viernes, 5 de junio de 2015

Acta de Fundación de San Miguel de Tucumán

Representación de la Fundación de
San Miguel de Tucumán
Transcripción del Acta de Fundación de San Miguel de Tucumán en el viejo sitio de Ibatín el 31 de mayo de 1565.

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, y de la Virgen gloriosa Santa María, su venditísima Madre, y del Apóstol Santiago, luz y espexo de las Españas, y de San Pedro y San Pablo y del bienaventural Arcángel San Miguel; el muy magnífico señor capitán Diego de Villarroel ponía e puso un palo e picota en un hoyo que había mandado hacer para el dicho efecto, en el cual fué hincado y puesto en alto según y como se acostumbra hacer en todas las demás ciudades que ansí se pueblan, a donde dixo y señaló fuese la plaza de la ciudad y que en el dicho rollo y picota se executase justicia públicamente de todos los malhechores; y después de haber puesto el dicho rollo y picota el dicho señor capitán Diego de Villarroel dixo en nombre de Dios Nuestro Señor y de su Magestad del rey don Felipe, segundo deste nombre, primero emperador del Nuevo Mundo de las Indias, y del muy ilustre Francisco de Aguirre, gobernador y capitán general destas provincias de Tucumán, Juríes y Diaguitas por su Magestad, poblaba y pobló en este asiento en lengua de los naturales llamado Ybatín esta ciudad a la cual ponía e puso nombre de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión y así dixo que se llamase desde hoy adelante y que la Iglesia Mayor desta ciudad se nombrase y fuese la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación; lo cual todo así fecho dixo que mandaba e mandó que ninguna persona, de cualquier estado e condición que sea, sea osado a quitar el dicho rollo e picota de donde quedaba puesto y asentado, pena de muerte e perdimiento de todos sus bienes para la Cámara de su Magestad; lo cual fué pregonado públicamente por voz de Francisco mulato en treinta y un día del mes de Mayo de mil y quinietos e sesenta y cinco años; testigos que fueron presentes, Juan Núñez de Guevara, Pedro de Villalba, Bartolomé Hernández, Diego de Zabala.- Y el dicho señor capitán Diego de Villarroel, y lo firmó de su nombre, - Diego
Croquis del Antiguo San Miguel de Tucumán
de Villarroel. – Pasó ante mi, Cristóbal de Valdés, escribano público e cabildo. – E luego incontinenti, el dicho señor capitán Diego de Villarroel dixo que para el sustento de la ciudad de San Miguel que nuevamente poblada era menester nombrar Justicia e Regimiento para que la rigiese y gobernase según y como se rigen los demás pueblos e ciudades pobladas en nombre de su Magestad, e para el dicho efecto mandó parecer ante si a Pedro de Villalba y a Juan Núñez de Guevara a los cuales y a cada uno de ellos dió y entregó sendas varas de justicia con cruz encima y dixo que él en nombre de su Magestad les nombraba e nombró por alcaldes ordinarios desta ciudad por este presente año para que executasen la Justicia real, de los cuales y de cada uno de ellos recibió juramento sobre la señal de la cruz donde cada uno de ellos puso su mano derecha, el cual les fué tomado en forma de derecho, e quien bien y fielmente usarían y execerían los tales oficios guardando justicia a las partes y que no serían parciales ni llevarían cohechos, en conclusión del cual dixeron si juro y amén; y firmáronlo de sus nombres . – Y así mismo el dicho señor capitán Diego de Villarroel dixo que nombraba y nombró por regidores desta ciudad de San Miguel a Antonio Berru y Diego de Saldaña y Bartolomé Hernández, Francisco Diaz Picón, Pedro de Lorique y Diego de Vera, e por procurador, Alonso Martín del Arroyo: a los cuales y a cada uno de ellos fué recibido juramento sobre la señal de la cruz y en forma de derecho que usarían los tales oficios de regidores. Y el dicho Alonso Martín del Arroyo por procurador; y firmáronlo de sus nombres. – Pedro de Villalba. – Juan Núñez de Guevara. – Antón Berru. – Diego de Saldaña. – Bartolomé Hernández. – Francisco Díaz Picón. – Pedro Lorique. – Diego de Vera. – Alonso Martín del Arroyo. – Pasó ante mi, Cristóbal de Valdés, escribano público y de cabildo.

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