martes, 13 de octubre de 2015

Encomiendas y encomendados





Siempre escuché y leí en muchas ocasiones en diversos ámbitos, sobre las encomiendas, y lo que significaban, que se trataban de un instrumento de la corona de España, para esclavizar y someter a los indios, naturales de las tierras de América, al trabajo más servil y oprobioso en post de una rentabilidad extraordinaria en beneficio personal del encomendero y de la corona por supuesto, y que la mita era otra institución por la cual se permitía que el indio esclavizado en la encomienda sirviera en beneficio directo de las ciudades españolas y las iglesias, llegó a tal grado que la sola mención de esos términos, implica el peor sojuzgamiento y exterminio de los naturales.



Absolutamente nada mas alejado de la realidad, en cuanto a las instituciones referidas, el significado de las mismas, y el resultado real de ellas en nuestra tierra.
Como aclaración previa debo decir que todo lo que a continuación se expresa se refiere a San Miguel de Tucumán y su jurisdicción, por lo que están excluidas las ciudades de Salta, Santiago del estero, Córdoba y Catamarca, con sus respectivas jurisdicciones.



Cuando se repartieron las primeras encomiendas entre los conquistadores, podemos observar que estos en la mayoría de los casos eran hombres muy ricos, con ejercito propio que mantenían a su costa; y como ejemplo de su riqueza, podemos poner las dotes que daban por el casamiento de sus hijas y la fortuna que los yernos ponían a disposición de la novia; bien, estas pequeñas fortunas no salían del trabajo de los indios del Tucumán que en los primeros años en toda su extensión generaba muy pocas riquezas, las que apenas alcanzaban para la subsistencia de indios y españoles. Estos Señores, tenían otras encomiendas allá en el Perú, Ciudad de la Plata, además de minas de oro y plata en Potosí, de allí extraían sus riquezas; estas encomiendas y minas, quedaron para algunos de sus hijos radicados allí, poco a poco se desanudaron los lazos de parentesco con los que quedaron en estas tierras, y como síntoma de ello podemos observar el cambio en las dotes, que no solo disminuyeron en cuantía, también se suprimieron en las dichas dotes las monedas de oro.



Una forma de ganar estipendio que tenían algunos encomenderos que hacían viajes a Potosí era vender los indios que llevaban con destino a las minas; esta práctica se terminó totalmente durante la gobernación de Juan Ramírez de Velazco, en su gestión prohibió expresamente tal negocio, y orden ó que todos los indios que quedaron en las minas de Potosí fueran restituidos a sus lugares de origen, para lo cual envió un representante, resultado de lo cual se rescataron 200 naturales; además y para prever que dicha práctica no continuara gravó con una cantidad de dinero importante al encomendero por cada indio que le acompañaba en sus viajes, la cual era superior al beneficio de la venta del indio; al volver el encomendero con el indio le restituían el dinero abonado.



Otra forma no permitida que se daba en todas la ciudades menos en San Miguel y su jurisdicción, fue la del servicio personal; esto quedo suspendido en los primeros años del siglo XVII, con la venida del Oidor Alfaro, quien prohibió todos los servicios personales de los encomendados a los encomenderos, además de otras prácticas.



Con el objeto de evitar la explotación que se hacía del trabajo del indio Alfaro suprimió la relación del encomendero con su encomendado, lo cual dio como resultado que los naturales dejaran los poblados, se internaran en los campos, volviendo a las viejas prácticas, lo que redundó en desmedro de la educación del indio, y entre otras cosas de la alimentación de los mimos y de los propios españoles, pues no había quien trabaje los campos, razón por la cual, se llegó a un acuerdo por el cual el encomendero debía pagar al indio por su trabajo, ya sea en la encomienda como en la mita.



Antes de pasar a los ejemplos de encomiendas en San Miguel de Tucumán y su zona de influencia, dejaremos en claro el significado de la encomienda.



Esta institución permitió a la corona, una serie de beneficios en orden al poblamiento incruento (si incruento) de estas tierras:



- Enseñar las verdades de la Fe Católica a todos los naturales



- Habiendo aceptado libremente la sujeción al Rey de España, incorporarlos como súbditos, con los mismos derechos que los españoles.



