jueves, 13 de noviembre de 2014

Bernabé Aráoz en la jura de la Bandera

Don Bernabé Aráoz
( Días previos a la Batalla de Salta)
El 13 de enero de 1813 empezó a moverse, desde Tucumán y en forma escalonada el Ejército del Norte, con 3.000 hombres dispuestos a caer sobre Tristán en Salta. Primero partió el regimiento de Cazadores, luego todos los de Infantería y por último la caballería de los Dragones, así como las milicias tucumanas que mandaba Bernabé Aráoz.

Antes de salir, Belgrano había hecho rezar funerales por los caídos el 24 de septiembre. Cada oficial y cada soldado recibió, asimismo, uno de los escapularios de La Merced enviados por las religiosas de Buenos Aires. "Vinieron a ser -dice Bartolomé Mitre- una divisa de guerra en la campaña que iba a abrirse".

Campaña que tenía ya un buen auspicio, con el triunfo del general José Rondeau en el Cerrito de Montevideo, el 31 de diciembre de 1812. Y muy pronto tendría otro, con la pequeña pero contundente victoria del coronel José de San Martín sobre los realistas, el 3 de febrero, en las barrancas de San Lorenzo, sobre el Paraná.

La fuerza arribó al río Pasaje. Estaba crecido, pero pudieron cruzarlo en "dos o tres días de maniobras", dice Gregorio Aráoz de la Madrid en sus memorias. Narra que con ese fin, "se construyeron balsas, dos botes o grandes canoas y se colocó una gran cuerda por una y otra banda del río, asegurada por grandes maderas que se fijaron al efecto". Según corrige el realista Mendizábal, el cruce demandó ocho días. De cualquier manera, atravesó las torrentosas aguas del río el Ejército de Norte, con todos sus soldados, sus caballos, sus 10 piezas de artillería y sus 50 carretas, sin que apareciera un solo explorador de Tristán en sus inmediaciones.

Juramento en el Pasaje 

Cumplido el cruce, el 13 de febrero de 1813 (es decir, hace dos siglos), Belgrano dispuso realizar, sobre la margen norte, la ceremonia de juramento a la Asamblea General Constituyente, que el 31 de enero se había instalado, con toda solemnidad, en Buenos Aires.


La tropa formó en cuadro y, tras una corta alocución, se leyó la circular del Triunvirato que ordenaba jurar obediencia a la Asamblea como órgano supremo. Acto seguido, el mayor general Díaz Vélez se presentó trayendo la bandera celeste y blanca, seguido por una escolta y al son de tambores.
Esto porque Belgrano había resuelto aprovechar la ocasión para que, simultáneamente, se jurase tanto la obediencia a la Asamblea como a esa bandera que el Gobierno le había obligado a esconder cuando la creó, y que él reservaba para "una gran victoria". Había sido "gran victoria" la de Tucumán, y estaba seguro de que el nuevo gobierno no lo desautorizaría esta vez.

Desenvainando su espada, el general prestó el juramento; lo tomó luego a los jefes de cuerpo -a los cuales se incorporó, recién llegado de Buenos Aires, el coronel Martín Rodríguez- y finalmente a la tropa, que respondió con un cerrado "Sí, juro". Luego, narra Mitre, "colocando su espada horizontalmente sobre el asta de la bandera, desfilaron sucesivamente todos los soldados y besaron, uno por uno, aquella cruz militar, sellando con su beso el juramento que acababan de prestar".

Paz recordaba que, dado lo largo del trámite, Belgrano fue reemplazado en el sostén de la espada, primero por Rodríguez y luego por otros oficiales superiores. Al terminar el acto, el general hizo grabar con un escoplo, sobre el gran árbol que se alzaba en la margen, la inscripción "Río del Juramento". Fue el nombre que desde entonces reemplazó al antiguo de Pasaje.


Fuente: Dr. José María Posse - Tucumanos en la Batalla de Tucumán. Tucumán 2012.-

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