lunes, 11 de enero de 2016

Silencio y sabiduría de los Olmecas

El origen de la cultura olmeca se pierde en el tiempo y es difícil ubicarlo en forma precisa. Sus aportaciones, en cambio, están presentes en las culturas que les precedieron. Entre otras contribuciones se les atribuye haber manejado el cero y la matemática inicial en sus cálculos y mediciones; también parecen ser los creadores del calendario que después perfeccionaron otras civilizaciones; sus ciudades están orientadas al cosmos y parecen haber estado perfectamente integradas al medio ambiente en que se desarrollaron, y con ellos se inicia el culto al jaguar y a la serpiente.



Desde el punto de vista de la Tradición se considera que la cultura olmeca está centrada en un instrumento de los cuatro fundamentales que tienen los seres humanos para alcanzar una elevada espiritualidad: el instrumento del silencio. Según la historia sagrada, estos cuatro elementos se encuentran representados en las cuatro principales civilizaciones de nuestro país: el silencio olmeca, la sabiduría maya, el amor zapoteca y el osar de los aztecas. De la cultura maya y zapoteca ya hemos tenido oportunidad de hablar anteriormente.

La necesidad de guardar silencio, la necesidad de establecer contacto con lo sagrado y la necesidad de regir la vida desde ahí. El vivir dentro de las normas más elevadas de conducta y lograr una síntesis del pasado serían las características generales de la cultura olmeca.

Para la Tradición, el silencio es lograr el acallar el ego, acallar las pasiones, acallar las emociones negativas y hacer un vacío interior que permita escuchar la voz de lo sagrado, la voz del universo resonando dentro de nosotros. Cuando el hombre y la mujer logran acallar su ego, escuchan la voz de lo sagrado en su interior que les dice lo que tienen que hacer.

Las Cabezas Olmecas son el símbolo más importante de la cultura olmeca. Estos portentosos monumentos nos están mostrando “un algo” que no hemos podido entender o apreciar. Si las observamos detenidamente podemos percibir cómo en su expresión, son una clara representación del “silencio” que podemos alcanzar los seres humanos. Todas estas cabezas están labradas en roca volcánica y se dice que la mayoría fueron encontradas mirando al Este, el punto cardinal por donde sale el sol, tan importante en las culturas prehispánicas.

Según la historia sagrada, las Cabezas Olmecas son esculturas que están manifestando cada una diferentes formas de percibir el cosmos y una diferente forma de adquirir sabiduría a través del silencio. Los guardianes de la tradición olmeca nos dicen que los seres humanos normalmente no percibimos, sino nada más vemos superficialmente las cosas. Esto es, no nos conectamos con ellas, hemos perdido la capacidad de lograr extraer la sabiduría de cualquier objeto. Si está hecho por la mano del hombre, cualquier objeto está manifestando las características de una época, de una mentalidad, de una cultura, de una forma de ser. De la misma manera, cualquier objeto de la naturaleza hace lo mismo, está reflejando toda la necesidad de adaptación de ese animal, de esa planta.

En ese sentido, las Cabezas Olmecas contienen una gran cantidad de información, de conocimiento y de sabiduría que entenderemos cuando logremos recuperar nuestra capacidad de ver con toda profundidad a través del silencio.

Actualmente, vivimos en un mundo sumamente acelerado, ruidoso, con un sinfín de distracciones que efectivamente nos hacen ver las cosas superficialmente, sin detenernos a reflexionar. Incluso ahora la manera de relacionarnos es rápida, expedita, de prisa, con sólo apretar un botón. Creo que si intentáramos recuperar un poco la propuesta olmeca de guardar silencio para observar, para percibir, para entender el porqué de todo lo que nos rodea, nos llevaríamos gratísimas sorpresas. El silencio es una gran medicina, es el mejor camino para llegar a la verdad, a nuestra verdad.

Fuente: Planet of Aztecz

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