miércoles, 8 de octubre de 2014

El 8 de octubre: Bicentenario de la Autonomía de Tucumán

Bernebé Aráoz
La historiografía comarcana no ha interpretado en su cabal dimensión que, la autonomía alcanzada por Tucumán el 8 de Octubre de 1814, se debió sólo al reconocimiento de la actuación de sus ciudadanos durante la Batalla de Tucumán y al aporte de los mismos en la posterior Batalla de Salta.
Coincido en que, efectivamente, esos hechos fueron determinantes, pero estos no fueron exclusivos. Correspondían a un plan mucho más ambicioso: el que pergeñaba José de San Martín y que sin duda alguna fue consultado con Manuel Belgrano, los meses que se trataron personalmente en su estancia en Tucumán, desde Febrero a Mayo de 1814, donde coincidieron sus destinos.

San Martín tenía claro que Tucumán era un bastión natural de la Revolución Americana. Para los realistas la sola mención de las jornadas de septiembre de 1812 los llenaba de dudas y temores. 

¿Cómo se podía perder una batalla en esas circunstancias? Un ejército poderoso de 3500 hombres, armados, regimentados y perfectamente adiestrados para la guerra, contra una turba de 1700 gauchos
armados de lanzas precarias, con una rudimentaria instrucción militar. Sin embargo, esos hombres curtidos demostraron una ferocidad inaudita cuando de defender su tierra se trataba.

Estaba claro que el respeto ganado en batalla les daba a los tucumanos un sitial preponderante en el plano estratégico continental. Sobre ello San Martín basaba su plan: el Norte Argentino era esencial para plasmar sus tácticas de guerra. Confiaba en la probada destreza del campesino norteño acostumbrado a lidiar con el espeso monte, que había que “pechar” con los guardamontes; que había que dominar con coraje y determinación pues era allí donde se guarecía el puma. Donde anidaba
el cóndor. Donde se forjaban los hombres y mujeres fuertes, templados en la adversidad que nos darían la Patria.

Gral. Manuel Belgrano

Tucumán entonces debía convertirse en el límite septentrional de la Revolución, como lo manifestaba Manuel Belgrano. Era allí donde debían ser detenidos una y mil veces los avances españoles…si Tucumán caía, el corazón del país quedaba a merced de la furia vengativa de los realistas.

La frontera Norte debía mantenerse “caliente”, la guerra de guerrillas se hacía entonces esencial. Se debía contar con una “plaza fuerte” y además con grupos guerrilleros que hostilizaran a las tropas realistas que amenazaban ingresar por el actual territorio boliviano. Tucumán nutriría asimismo de combatientes, armamentos y vituallas a los gauchos de Jujuy y Salta, quienes conformarían la primera línea de batalla.


TUCUMÁN PROVINCIA AUTÓNOMA


San Martín y Belgrano se afanaron entonces en la construcción de una fortaleza próxima al Campo de las Carreras, a la que luego los tucumanos llamarían“Ciudadela”. Allí se apostarían tropas en permanente adiestramiento. La idea se centraba en impedir que se conociera el número total de los soldados apostados allí. Se conoce que para tomar una fortifi cación se requieren al menos cinco veces más hombres que los que la defienden. Jamás los españoles supieron a ciencia cierta cuantos reclutas había en su interior. El general Paz relata en sus memorias que cada mañana salía un grupo de soldados marchando con un número de regimiento en el estandarte al que supuestamente pertenecían. Esos mismos hombres regresaban al anochecer, disfrazados de paisanos e ingresaban a escondidas en la fortificación ya a oscuras. A la mañana siguiente, volvían a marchar, con otro número diferente de regimiento. Los espías españoles no podían así calcular el número aproximado
de tropas apostadas. Sus informes hablaban de una cantidad muy superior a la real.

Para que Tucumán pudiera efectivamente constituirse en la plaza fuerte que la revolución requería, necesitaba imperiosamente ser autónoma de Salta, de quién hasta entonces dependía. 

