miércoles, 25 de diciembre de 2013

Parte III: La Estancia Jesuítica de San Ignacio de la Cocha: desestructuración de su unidad productiva luego de la expulsión.

III. Estructuración de la estancia de  San Ignacio de la Cocha
La Estancia de San Ignacio pertenecía al colegio de Santiago del Estero, por lo que dependía en lo eclesiástico de esa ciudad y en lo civil, pertenecía a la jurisdicción de San Miguel de Tucumán.
La Estancia de San Ignacio era el sostén económico del colegio jesuítico de Santiago del Estero, y sus límites eran al norte el río Marapa; por el sur ingresaba al territorio de Catamarca (sierra del Alto) y a Santiago del Estero; el límite al oeste eran las cumbres del Aconquija; y el límite este era el territorio de Santiago del Estero (sierra de Humaya).
La Estancia de San Ignacio, tenía como centro el casco homónimo, y poseía además, estanzuelas, puestos y potreros que eran parcelas agregadas al casco principal.
En los inventarios, en 1767, figura el nombre de las siguientes parcelas pertenecientes a San Ignacio:
1)    Estancia de Gualcoma: distante del casco tres leguas.
2)    Tierras de Quimilpa: distante del casco seis leguas.
3)    Estancia de Cochuna: distancia del Casco dieciséis. Leguas: ubicada en la sierra del Valle de Catamarca.
4)    Sobras de las tierras de Alipilan.
5)    Tierras de Glapachin o Llapachin.
6)    Estancia de San Ignacio.
7)    Puesto de la invernada: ubicado sobre el río Marapa, sobre la parte del monte.
8)    San Francisco o Guacra.
9)    El Rosario.
10) San Antonio.
11) Potrerillo
12) Pozo Doña de Luisa
Todas las tierras estaban comprendidas en el recinto de la estancia de San Ignacio salvo Cochuna.
Producción de las Parcelas que componían la estancia de San Ignacio.
            La estancia de San Ignacio comprendía parcelas que se especializaban en producción de ganadería vacuna y en menor medida mulas. Las estancias jesuíticas, por lo general tenían como objetivo fundamental el auto- abastecimiento del consumo de colegios, dependencias y de las estancias mismas, pero, también producían un excedente que era colocado en un mercado local y o regional.
            La cría de yeguas era realizada en la estancia de Gualcoma y en los puestos de El Rosario y San Antonio.
            La invernada de mulas era realizada en San Francisco y Quimilpa donde también se desarrollaba la bollada o marca del ganado.
            Había particulares que entregaban a los padres procuradores de San Ignacio, el ganado para su invernada, a través de contratos que suponían una ganancia para la estancia.
El ganado vacuno era criado y/o engordado en los potreros o puestos como el de la Invernada, Monte Redondo, San Francisco, Quimilpa y el Potrerillo.
            El ganado (vacuno y mulas) era transportado a través de arrias desde los lugares donde se reproducía (Santa Fé, Córdoba, Buenos Aires) hasta los potreros donde se los ubicaba para cría y engorde.
            En las estancias el ganado (vacuno) era utilizado para el consumo del personal de los establecimientos, y en el caso de San Ignacio, los cueros eran curtidos y luego trabajados en la lomillerìa o talabartería del casco. Gran parte de las mulas y las vacas de la estancia eran conducidas a  Salta (La Tablada), donde en las ferias era vendida a comerciantes que las trasladaban a el Alto Perú (Chuquisaca y Potosí), ya que, “…a pesar de la disminución de la producción de plata de Potosí, el nivel más bajo fue en 1730, el Alto Perú seguía generando en la región una demanda muy importante de ganado vacuno y mulas.
Además del ganado vacuno y las mulas había en los potreros y puestos de San Ignacio, yeguas, caballos, y burros , ya que seguramente se realizaba la reproducción de equinos por la cantidad de yeguas existentes (2056), caballos (330) y burros (169).
Los bueyes existentes (100) indicaba la inserción de la estancia en un mercado que necesitaba animales para el transporte en carretas, estos  podrían haber equipado una caravana de 25 carretas. Se infiere que, por la existencias de carretas, San Ignacio podrían haber transportado su producción excedente de manufacturas en cuero y madera a San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero
La cantidad de ovejas (300) indican el uso de estos animales en la producción de lana, la que seguramente era colocado en un mercado externo, propio de un clima más gélido, que demandaba del producto.
Por las obligaciones a favor de la estancia, se infiere que las misma estaba inserta en un mercado local muy modesto, que compraba ganado y productos manufacturados, producido en el casco, los cuales eran pagados a la Compañìa de Jesùs, en insumos necesarios para el funcionamiento de los talleres existentes en el casco, principalmente algodón. También se realizaban ventas al contado que era pagadas en plata metálica, generalmente estas ventas eran efectuadas por sumas importantes de dinero y fuera de la localidad de la estancia (Santa Fé, Salta, Córdoba).
Los puestos y potreros que integraban San Ignacio tenían capataces, uno por puesto y generalmente eran esclavos, también había peones conchabados los que cobraban en metálico, en promedio, un cuarto del salario, el resto era pagado con productos que se fabricaban en el casco de la estancia (harina, suelas, frenos, sombreros, lienzo de algodón, etc.). Menos de la mitad del personal de los potreros y puestos eran esclavos, el resto eran personal libre.(ver cuadro 1)

Hacia finales de la administración de la estancia de San Ignacio por parte de Pedro López de Urmendía (1784) los puestos quedaron sin el ganado vacuno, luego de las ventas realizadas, la gran parte del ganado existente fue
la torada, y novillada de la hacienda, que tenía. Además se vendió gran parte de la mano de obra esclava que atendía los puestos y potreros, el ganado quedó alzado, y sin poderse contar. El personal que quedó a cargo, era gente conchabada sin el conocimiento del terreno de serranías y quebradas extensas y muy boscosas. (ver cuadro 2)


Una importante compra de ganado vacuno, la realizó en 1774 un importante vecino de San Miguel de Tucumán, Vicente Escobar, presidente de la Junta Municipal de Temporalidades de esa ciudad, quien compró en un remate de la  Junta  Municipal de  Temporalidades de Santiago de Estero, 1500 vacunos que fueron pagados en tres partes: una parte (491 pesos) pagado al momento de la operación, las otras dos partes (736 pesos y 1127 pesos) una por año.

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