martes, 30 de junio de 2015

Penurias Revolucionarias

MANUEL BELGRANO Y BERNABÉ ARÁOZ (ENCUENTROS Y DESENCUENTROS ENTRE DOS BALUARTES DE LA REVOLUCIÓN AMERICANA) Parte I.

Entre los años 1816 y 1817 el gobernador Bernabé Aráoz tuvo que encausar todos los recursos provinciales para atender la costosa atención al Ejército del Norte, que había sido acantonado en Tucumán en su totalidad y a la Fábrica de Fusiles que funcionaba al este de la ciudad. 

En La ciudad Arribeña (1920), el historiador Julio P. Ávila transcribe el contenido de oficios que remitía el gobernador de Tucumán, al poder central, en 1816. Ellos testimonian la dramática situación económica de la provincia. 

El 3 de octubre de ese año, por ejemplo, Aráoz decía que no le era posible pagar el préstamo de 10.000 pesos de José María Orueta al general Pueyrredon, cuando este era jefe del Ejército del Norte, para la marcha a Jujuy. "El Ejército absorbe enormes sumas; ya no tengo más recursos, ni con qué contar que los muy exiguos de la provincia, hecha un esqueleto, terminados todos sus haberes y producciones a un solo fin, que ha sido la salvación del país. El empréstito que se había dispuesto, no ha podido llenar los distintos objetos de su inversión, sujeto a este solo ramo. Por eso y porque el tesoro público se halla en nulidad, juzgo dificultoso en estas cajas aquel pago. A pesar de todo, no dejaría de arbitrar todos los medios que caben, en lo posible, para cumplir las órdenes de pagar." El 26 de octubre, reiteraba la imposibilidad del pago a Orueta, a quien se debía aún 9.000 pesos. No quisiera decirlo, pero V.E. es testigo del estado de pobreza en que han caído este pueblo y sus hombres. También considero a V.E. en igual caso de necesidad, por los ingentes gastos que demanda la salvación del país. El interesado clama por el reintegro de su crédito y yo no puedo aliviarlo .

BELGRANO NUEVAMENTE AL FRENTE DEL EJÉRCITO:

Otra situación vino a sacudir la modorra provinciana. Nuevamente Manuel Belgrano se haría cargo del Ejército del Norte y el Congreso de inmediato lo designó “Capitán General” de la provincia, en sesión del 13 de Agosto de 1816. Con ello comenzó a gestarse un conflicto de poderes ya que, al no estar definidas las competencias entre el gobernador de Tucumán y la antigua figura jurídica de “Capitán…” que le asignaron al general porteño, los desencuentros lógicamente comenzaron a manifestarse.

La cuestión era muy clara, Belgrano naturalmente buscaba canalizar los exiguos recursos provinciales en la atención del ejército que comandaba y Aráoz por su parte priorizaba los reclamos de los vecinos, extenuados por tener que soportar el peso de la carga de mantener durante tanto tiempo las tropas acampadas a las puertas de su ciudad.

La tirantez entre Belgrano y Aráoz apenas se disimulaba. El primero exigía prioridad a la atención de las tropas, a las que había que alimentar, vestir y pagar; el segundo debía gestionar pobreza para mantener mínimamente una administración de gobierno. Consta que de su propio peculio encaró la obra del canal que trajo el agua desde el Manantial al centro de la ciudad de San Miguel. Una obra costosa pero a estas alturas de la historia de la ciudad, imprescindible. También comenzó a empedrar las calles, por entonces un colchón de tierra en invierno y un lodazal en verano, mejorar la iluminación de las calles y atender la salud de la población. 

Pero eran otras las cuestiones que apuraban al general Belgrano quién reclamaba incansablemente se diera prioridad a la atención de las tropas a su mando. Tan es así que el 20 de septiembre envió una nota al Director Supremo donde hacía conocer su queja y malestar contra el gobernador Aráoz a quién acusa de privarle de los auxilios con que debiera contar. Incluso llega a amenazar que se veía en la precisión de retirar el Ejército, sino se tomaba la providencia de separar a dicho gobernador. Claro que la respuesta de Bernabé Aráoz no se hizo esperar. En su nota al Director informaba que su negativa de a suministrar el jefe del Ejército se debía al estado ruinoso de la economía de la provincia, también manifestaba que sólo a él como gobernador le cabía la responsabilidad de la distribución del tesoro público, no reconociendo otro jefe que el Director. Advertía, eso sí, que estaba listo para franquear a la Caja Militar todos los fondos que se pidieran. 



Estos sucesos enturbiaron las relaciones entre ellos y es lógico que así ocurriera ya que las esferas de su mando no estaban delimitadas. Asimismo la larga permanencia del ejército en Tucumán se hacía ya insostenible para la población. 

Las asperezas continuaron con el pago del sueldo a los oficiales y temas de como debían conducirse los escasos recursos de los que se disponía.

En el mes de Febrero de 1817 el Congreso celebró su última reunión en Tucumán y se trasladó a Buenos Aires, lo que contribuyó a dar oxígeno económico al gobernador Aráoz.

El 6 de octubre de 1817 don Bernabé terminó su período como gobernador, muy desgastado ya por tantos años de manejar la cosa pública apelando a medidas extremas.

El propio general Manuel Belgrano, dejando atrás desencuentros, en un emotivo discurso hizo su elogio en elevados términos cuando entregó Aráoz el gobierno de la provincia a su sucesor el coronel de milicias de Catamarca Feliciano de la Mota Botello; en presencia de los magistrados de la ciudad Belgrano manifestó: "Doy las gracias por mí y a nombre de la nación al gobernador saliente por los distinguidos servicios que ha dispensado al ejército auxiliar y por el empeño, actividad y celo con que ha sabio sostener el orden, la subordinación y respeto a las autoridades constituidas en las más tristes y apuradas circunstancias de verse el país amenazado por ejércitos enemigos y por las interiores oscilaciones, que sin vulnerar el orden de la provincia del Tucumán llegaron a tocar sus límites, por lo que recomiendo al señor gobernador entrante este mérito que lo hace digno de las mayores consideraciones". 

Seguidamente se tomó juramento a su reemplazante el coronel Feliciano de la Mota Botello. 
Hombre de confianza de Belgrano, el nuevo gobernador sumió a los ya atribulados comerciantes y hacendados de la provincia en una pesadilla de impuestos y exacciones al giro comercial que pronto lo volvieron sumamente impopular.

Bernabé Aráoz por su parte se retiró a la vida privada y a rehacer sus intereses económicos descuidados en tantos años de luchas y trajinar en el gobierno de su provincia.
Llevaba consigo la satisfacción de haber dejado sus mejores esfuerzos por la Patria que nacía y un dejo de amargura por el desagradecimiento de muchos y las críticas groseras de otros.
Se le acusa de no haber apoyado de manera aún más eficaz la lucha por la independencia, sin pensar que administraba una provincia totalmente arruinada por tantos años de soportar prácticamente en soledad las cargas económicas que significaba alimentar, vestir y pagar sueldos a un ejército que en cantidad llegó a significar más de la mitad de la población total de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Para la época eran más de 2.500 hombres y animales apostados en La Ciudadela.
Aráoz no podía seguir exigiendo más sacrificios al puñado de vecinos de la ciudad y de la campaña, quienes además eran sus parientes y amigos, sus paisanos de toda la vida y que venían a diario a expresarle que hacían ingentes esfuerzos por sobrevivir ellos mismos. Con ese extraño sinsabor se retiró a su estancia de Monteros, los siguientes dos años se alejó totalmente de la cosa pública y evitó entrometerse en política.

Autor: José María Posse

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