viernes, 19 de septiembre de 2014

Tiempo de Morir

De reacción rápida, Belgrano decidido a aprovechar el factor sorpresa ordenó que el ala derecha de su caballería (compuesta por más de cuatrocientos hombres de los “Decididos” de Tucumán), y de Dragones comandada por Balcarce, atacara de inmediato.


La atropellada de los gauchos, quienes salían sorpresivamente por imperceptibles senderos del monte circundante dando de alaridos y haciendo sonar los guardamontes, fue mortal. El ímpetu de la carga puso en fuga la caballería de Tarija y desbarató la de Arequipa, que custodiaba los bagajes. Batallones enteros se perdieron en la confusión, siendo lanceados sin piedad por esa turba enloquecida que penetró hasta las cercanías mismas del Estado Mayor de Pío Tristán.

Los realistas huyeron dejando atrás una enorme cantidad de bastimentos, cañones, armas y municiones. Incluso el tesoro del ejército y hasta el coche personal del general.

De inmediato los milicianos gauchos se obstinaron a saquear metódicamente todo lo que pudieron, por lo cual esta tropa terminó perdiéndose para el resto de la acción, aunque desde los montes cercanos se dedicaron a cazar todo grupo disperso de realistas, como lo relata José María Paz en su mencionado libro .

Mientras, avanzaban disparando los cuadros de infantería de Belgrano, a tiempo que el barón de Holmberg hacía tronar los cañones. Unida esta acción a la eficacia de la artillería derecha y a la de la infantería de Carlos Forest, habían logrado desarmar y hacer retirar a toda el ala izquierda enemiga, en total desorden hacia el puente de El Manantial.

En el centro, las cosas también se mostraban felices en un primer momento para los patriotas. El único peligro estaba en que parte de la infantería realista, al avanzar resueltamente, puso en apuros a Ignacio Warnes, quién capitaneaba las milicias de infantes, pero pronto la reserva, a cargo del intrépido Manuel Dorrego, acudió en su auxilio. La hueste de Tristán comenzó entonces a ceder terreno, desamparada como estaba por la derrota de la caballería del ala derecha.



Impensadamente, aquella columna que el general Pío Tristán había desprendido para bloquear por el sur, volvió para participar en el combate: cómodamente desplegada, acudió en apoyo del ala izquierda realista, que había logrado desorganizar a la caballería patriota de José Bernaldes Palledo, que tenía a su frente. 

No debemos olvidar que los partidarios del rey eran profesionales y con los refuerzos, pronto rearmaron sus cuadros, quienes acudían al toque de los clarines y a la voz de mando de sus jefes, en formación a cada regimiento al que pertenecían. La sorpresa había pasado. La hora de la verdad se acercaba, ya que sincronizadamente comenzaron a encolumnarse en una formación conocida como “martillo” para rodear y neutralizar la infantería patriota. 

El ímpetu inicial se paró en seco y las tropas de Belgrano, -comenzando por los bisoños-, retrocedieron desordenadamente en medio de aquel escenario humeante, regado por la sangre de griegos y troyanos. 

Esto creó un desbande general, lo que motivó que Belgrano, poniendo en riesgo de su vida se corriera él mismo para tratar de reordenar el caos circundante, lo que en parte consiguió. Desde la derecha, galopó hacia esa crítica izquierda para mandar que cargaran, pero cuando llegó, los soldados ya estaban en tumultuosa retirada. No pudo contenerlos y el ímpetu arrastró al general hacia el sur, sacándolo del campo de batalla, la que creyó perdida .

Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

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