conocer hace dos años en Buenos Aires siendo él Director interino. Este general, a pesar de su juventud, es un jefe lerdo, ‘borne’ y sin energía, cuyo mérito principal consiste en haber ganado la primera batalla sobre los españoles en la primera campaña de 1810, en Tarija. (Suipacha). Y basta de comentarios sobre este general que fuma y dormita…” 

Tomás Guido: “Debutante diplomático”

“…este hombre no tiene otra cosa de notable que ser un ‘debutante’ diplomático de un Estado nuevo en un Mundo nuevo. (…) Es, literalmente, hombre pequeño, grave, cortés y ceremonioso con una expresión de rostro entre mística y diplomática. Habla con voz muy apagada y cercando, hace largas pausas, ‘soigné’ y prevenido a veces, en tono de misterio y con frecuencia en tono confidencial. En ocasiones parece advertir que se ha descuidado y se detiene en mitad de la frase. Estoy seguro de que podría contar mucho, si quisiera, y si no tuviera temor en hacerlo. También aparenta no tener conocimiento de cosas que todo el mundo sabe y de que él asimismo está informado, y habla confidencialmente sobre asuntos que uno saber perfectamente bien que el no conoce sino de manera muy superficial”. 

Jean-Baptiste Bernadotte

Nació en 1764, en Pau, un poblado del suroeste francés, cercano a los Pirineos. De una familia de escasos recursos, se enroló en el ejército en 1780, tras la muerte de su padre, y obtuvo importantes triunfos en nombre de la Revolución Francesa, lo que posibilitó llegar a ser general de brigada en 1794 en la batalla de Fleurus. Tres años más tarde, participó de la campaña napoleónica de Italia. A su regreso, se casó con Desirée Clary, hermana de la esposa de José Bonaparte, futuro rey de España. Por un par de meses, tuvo un fugaz desempeño como embajador en Viena.

Cuando Napoleón tomó el poder en 1799, fue nombrado Mariscal de Francia y posteriormente gobernador de Hanover entre 1804 y 1805. Si bien estaba respaldado por sus victorias militares en sendas batallas contra los rusos, ingleses y prusianos, las diferencias que por años mantuvo con Napoleón provocaron que éste lo despojara de todos sus cargos en 1809.

La sorpresa devino en 1810 cuando fue propuesto como sucesor del rey Carlos XIII de Suecia. Como este monarca carecía de descendencia, y estaba obligado a designar un sucesor fuera del país, eligió a Bernardotte quizá para tener una relación amistosa con la Francia de Napoleón. Otra versión indica que el rey estaba agradecido a Bernardotte por el trato que les brindó a los prisioneros suecos, cuando los derrotó  en 1809.

A pesar de comenzar como un hecho un tanto inverosímil, Bernardotte aceptó y se instaló en Suecia como príncipe heredero. Renunció a su nacionalidad francesa, adoptó la sueca y se convirtió al protestantismo. Tan en serio se tomó su papel que luchó contra sus compañeros de armas, participó en la batalla de Leipzig en 1813 e hizo que Suecia integrase la coalición que en 1815 derrotaría al imperio napoleónico. Hasta entró victorioso en París al frente de las tropas suecas. Su prestigio hizo que hasta ciertos políticos quisieran promoverlo como sucesor de Bonaparte.
Su movida política obtendría sus frutos, ya que consiguió que en el Congreso de Viena, Suecia obtuviera la anexión de Noruega. Cuando Carlos XIII falleció, Bernadotte fue coronado el 5 de febrero de 1818 como Carlos XIV. Murió el 8 de marzo de 1844. La dinastía que con él comenzó continúa reinando el país.

Por Adrián Pignatelli 

El presente trabajo fue elaborado en base al libro “Las provincias del Río de la Plata en 1816”, que es la memoria que Jean Adam Graaner escribió y que José Luis Busaniche tradujo. En las citas, sólo se hace referencia al capítulo correspondiente de donde pertenece el texto.
Ver recuadro Jean Baptiste Bernardotte
Las provincias del Río de la Plata – Juan Adan Graaner (Agente Sueco) 1782-1819
Capítulo 3: Una segunda asamblea constituyente se reúne en Tucumán
Capítulo 3
Capítulo 3
Capítulo 3
Apéndice
Ver recuadro San Martín
Apéndice
Apéndice
Apéndice
Apéndice
Apéndice
Apéndice


Fuente: Revista Todo es Historia Nº 587 - Julio 2016

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