- Enseñarles buenas costumbres en orden a la vida en común.



- Ordenarlos en la vida en comunidad, con razones de gobierno, justicia y respeto a los demás.



- Enseñarles las prácticas agropecuarias: sembrar la tierra, y cuidar los ganados mayores y menores.



- Enseñarles otros oficios útiles, que les sirvan de provecho para su bienestar, y mantenimiento.



- Toda relación que tuvieren los españoles con los naturales, debía ser en la lengua de ellos; cabe acotar que al español le resultó sumamente dificultoso la lengua cacan, que se hablaba en los valles. Tanto los Diaguitas como los Calchaquies hablaban la misma; por lo que lo españoles introdujeron en el vulgo la le lengua Quechua, antes hablada únicamente por los señores de la tierra.
Todo esto en el supuesto, presupuesto y práctica de lo siguiente:
- Las palabras: encomienda, encomendero, encomendado, provienen del verbo encomendar: pedir a una persona que se encargue de algo o de alguien – poner algo o alguien bajo la protección de alguien.



- Cuando un español recibía una encomienda, lo que en verdad recibía era la obligación de enseñar a dicho pueblo por medio un sacerdote doctrinero las verdades de la Fe Católica; al Doctrinero había que pagarle para su manutención. Proteger al dicho pueblo de los ataques de otros naturales que estaban en guerra. Enseñarles las buenas costumbres, de civilidad, gobierno justicia y policía; (a propósito de esto cabría la crítica de una aculturación que privaba a los naturales de su cultura ancestral; nada mas lejos de la realidad, de lo que se les privaba era de prácticas que los mismos tenían insertas en su modus vivendi, como por ejemplo (y doy este único para no distraer) al morir un hombre, su mujer debía permanecer al lado del cadáver mientras se descomponía totalmente, limpiando con sus manos los gusanos, y untándose la cara con los exudados, cuando el cadáver terminaba su putrefacción y se secaba la mujer juntaba todos los huesos en una vasija y los llevaba donde quiera que vaya, durante todo este proceso la mujer no podía levantarse nada más que para sus necesidades mas imperiosas. Prácticas como esta y otras por el estilo, los españoles trataron de cambiar con sus enseñanzas de buenas costumbres. 



Los naturales de la llanura eran nómades, vivían de la recolección y de la caza, los españoles trataban de enseñarles a vivir sedentariamente. 
- El dominio de la tierra pertenecía en exclusividad al pueblo de los encomendados. Esto lo tenía muy en claro todavía a fines del siglo XVII el capitán Juan Núñez de Ávila, quien en su testamento menciona a sus encomendados, y en ningún momento se refiere a las tierras de la encomienda, pues queda tácitamente aclarado que eran del dominio de los encomendados. 
- Las encomiendas eran dadas por el Rey durante una vida (aproximadamente 5 o 7 años) en una segunda vida en caso de otorgarla al mismo encomendero o a su descendencia podía ser por dos vidas.



- El español para acceder a la encomienda debía exponer sus méritos (que no debían ser menores) en servicio del rey y los de sus antepasados, además de certificar su casamiento con hija de beneméritos y tener descendencia con la misma.



- El trabajo del indio en la encomienda debía ser remunerado.



- Los Curacas y sus hijos no debían trabajar.



Cabe destacar que en San Miguel de Tucumán y toda su jurisdicción hubo durante los siglos XVI, XVII, y XVIII entre 1000 y 3000 indios encomendados, y no todos de servicio, esto último hace referencia a los pueblos que estaban en guerra, y a los que sus encomenderos eran los mismos curacas. Con tres mil indios de encomienda la población de naturales en lo que sería estrictamente San Miguel y su jurisdicción se la estimaba en alrededor de 15.000. 
N/ aunque no puse ninguna referencia en este escrito, todo lo que antecede tiene una fundamentación debidamente documentada, por lo que si alguien esta interesado en algún punto en especial, solo tiene que solicitar la fuente, con el mayor gusto la expondré.


Fuente: Juan Bautista García Posse

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