La vecina provincia tenía en su clase dirigente a demasiados simpatizantes del Rey, quienes creaban recelos e inquinas permanentes. Por tanto no eran confiables para los líderes revolucionarios. Así mismo su capital era continuamente asediada por los realistas que tomaban por las armas su ciudad cabecera, para luego ser repelidos en una contradanza mortal.

Claramente San Miguel de Tucumán debía fortalecerse. No sólo en el orden militar sino también institucionalmente, actuando con independiencia de las decisiones del cabildo salteño. Las urgencias debían ser atendidas con la inmediatez que el caso requiriese. 

Fortalecida Tucumán, esta debía ser comandada por un líder cívico y militar probado, de prestigio y ascendencia social. Ese hombre providencial fue sin duda alguna Bernabé Aráoz, a quién tanto Belgrano como San Martín no dejaron nunca de reconocer, a pesar incluso de algunas disensiones posteriores.

Fue Aráoz y su poderosa familia de comerciantes y hacendados, quienes convencieron a Manuel Belgrano a presentar batalla en Tucumán, en Septiembre de 1812. Ellos aportaron hombres, bastimentos y armas que fueron determinantes para vencer en una batalla imposible. También contribuyeron y marcharon en Febrero de 1813 a Salta, donde combatieron valientemente contra las fuerzas españolas que fueron batidas el 20 ese mes y expulsadas defi nitivamente del actual territorio argentino.

Fue este el motivo por el que Bernabé Aráoz estaba llamado a convertirse en el primer gobernador de la provincia autónoma. No había en Tucumán un hombre de talla superior. Su patriotismo y compromiso con la causa independista eran innegables.

Quedaba asimismo la determinación acerca de quién sería el hombre fuerte en Salta y Jujuy. Fue entonces cuando el genio militar de José de San Martín se fijó en un salteño que no había tomado parte de las batallas de Tucumán y Salta, pues había sido enviado castigado por Belgrano a Buenos Aires por faltas de conducta… Ese hombre, también providencial, fue Martín Miguel de Güemes. 
Güemes ya había demostrado su valor durante las invasiones inglesas, siendo un joven militar por entonces. Luego, durante la primera campaña al Alto Perú, quedó envuelto en el pandemonio que fue la retirada del ejército abatido durante aquella desastrosa campaña.

Belgrano al tomar a su cargo esas tropas, puso férrea disciplina y castigó la más mínima falta. El salteño, quién andaba en amores con una mujer casada, fue sancionado y enviado primero a Santiago del Estero y luego a Buenos Aires, al reincidir en su falta…pero San Martín, en la ciudad portuaria había advertido el innato don de mando y la ascendencia de Güemes sobre los gauchos de tierras
adentro. Entonces le encomendó la difícil tarea de conformar escuadrones de paisanos para hostilizar a las tropas realistas apostadas en la frontera norte.

La idea era desgastarlos con ataques sorpresa, nunca confrontarlos en batallas campales. Incendiar sus vituallas, capturar sus ofi ciales, distraer sus tropas, desorganizándolas. Aquellos montes espesos debían convertirse en el colchón donde se amortiguaría cualquier impulso invasor. 

Martín Miguel de Güemes cumplió cabalmente el cometido de su jefe, convirtiéndose en un engranaje importante del plan sanmartiniano. 

Así las cosas, Aráoz desde Tucumán y Güemes desde Salta, consumaron a rajatabla la tarea encomendada, convirtiéndose en baluartes revolucionarios que la posteridad juzgó de manera muy distinta.

En las batallas de Tucumán y Salta las fuerzas revolucionarias habían afianzado los territorios del actual Noroeste Argentino; pero la situación en el Alto Perú, la actual Bolivia, era muy diferente. Las ideas liberales no habían echado raíces en el pueblo llano, que desconfi aba de esos generales “porteños” quienes habían cometido todo tipo de excesos durante la primera campaña del Ejército del Norte. 

