miércoles, 15 de abril de 2015

La población americana en 1492 - Parte II


En cuanto a los Incas, fundado el Imperio alrededor del año 1200, corresponde al gobierno de Pachacútec la mayor cantidad de anexiones; de pueblos sometidos por la fuerza a su poder. Desde Cuzco, extendieron los incas sus tentáculos imperialistas invadiendo y sometiendo a los pueblos del norte, sur, este y oeste. Así sometieron, entre otros, a los huancas, tarmas, cajamarcas, cañaris, collas y lupacas, obligándolos luego a pagar altísimos tributos. Naturalmente, ante la asfixia a la que eran sometidos por los incas, ocurrieron numerosas sublevaciones contra este poder imperial despótico, que, a su vez, los incas reprimieron sanguinariamente. El Inca Garcilaso de la Vega, desde sus Comentarios Reales de los Incas, da cuenta detallada de varias de las guerras que libraron sus antecesores con el fin de someter y anexar distintos pueblos. Dice sobre las guerras entre Purumaucas e Incas: 
"El segundo y tercer día pelearon con la misma crueldad y pertinacia; los unos por la libertad y los otros por la honra". 


Sobre la conquista de chachapuya, dice: 
"El Inca los quiso obligar a someterse, y estos respondieron resueltamente que ellos estaban apercibidos por las armas y para morir en la defensa de su libertad: que el Inca hiciese lo que quisiese, que ellos no querían ser sus vasallos. Oída la respuesta se empezó la guerra, cruel por ambas partes, con muchas muertes y heridos". 



Garcilaso, tan propenso a concesiones hacia el pueblo de sus raíces, justifica la política incaica de conquista y sometimiento de pueblos, por considerar a los incas una raza y cultura superior al resto. Con respecto a las provincias del norte de Chinchasuy, dice que se trataban de "provincias que contienen en sí muchas naciones desunidas y que se hacían guerra cruel unos a otros". Sobre la conquista de la región de Tumipampa, habla muy despectivamente de su gente, diciendo que eran: " (...) de gente muy rústica, ni señores ni gobierno ni otra policía alguna, sin ley ni religión. Cada uno adoraba por dios lo que se le antojaba, otros muchos no sabían lo que era adorar, y así vivían como bestias sueltas y derramadas por los campos. Con los cuales se trabajó más en doctrinarlos y reducirlos a la urbanidad y policía que en sujetarlos. Enseñárosles a hacer de vestir y calzar, y a cultivar la tierra, sacando acequias y haciendo andenes para fertilizarla". Sobre los pueblos de las provincias de Pastu y Quillacenca, dijo que eran "viles, y sucios y bestias". En la primera parte de sus "Comentarios Reales sobre los Incas", menciona muchos otros casos de cruentísimas y despiadadas guerras internas y externas entre pueblos y culturas anteriores a la regencia de los Incas, aunque en estos casos, según él, se trató de guerras "inútiles" entre pueblos igual de bárbaros y salvajes". 



Cualquier excusa era válida a los incas para justificar su desmedido expansionismo y someter a otros pueblos; a veces era la religión, la superstición, las diferencias culturales, la falta de orden, o lo que fuese. Así, comenta de otras tribus que habitaban la región: " (...) unos indios había mejores que bestias mansas y otros mucho peores que bestias bravas", criticando a la vez la calidad y gran cantidad de dioses que adoraban: "no había animal tan vil ni sucio que no lo tuviesen por dios", aunque aclara luego que había otros que adoraban cosas más "razonables". 



Por cierto que, como hemos dicho, no escapaban los Incas a las intrigas internas ni a las luchas dinásticas. Recordado es el caso de Huáscar, coronado emperador en 1525, tomado prisionero, torturado y muerto por su hermano Atahualpa, quien se consideraba el legítimo heredero del trono del fallecido Ninan Cuyuch -su padre-. Todo esto precedido por sangrientas batallas entre tropas cuzqueñas y quiteñas, leales a uno y otro bando respectivamente; una auténtica guerra civil. 



También hemos mencionado el caso de los mayas, de quienes Salcedo Flores dice: "los 16 estados de Yucatán combatían incesantemente entre sí por diferencias de fronteras y por honores de linaje". También fue frecuente en Teotihuacán, invadida y destruída en el año 800. Otro tanto sucedió con el estado militarista y expansionist de Tiahuanacu, en la zona andina, colapsando hacia el año 1150. La ciudad de Tula sufre igual destino en el siglo XII, invadida y sometida por los chichimecas que utilizaban hábilmente el arco y la flecha, mientras los vencidos no conocían esa arma; basando su defensa en los denominados lanza dardos. 

El mexicano Portilla cita a este propósito la crónica de aquel suceso, tomado de los Anales de Cuauhtitlan: 
"Cuando los chichimecas irrumpieron, los guiaba Mixcóatl. Los 400 mixcoas vinieron a salir por las nueve colinas, por las nueve llanuras". 



Preguntados varios caciques de la región de Nicaragua por qué habían decidido sus abuelos abandonar sus antiguas tierras, respondieron: 
" (...) aquellos sus amos los tenían para esto -arar, sembrar y servir- y los comían, y por eso dejaron sus casas de miedo y vinieron a esta tierra de Nicaragua; y aquellos amos habían allí ido de otras tierras, y los tenían avasallados porque eran muchos y de esta causa dejaron su tierra y se vinieron a aquella donde estaban".

Fuentes:

1) 1492 el Fin de la Barbarie y el Comienzo de la Civilización de Cristián Rodrigo Iturralde
2) Las Culturas Precolombinas de Henri Lehmann
3) The Pollitically Incorrect to westers guide civilization de Antony Esolen
4) Aztecas un pueblo de guerreros de Alfonso Joede Gussinyer
5) Cometarios Reales de los Incas de Inca Garsilazo de la Vega
6) De Teotihuacan a los Aztecas de Miguel León Portilla
7) Historia Antigua de México de Francisco Clavijero
8) La Civilización Azteca de George Vaillante
9) Antiguas Culturas Mexicanas de Walter Krickerberg
10) Relaciones de Texcoco y de la Nueva España de Pomar Zurita
11) Historia de la Nación Chichimeca de Fernando Alva Cortés Ixtlixóchitl
12) La Población Indígena y el Mestizaje en América de Ángel Rosanblat

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