viernes, 10 de junio de 2016

YOHUALTEPUZTLI: “UN ESPECTRO DEL MÉXICO ANTIGUO”

El México de ayer y hoy reboza en su saber oral en una impresionante cantidad de espectros y monstruos, que rivaliza poderosamente con los de otras mitologías del mundo, siendo su exponente más inmediato, los que son resguardados en el folclore japonés.



El espectro del que hablaremos hoy es el temido Yohualtepuztli, un espectro sumamente especial, el cual Fray Bernandino de Sahagún detalla en la “Historia General de la Nueva España”.

“Era un hombre sin cabeza, que tenía cortado el pescuezo como un tronco, y el pecho teníale abierto y tenía a cada parte como una portecilla, como que se abrían y cerraban juntándose en el medio y, al cerrar, decían que hacían aquellos golpes que se oían lejos; y aquel a quien había aparecido este fantasma, fuese soldado, valiente o algún sacerdote del templo, les enfrentaba y perseguía, infundiéndoles miedo en sus corazones, los hacía perder toda hombría, pues era el dios Tezcatlipoca, que se burlaba de los hombres”.

La aparición del Yohualtepuztli siempre acontecía en parajes solitarios durante la noche, una forma de distinguir su presencia, era el escuchar el sonido de un hacha golpear un tronco, que era el movimiento de la puertecilla que tenía en su pecho, algunos enloquecían ante semejante visión, pero otros audaces, podían obtener grandes favores si le hacían frente.

“Quienes le hacían frente, debían agarrar su corazón, atravesando la abertura de su pecho, el fantasma vencido, entonces cumplía la voluntad del vencedor, los cuales pedían alguna merced, riqueza o el obtener cautivos para la guerra, pero a otros, les daba desgracias y penas, puesto que Tezcatlipoca es el dios que da y quita a los hombres”.

Si el Yohualtepuztli era vencido, el vencedor podía pedir riquezas, las cuales eran simbolizadas por espinas de maguey, pero si era uno lo suficientemente atrevido, le arrancaba el corazón, lo envolvía en una prenda suya y se iba corriendo, para después llegar a su hogar y dormir sobre el corazón aun palpitante, si a la mañana siguiente, desenvolvía la prenda donde había atrapado el corazón y encontraba piedras de jade, obsidiana y pluma preciosa, era señal de buenaventura y prosperidad.

Pero ha de aquel infeliz, que solo encontrará ropajes sucios e inmundicia, porque desde ese día, hasta el final de sus días, solo habría malaventura y miseria, y cuando muriese, sería el esclavo del Hacha Eterna para toda la eternidad.

Fuente: Planet of Aztecz

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