martes, 16 de septiembre de 2014

Nubes de sangre al amanecer

Al amanecer del jueves 24 de septiembre de 1812, los realistas se ponen en marcha en perfecta formación. Pero cuando empiezan a moverse desde Los Nogales, el incendio de los pajonales de la Puerta Grande -artimaña armada por una partida del joven oficial criollo Gregorio Aráoz de La Madrid- obliga a Tristán a torcer y tomar el Camino del Perú. Ya para entonces sabe perfectamente que Manuel Belgrano está en la ciudad, a la que ha fortificado . 

En el puente de El Manantial, despachó un batallón hacia el sur para cortar una eventual retirada patriota, con ello encerraba definitivamente a Belgrano. Luego, cruzó el puente y con el grueso de la fuerza rumbeó a la ciudad, con el pensamiento que el general criollo buscaría una solución parlamentaria. En sí, nunca creyó que entraría prontamente en combate.

Cuando los exploradores informaron a Belgrano que Tristán iba a entrar por el oeste, movió sus fuerzas para esperarlo allí, en el llamado Campo de las Carreras. Para defender la ciudad, dejó dos compañías de infantes y las piezas de artillería más pesada. La idea, era dar batalla, y según los resultados, resguardarse en la ciudad en caso de un revés militar. No olvidemos que el general porteño había peleado durante las invasiones inglesas y conocía muy bien la manera más eficaz de combatir desde una urbe en pie de guerra. Conocía del valor que nace en los hombres, al tener que defender el hogar amenazado por fuerzas beligerantes. Es entonces cuando los actos de mayor arrojo y valentía pueden arrancarse, cuando la entrega a un objetivo derriba cualquier límite autoimpuesto. Cada día que pasaba, el general se convencía más que aquella ciudad de valientes, haría pagar caro la vida de sus habitantes. Decididos como estaban, aquellos pacíficos comerciantes, artesanos y agricultores, se convertían en centauros.

Llegado al lugar donde se desarrollaría la batalla, Belgrano dispuso la caballería en ambos flancos y en la primera línea, los infantes al frente, formados en tres columnas. En cada uno de los claros dejados por infantes y jinetes, emplazó una pieza de artillería y una fracción de caballería. 
Así comenzó a desplegarse la línea del Ejército, que ocupaba una decena de cuadras. Una punta llegaba hasta el actual convento de Las Esclavas, y la otra hasta Los Vázquez, en el paraje conocido hasta mediados del siglo XX, como Quema de basuras. 

A mediodía del 24 de septiembre, día de la Patrona de Tucumán: La Virgen de la Merced, los patriotas esperaron en formación en las puertas mismas de la ciudad el ingreso del Ejército del Rey.
El Campo de las Carreras era un sector despejado hacia el oeste de San Miguel, de unos cuatrocientos metros de largo, por unos treinta de ancho. Allí se corrían carreras cuadreras, la gran diversión de los tucumanos de entonces. Hacia el suroeste, estaba la Cancha de las Carreras, que era un descampado aún mayor. Allí fue donde las acciones se hicieron más cruentas . Lo rodeaban espesos bosques de árboles y arbustos, flora típica de la zona que impedían la visión, lo que fue aprovechado por Belgrano para esconder el grueso de su caballería gaucha.

Mientras, la infantería Patria se encolumnaba en perfecta formación con las baterías del Barón Von Holmberg que había construido su prestigio en Europa, secundado por un jovencito José María Paz, que dejó en sus Memorias un excelente relato de la batalla, por ser testigo y partícipe de los hechos. 
Los otros capitanes del ejército patriota eran muchachos jóvenes. Valerosos como voluntariosos, por ahora rescato entre tantos los nombres de los tucumanos: Alejandro y Felipe Heredia, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Diego Aráoz y un hijo de tucumana (también de sangre de los Aráoz) Eustaquio Díaz Vélez.

Ese grupo heterogéneo vio ingresar en la mañana una compacta columna de soldados, seguramente polvorientos, pero en perfecta sincronía con el deber ser de una tropa en marcha. Con los cañones aún sobre las mulas y las armas descargadas, fueron virtualmente sorprendidos en un callejón de tiro al blanco por los patriotas.

Fuente: José María Posse. del libro "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

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