Los desastres de Vilcapugio en octubre de 1813 y Ayohuma en noviembre del mismo año, descalabraron las posibilidades de penetrar desde el norte hasta el corazón mismo de la dominación española.

Nuevamente la frontera norte estaba en llamas y Salta era amenazada por un poderoso ejército español. Tan expuesta había quedado esa provincia, que el nuevo Gobernador Intendente de Salta del Tucumán, Francisco Fernández de La Cruz, debió asumir su cargo ante el cabildo de la ciudad de San Miguel de Tucumán.

Incluso, cuando éste dejó sus funciones, Bernabé Aráoz su reemplazante, juró ante el cabildo tucumano, puesto que la ciudad de Salta y su jurisdicción estaban controladas por el Ejército Realista. Por dos veces consecutivas, el gobernador debía asumir ante un cabildo extraño a la sede de la gobernación.

A estas alturas resultaba indispensable reestructurar la administración de gobierno de tan extensas jurisdicciones. La realidad de la guerra hacía imperiosa la necesidad de sentar una plaza fuerte, no sólo en lo militar, sino también en lo institucional.

Manuel Belgrano y José de San Martín influyeron mucho en la designación de Aráoz como primer gobernador de Tucumán. Lo que refuerza la idea que era “el hombre elegido” por ellos en Tucumán. En carta al Director Gervasio Antonio de Posadas, fechada el 2 de Marzo de 2014 San Martín escribía: “… don Bernabé Aráoz, sujeto el más honrado y el más completo que se conoce en toda la provincia.” 

Por entonces la fortifi cación de la Ciudadela comenzaba a ser operativa y se convertía en un serio peligro para los realistas apostados en el norte. Se había echado a correr la versión que un poderoso ejército se preparaba en Tucumán para arremeter definitivamente sobre el Alto Perú. Para ello, en la visión castrense de San Martín y práctica de Belgrano, no había mejor candidato que Aráoz. Un hombre probado en la guerra, caudillo popular, hábil político y efi caz administrador. Es por ello que refresca su anterior carta del 23 de Febrero de ese año a Posadas, donde San Martín le manifiesta: “Aráoz es un sujeto que me atrevo a asegurar no se encuentran diez en América que reúnan más virtudes…” Estos conceptos fueron decisivos para su nombramiento. 

El Director Posadas finalmente dicta el Decreto de fecha 8 de Octubre de 1814 que crea la Provincia del Tucumán, desmembrando definitivamente la jurisdicción de Salta, por entonces bajo el poder realista. Santiago del Estero y Catamarca quedaron asimismo bajo la jurisdicción de Tucumán, con asiento de gobierno en la ciudad de San Miguel.

Coincido y hago mías las palabras del Dr. Félix Alberto Montilla Zavalía al respecto: “Sin lugar a dudas el argumento de mayor trascendencia para crear Tucumán era facilitar la administración de un territorio de frontera que permitiera una eficaz contención a las tropas realistas, y así garantizar que la jurisdicción virreinal del Perú no siga extendiéndose hasta el centro de las Provincias del Río de la Plata.”

Finalmente, el 14 de Noviembre de 1814, el Director Posadas designó Gobernador Intendente de la Provincia del Tucumán al coronel de dragones Bernabé Aráoz, quién tomó su juramento de rigor el 1º de diciembre del mismo año ante el cabildo provincial.

Con el tiempo Tucumán adquiriría un estatus político, económico y cultural único en las Provincias del Norte. La Industria Azucarera Tucumana se convirtió en el eje económico gravitacional de la región. Asimismo la Universidad Nacional de Tucumán fue el foco de irradiación de educación superior, un modelo a seguir.

Grandes hombres, forjadores de nuestra nacionalidad fueron tucumanos, desde
siempre al servicio del engrandecimiento de la Patria.

Autor: Dr. José María Posse

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