martes, 22 de septiembre de 2015

Batalla de Curupaití 22 de setiembre de 1866

"...MORIR POR LA PATRIA ES DARLE A NUESTRO NOMBRE UN BRILLO QUE NADA BORRARÁ..."

Se cumplen hoy 149 años de la "Batalla de Curupaytí", acaecida durante la Guerra de la Triple Alianza, o mejor llamada, de la Triple Infamia.

No es una Batalla Sanmartiniana, pero aún así, creemos que debe ser recordada.
Guerra inútil la del Paraguay. Fratricida. En la que tres países, diezmaron a todo un pueblo. 
No analizaremos los porque de ésta contienda, porque son muchos y muy variados. SIno que recordaremos a los olvidados, a los "culpables", que en definitiva no tenían la culpa de nada...
Para poder diezmar al pueblo paraguayo fue necesaria la utilización de fuerzas armadas. Soldados. Hombres que en muchos casos fueron reclutados a la fuerza, a punta de bayoneta obligados a ir al frente de combate, porque sabían, y entendían que era una guerra fratricida.

Sin embargo, una vez dentro de las tropas del Ejército Argentino, cumplieron con su deber. Obedecieron órdenes, muchas veces injustas, pero no titubearon en llevarlas a cabo. Aunque les fuera la vida en cumplirlas.

Los culpables de tan doloroso derramamiento de sangre fueron los líderes nacionales de cada uno de los países de la Alianza, con Bartolomé Mitre a la cabeza. Líderes que empujaron a una guerra insana a las juventudes de la América del Sur. Ellos son los responsables. No los soldados que solamente siguieron su bandera...

Hace 149 años morían en los fangales que rodeaban la fortaleza CUATRO MIL ARGENTINOS, sí, 4.000!!! La flor de nuestra juventud era enviada a una picadora de carne que significó el asalto suicida a la fortificación paraguaya, gracias a la impericia y necedad de Don Bartolo.
¿Tuvieron alguna culpa esos cuatro mil inmolados argentinos? ¿O la única culpa que tuvieron fue la de "seguir constantemente su bandera hasta perder la vida"?
Ellos sólo tuvieron una opción: la de seguir órdenes... 
Los culpables fueron los que impartieron esas órdenes...

Es por eso que quisieramos recordar a esos miles de compatriotas que murieron en un día como hoy, de hace 149 años, que siguieron a su celeste y blanca, aunque se les fuera la vida en ello.
Y como ejemplo de la abnegación de aquella juventud argentina, recordaremos a un joven capitán que fue herido frente a las murallas de Curupaytí. Lo recordaremos en una carta que le escribió a su madre, la misma mañana del día en donde la muerte lo besó. Morirá unos días después a causa de las heridas recibidas ese día.

"22 de septiembre de 1866.

Querida Madre:
La guerra es un juego de azar. La suerte puede sonreír o abandonar al que se expone al plomo enemigo. Lo que a uno lo sostiene es el pensamiento del mañana: la ambición de un destino brillante. Esta ambición y la santa misión de defender a mi patria, me da una fe inquebrantable en mí y en el camino que he tomado. ¿Qué es la fe? No puedo explicarlo, pero me basta con tenerla. Y si el presentimiento de que no caeré en combate es sólo una ilusión que me permite tener coraje y cumplir con mi deber, te pido madre que no sientas mi pérdida hasta el punto de dejarte vencer por el dolor. Morir por la patria es darle a nuestro nombre un brillo que nada borrará, y no hay mujer más digna que aquella que, con heroica resignación, envió a la batalla al hijo de sus entrañas. Las madres argentinas transmitirán a las generaciones venideras el legado de nuestro sacrificio. Pero dejemos aquí estas líneas, que esta carta empieza a parecer una carta póstuma.

Hoy es 22 de de septiembre de 1866. Son las diez de la mañana. Las balas de grueso calibre estallan sobre el batallón. ¡Adiós madre mía!"

Carta escrita por el Capitán de 21 años, Domingo Fidel Sarmiento, caído heroicamente en "Curupaytí".
¡Gloria y Honor a su Sagrada Memoria

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